Julia y el misterio de aferrarse a la vida

Nació prematura con 870 gramos y llegó a pesar 730. Después de dos meses internada en el Lucio Molas, Julia está sana junto a su familia en un departamento de Villa Alonso. La historia de una beba y las personas que la sacaron adelante.
El tercer embarazo de Dana Carrizo (25) fue el más complicado. El verano estaba por terminar cuando los médicos le anunciaron que tenía una fisura en la bolsa amniótica: si no se quedaba quieta podía dar a luz en cualquier momento a un bebé obviamente prematuro. “Estoy de cinco meses, es todo muy rápido”, pensó, “ni siquiera sé cómo se va a llamar”. Para no correr riegos la internaron de urgencia.
En una cama del hospital Lucio Molas, sin poder moverse, Dana pensó en sus padres -él peón de campo, ella ama de casa-. Pensó en Macachín, el pueblo que dejó hace 6 años para instalarse en Santa Rosa. Pensó en Román, su hijo que ya tiene 7 años y que está al cuidado de sus abuelos y en Catalina, su hija de 3 que quedaría por unos días al resguardo de Santiago, el hermano futbolista que juega en la primera de Belgrano. Después, pensó en sí misma, en que no podía hacer más nada que esperar. Miró a los lados y se dio cuenta que estaba sola con un embarazo casi insostenible.
Tres semanas después, con 26 semanas de gestación, el 19 de abril, Dana tuvo a una de las criaturas más pequeñas que nacieron en La Pampa: la llamó Julia, pesó 890 gramos. Fue un parto rápido del que solo recuerda un breve lapso, algo que le pareció un llanto. Las enfermeras le dirían más tarde que era una buena señal. Desde ese momento, Dana y Julia, estuvieron separadas durante dos meses.

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Intensiva.
La Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) es solo una parte del Servicio de Neonatología del Hospital Lucio Molas adonde van a parar los bebés prematuros que no alcanzan los 28 días de vida. Es una sala bien iluminada del primer piso por donde pasan cada año entre 150 y 180 bebés de los casi 1.700 que nacen en la provincia. No solo se atienden pampeanos: por ser una maternidad del tipo 3B, también llegan neonatos de Córdoba, San Luis y Buenos Aires.
El lugar -extremo limpio, extremo insonoro, naturalmente cálido- bien podría ser escenario de las series norteamericanas que pasan por televisión, del tipo ER Emergencias o Doctor House. Todo brilla, huele a desodorante. Hoy, 6 de julio de 2016, no sobra lugar en una sola de las 12 incubadoras disponibles. Las máquinas que cuestan como un auto cero kilómetro permanecen tapadas con frazaditas de colores que impiden la invasión de luz. Las incubadoras son eso: simuladores del vientre materno, una sala de perfeccionamiento físico, el paso previo para enfrentar el mundo exterior.
Creada en 1999 por Carlota Blain, una médica cordobesa que es jefa de Neonatología, la UCIN trabaja bajo una modalidad centrada en la familia. La entrada para los padres es irrestricta durante las 24 horas.
“Carlota es la creadora de todo esto, una mujer muy luchadora y con capacidad de gestión que ha sabido conformar un gran equipo. Eso es lo más importante”, dice Daniela Díaz Gabellota, jefa de los enfermeros de la UCIN, mientras muestra las instalaciones.

Una mujer en números.
Díaz Gabellota tiene 41 años, un hijo de 19 y una vida profesional a la que está conectada las 24 horas. Hace 17 que es enfermera y 6 desde que se convirtió en la jefa de enfermeros de la UCIN. Casi todos los días se levanta a las 5 de la mañana y regresa a su casa a las 4 de la tarde. El resto del tiempo tiene el celular prendido por cualquier urgencia.
“Los de Neonatología somos así, demasiados celosos y obsesivos con nuestros pacientes. Un error nuestro equivale a 10 errores en cualquiera de los otros servicios. Suministrarle más oxígeno del que necesita un bebé puede arruinarle la vida. Pocos saben que el oxígeno es una droga muy dañina. Hay que trabajar con mucho compromiso”, dice Gabellota.
-¿Sentís que los padres reconocen el trabajo?
-Sí, absolutamente. El mío y el de todo el equipo, porque uno no puede hacer nada de esto solo. Ellos ven que tratamos a los bebés como si fueran nuestros y no se equivocan, es realmente así. Pero nuestra tarea no se termina cuando el nene se va de acá. Hay muchas familias que necesitan cosas y ahí también estamos. Generalmente pedimos ayuda por Facebook y la gente que nos conoce responde.

