La conmovedora historia del puma que lucha por su vida

Hace unos meses una cosechadora pasó por encima a dos cachorros de puma que estaban en un pozo. El hecho ocurrió en un campo de General Cabrera, provincia de Córdoba. Uno de ellos quedó mal herido y lucha por su vida.
Según consignó “La Voz del Interior”, Julio Leurino (42), ingeniero encargado de ese campo, y su mujer María Florencia Bertola (37), fueron testigo de lo sucedido y preocupados por lo que pasó hicieron guardia un par de días, hasta que constataron que la madre se llevó a uno de los dos cachorros pero no volvió por el otro.
El maquinista y el agrónomo lo advirtieron. Bajaron del rodado y los vieron: eran dos cachorros de puma muy asustados, que asomaban de adentro de un pozo.
Preocupados pero sin querer intervenir en sus vidas, Julio Leurino (42), el ingeniero encargado de ese campo, y su mujer María Florencia Bertola (37), comenzaron a “hacer guardia” para observar si la mamá iba a rescatarlos. Cada vez que podían, recorrían en su camioneta el lugar, rodeado de pastizales. Pero nada. Al tercer día decidieron acercarse: los caranchos sobrevolando la zona no eran buena señal.
Cuando empezaron a quitar la tierra, a pala y mano para no lastimarlos, se toparon con una sorpresa. Dentro de la cueva sólo había un pumita malherido. Al otro se lo habría llevado su mamá, en el mejor de los casos. O algún vecino para tenerlo de mascota, una alternativa menos deseada pero posible. A esa edad, un mes, los felinos son muy dependientes de su madre.
“Tenía las dos patitas traseras como trituradas, a una de sus manitas le faltaba un pedazo, y se le veía un tajo grande debajo de su mandíbula; su estado era terrible. Ahí empezó un proceso nuevo para nosotros”, cuenta la mujer. De inmediato, le pidió asesoramiento a su padre veterinario, quien los fue orientando. Consumía una leche para gatos huérfanos y alimento procesado mezclado con leche y vitaminas.
La pareja es oriunda de Santa Fe, pero está radicada en General Cabrera desde hace dos décadas. Estanislao, como lo bautizaron, era un bebé. “No tenía dientes, no caminaba, lloraba todo el día”, describe la mujer y abogada.
Estaba en brazos todo el día, se alimentaba con un gotero y dormía en la habitación del matrimonio, en una caja con bolsa de agua caliente, aunque después comenzó a hacerlo en la cama grande. Desde el primer momento, la familia tuvo en claro que la permanencia era temporaria. Lo curarían y devolverían al mejor lugar adonde pudiera estar.
“Llevó mucho tiempo que se pare y camine”, señala María Florencia. Durante tres meses vivió dentro de la casa, recuperándose de a poco. Con el paso de los días, los llantos por los dolores fueron cesando.
Decidieron mantenerlo en secreto, para evitar que la gente se interesara en visitarlo como si fuera una mascota.
“Estamos acostumbrados a verlos en el campo, es fantástico verlos sueltos. Pero sabíamos que Estanislao no iba a poder tener esa vida”, apunta Florencia.
Asegura que nunca supieron de alguna agresión de un puma al hombre, pero sí de gente que se los lleva como mascotas y al crecer se desprende de ellos. “Es una locura tenerlos encerrados”, opinó.
Desde reserva impulsan una campaña solidaria para reunir fondos para seguir relizando estudios y desarrollar las herramientas  para mejorar su calidad de vida. Se puede consultar en https://pumakawa.mitiendanube.com/productos/por-el-pumita-estanislao-monte/.

FOTO: GENTILEZA LA VOZ DEL INTERIOR