Juan Carrá : “Quería empoderar a una mujer en el género negro”

Ambientada en una sórdida ciudad marítima argentina, la novela “Lloran mientras mueren” trabaja con varios elementos clásicos del género negro como abuso de poder, corrupción, venganza pero cambia el eje a partir de la aparición de una asesina que primero funciona como “femme fatale” pero después va revelando sus ambigüedades.
Juan Carrá es autor de las novelas “Criminis causa” y “Lima, un sábado más”. En diálogo con Télam, habló sobre su nueva novela, publicada por editorial Vestales.
– Télam: ¿Cuál fue el origen de esta novela?
– Carrá: Stephen King dice que una historia nace del cruce de dos ideas que aparentemente no tienen nada que ver. En la génesis de este libro hay algo de eso. Quizás son tres. Por un lado, las ganas de poner el foco en la clase media con pretensiones para poder contar el delito en ese estrato social. La idea de la venganza, la justicia por mano propia. Por otro lado, por entonces leí la crónica “Tres tristes tazas de té”, de Leila Guerriero, que trata sobre Yiya Murano. El texto arranca con la frase: “Lloran mientras mueren. Los envenenados con cianuro, lloran mientras mueren”. Entonces supe que quería usar esa imagen poéticamente trágica para el proyecto que estaba pensando. Así apareció la idea de una asesina con características de femme fatale. Me parecía interesante empoderar a una mujer en una novela negra. Una tercera idea que aparecía era poder contar en la novela la impunidad. Y hacerlo poniendo el foco en los titiriteros del poder. Así surge la idea de una posible venganza contra los responsables de cajonear una causa judicial. Todo eso junto fue armando la trama de esta novela que se completa con un acercamiento al género clásico con la aparición de un investigador, que en este caso es un periodista.
– T: Desde el principio, la trama se mete de lleno en la corrupción, la impunidad y lo sucio del poder: ¿Cómo trabajaste con esos elementos sin caer en el lugar común?
– C: La posibilidad de caer en lugares comunes en el género negro es constante. En este caso, la trama de poder que propongo es, quizás, de las más verosímiles para la Argentina contemporánea. La Justicia, la Iglesia y el poder mediático como una especie de triunvirato que prefigura la moral de una sociedad cerrada, tradicionalista, como puede ser la de una ciudad chica, me permitía poder construir un universo lo suficientemente negro como para que Ámbar, la asesina, pudiera desplegarse sin romper el verosímil.
Por otro lado, me gusta jugar con la idea de los personajes que rompen con la idea binaria del bien y el mal. Los que en apariencia son buenos no siempre lo son tanto, y con los “malos” pasa lo mismo. Ahora, volviendo a la pregunta, no siempre hay que escaparle al lugar común, quizás hay que ver cuándo son necesarios y en todo caso darles una vuelta de rosca narrativa.

Si los medios callan.
– T: Por cierta desolación que la caracteriza, Mar del Plata parece un lugar ideal para trabajar con lo sórdido: ¿Era el escenario que necesitabas para la narración?
– C: Era el escenario que tenía a mano al momento de escribir la novela. Y es bueno decir que los escritores manipulamos lo real para construir nuestras ficciones. Las características especiales de una ciudad portuaria -por lo tanto con una historia prostibularia muy específica-, sumado al Casino, la cárcel, el mar, la desolación invernal como contraste de las luces y el calor de la temporada y sobre todo la idea de una ciudad en la que los sectores de poder -empresarios, justicia y “fuerzas vivas”- están tan entrelazadas ayuda mucho a pensar escenarios sórdidos. Sin embargo mi idea fue que la ciudad no apareciera nombrada para proponer la posibilidad de que esa ciudad ficcional pueda ser cualquiera.
– T: “Si los medios callan el problema, el problema desaparece”, le dice un personaje a otro al comienzo del libro, apuntando a una problemática que nos atraviesa cotidianamente: ¿Cómo fue el trabajo entre realidad y ficción?
– C: El vínculo entre realidad y ficción para novelas que se encuadran dentro del género negro es ineludible. Ahora, desde que me animé a escribir ficción intento despojarme de la pluma periodística para poder construir un narrador claramente ficcional. Es clave el vínculo con la realidad para construir el verosímil, para que la trama cierre y no tenga agujeros en un género que se plantea dentro del realismo. También, el género nos permite pensar la sociedad de una manera más global. Pero no me interesa eso de adaptar en términos de ficción una historia real. Para contar historias reales, en todo caso, prefiero anclar en el periodismo y pedirle prestadas herramientas a la literatura para construir un buen texto.

Kike, Chanler y Oyola.
– T: Si bien la historia aborda temas actuales, hay cierta respiración que trae a la memoria al primer Walsh: ¿Su obra fue parte de tu proceso creativo? ¿Qué autores del género negro te formaron?
– C: Walsh es un referente ineludible en mi formación periodística y por lo tanto siempre se cuela. Por supuesto no es algo buscado, pero uno escribe lo que lee. Me gusta pensarme -sin pretensiones- en un árbol genealógico de la novela negra policial argentina en tranquilamente puede estar Walsh como Roberto Arlt, por más que no haya sido un escritor de género puro y duro. También lo pienso a Soriano, a Tiziani, a Raúl Argemí, Convertini, Molfino, Kike Ferrari y el mejor entre los mejores, Leonardo Oyola. Por supuesto que también soy lector de los clásicos. Chandler y Hammet son pilares del género, pero creo que mi obra juega mejor con la gauchesca que con la novela negra clásica. Muchos de los autores que nombro vienen del periodismo y eso nos cruza, nos formatea de una manera muy especial dentro de la literatura. Somos ante todo obreros de la palabra y hemos decidido traer desde el margen para poner en foco a los actores sociales que la noticia deja afuera. Por otro lado es ineludible hablar entre mis influencias como escritor el vínculo con mi generación de escritores marplatenses: Fernando Del Río, Sebastián Chilano, Javier Chiabrando, Mauro De’angeli.

– T: ¿Considerás que la novela negra siempre se actualiza porque interpela el corazón de la sociedad?
– C: Creo que la novela negra policial ha ido mutando y hoy es muy difícil separar la paja del trigo. Hay quienes dicen que es el género por excelencia para contar las desigualdades del capitalismo y yo creo que en ese sentido es inagotable. Y que en todo caso va mutando y poniendo en foco las formas del delito que emergen en cada región. Si uno piensa en la novela negra mexicana, definitivamente es el narcotráfico el eje de sus conflictos. En la Argentina, desde hace unos años la idea del western urbano permite poner en juego desde bandas de piratas del asfalto hasta policías corruptos pasando por pibes chorros, secuestradores y otras expresiones propias de la posdictadura. Hoy la trata de personas y la violencia de género empieza a aparecer como eje de muchas historias. Como decíamos antes, es la realidad la que nos da la posibilidad de contar nuestras historias, pero a través de universos ficcionales en los que, muchas veces, queda más en relieve el conflicto. (Télam)

Compartir