Distancia.
“Es hermosa. Es hermosa. Es hermosa”. Enfundada de pies a cabeza en ropa de quirófano, la mujer repite la frase como un mantra, como si las dos palabras reforzaran lo que está viendo. Después pasa la mano a través del cristal y muy despacio toca a la manito. La manito es un puño cerrado que con un leve roce se abre como una flor y vuelve a cerrarse solo para atrapar, a medias, una falange. La mano, la manito, el cristal y una lágrima que brota y muere en el barbijo. Más allá, un padre primerizo da vueltas como un loco en derredor de la incubadora. Las enfermeras lo miran y le sonríen. Cada tanto se frena, pone los brazos en jarra, y mira con arrobo a la criatura. Después parece decir “qué bárbaro”. El momento en que un padre o una madre ven por primera vez a su hijo es una escena que se repite todo el tiempo en la UCIN, pero nunca es la misma.
“Lo importante acá es empoderar a los padres. Decirles ‘tocalo’ ‘hablale’ cuando están frente a la incubadora. El niño que tiene el afecto de los padres crece y sale adelante. Eso está comprobado científicamente, no lo digo yo. Para nosotros el paciente es como si fuera un hijo propio. Pero no hay que perder de vista que lo más importante es generar vínculos antes de que el niño y su familia se vayan del Hospital. Nunca hay que maltratar al padre. Uno tiene que entender, por sobre todas las cosas, que en la UCIN está lo más preciado que tienen y por más que se pongan nerviosos y hasta violentos en algunos casos, hay que escucharlos”, dice Díaz Gabellota.

Recurso humano.
En total 15 enfermeros, 8 médicos y profesionales de todas las especialidades pasan diariamente por la sala de las incubadoras. La relación entre cantidad de enfermeros y pacientes suele ser de 2 a 1, sin embargo hay niños que necesitan de cuidados exhaustivos y tienen un profesional las 24 horas solo para ellos.
“Tenemos una terapia montada con tecnología de Canadá, pero si no hay factor humano no sirve de nada. Hay que estar calificado y preparado para trabajar acá”, dice Díaz Gabellota.
En los últimos 15 años la neonatología avanzó tanto que las condiciones actuales para salvarle la vida a un prematuro son cada vez mayores. El desarrollo pulmonar es una de las cuestiones más importantes: años atrás, pensar en un niño de 27 semanas de gestación era una locura, hoy sobreviven bebés de apenas 25 semanas.

Un trabajo.
“Todos los días iba a verla pero siempre detrás del vidrio de la incubadora. A las dos semanas me dejaron tocarla. Era demasiado chiquita”, dice Dana Carrizo, dos meses después de haberse instalado en un departamento de Villa Alonso que hoy comparte con su hermano Santiago, Catalina y Julia.
En el peor momento, la beba llegó a pesar 730 gramos. Ahora pesa 2.150 y pasa la mayoría del tiempo acostadita en un moisés, mientras la pequeña Cata recorre como un torbellino todos los rincones de la casa. En dos meses, Julia volverá al hospital adonde van a operarla por una hernia inguinal. El cuerpo de un prematuro es así, una casita pequeña a la que hay que agrandarle los ambientes.
-¿Cómo fueron los días que estuviste en el hospital?
-Fueron difíciles pero también lindos. Hubo un día, antes de tener a Julia, que no me aguantaba más. No me podía mover y quería bañarme porque me sentía sucia. Una enfermera le preguntó al médico si me podía dar una ducha y le dijeron que no, que nada de moverme. Al rato vino ella, con una bolsita con champú, crema de enjuague, desodorante. Había ido a la farmacia a comprar esas cosas. Y me bañó acostada. No tenía porqué hacerlo, pero lo hizo. Yo siempre voy a estar agradecida por como se comportaron conmigo y con Julia. Mi beba se terminó de formar ahí.
-¿Y cómo sigue tu vida ahora?
-Más tranquila. Por suerte mis viejos me ayudan a pagar el alquiler. Yo antes de quedar embarazada trabajaba en la cocina y hacía limpieza. Pero ahora, por el tema de la beba tuve que dejar todo. Cuando mi situación se normalice quiero volver a trabajar. Eso necesito, que alguien me ayude con un trabajo.

La semana prematura.
Todos los noviembres, con motivo del Día Mundial del Niño Prematuro, el Servicio de Neonatología del Molas realiza actividades para crear conciencia sobre la temática. El evento más importante es la reunión de los prematuros, niños y adolescentes que pasaron por la UCIN que se juntan con los médicos y enfermeras que los atendieron durante sus primeros días de vida. Según la OMS cada año nacen 15 millones de bebés prematuros y mientras que 1,1 millones no logran sobrevivir.

 

Instantáneas de una mañana en la UCIN

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Enfermera – Daniela Díaz Gabellota no solo coordina a los enfermeros de la UCIN sino que también trabaja para hacer crecer el servicio. Actualmente espera que se apruebe en Diputados una ley para garantizar el traslado de neonatos con las condiciones propicias.

 

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Instrumental – En el nuevo Hospital de Alta Complejidad el área de Neonatología va a tener un lugar más amplio del actual. Sin embargo, el servicio que funciona actualmente en el Hospital Lucio Molas cuenta con tecnología de punta y un gran equipo humano.

 

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Irrestricto – El ingreso irrestricto a la UCIN es para los padres un alivio. Pueden entrar en cualquier momento para ver y acompañar a sus retoños en las incubadoras. Algunos bebés, como el caso de Julia, pasan varios meses internados allí.

 

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