La experiencia de asistir al juicio de la Subzona 14

“Cuando (Rafael) Guardia contó su historia, lo que le pasaba a sus hijos por el sufrimiento y todo lo que vivió yo no aguanté y me puse a llorar”. Mayra tiene 18 años y reconoce que para ella la última dictadura cívico-militar es un hecho lejano que pasó hace tiempo y hoy conoce a través de libros, diarios y películas.
“Fue fuerte, nunca había ido a un juicio, y escuchar todo lo que padeció esa gente te impacta”, contó Ailén (17). “Ver a las víctimas y a pocos centímetros a sus victimarios es impresionante. Eso me llamó mucho la atención”, agregó Melina (18).
Las voces de las adolescentes se suman tímidamente. Después de escuchar testimonios de torturas y vejámenes les cuesta soltarse y contar sus sensaciones. La experiencia conmueve y la mayoría quiere volver a otras audiencias de una segunda parte de un juicio que marca en rojo la historia de la provincia.
Un juicio, el de la causa Subzona 14 II, que busca impartir justicia con lo sucedido hace más de 40 años, durante la represión ilegal que sacudió a la Argentina, y también a La Pampa, durante el periodo de 1976-1983 en el que rigió la última dictadura cívico-militar.
La semana pasada, la tercera desde que se inició el proceso oral y público en el Colegio de Abogados, se puso en marcha el programa “La Escuela va al Juicio de la Subzona 14 II”, que es organizado por la Secretaría de Derechos Humanos junto a los ministerios de Educación y de Gobierno y Justicia de la provincia y que sirve como primera experiencia para alumnos del secundario mayores de 16 años.
El martes concurrió un curso del colegio de Ataliva Roca mientras que el miércoles estuvieron en las audiencias chicos y chicas del Liceo Informático de Santa Rosa. Allí tuvieron la posibilidad de escuchar en primera persona los testimonios de las víctimas o de los imputados, para que luego con el trabajo en el aula “puedan reflexionar y analizar los hechos históricos ocurridos en el país”, según el objetivo del programa.
“Está bien que se haga el juicio, es algo que no puede quedar en la nada o sin justicia. Es fuerte para las víctimas tener que revivir todo eso que sufrieron. El año pasado trabajamos todo lo relacionado a la dictadura militar. Vimos películas, leímos el libro ‘Nunca Más’, pero estar ahí y escuchar todo es otra cosa, te llega mucho más directo”, afirmó Maira (17).
“Yo no pensé que esas cosas habían pasado acá, pensé que era solo en Buenos Aires, por eso está bueno contar con información de primera mano”, opinó Ailén al dar en un punto exacto que atraviesa a generaciones de pampeanos y pampeanas: esa idea de que la provincia fue “una isla” en el marco de la represión ilegal y los centros clandestinos de detención. Una afirmación que se desmiente día a día en el juicio, tanto en su primera parte (en 2010) como ahora.
“Mucha gente repite que acá no pasó nada en esos años pero no fue así. Hubo represión y muchos de los que la sufrieron eran jóvenes, apenas un poco más grandes que nosotros ahora”, resaltó Ailén, que al igual que Mario (19) y Alexandra (18) se mostró conmovida por los testimonios.
La propuesta de asistir al juicio apunta a transformarse en “una herramienta que contribuya a la concepción de justicia democrática, fomentando la participación de jóvenes y docentes de forma tal que en primera persona vean el funcionamiento del debate oral de un juicio de lesa humanidad”, según indicaron desde la Secretaría de Derechos Humanos.
En ese sentido, los adolescentes demandan más información. “Estaría bueno que se trabajen más cosas en el aula. Por ahí vemos algo específico cuando es el 24 de marzo, pero es una cuestión que se puede trabajar más tiempo porque hay mucho material sobre este tema que es delicado”, contó Mayra.
En la jornada del martes, el testimonio de Raquel Barabaschi resultó conmovedor. Contó las sesiones de tortura y los abusos a los que fue sometida a sus 20 años. El miércoles, los chicos y chicas del Liceo Informático escucharon a Rafael Guardia, un hachero de Rancul que a sus 75 años recordó detalladamente las salvajes agresiones de los represores pampeanos durante más de un año, el tiempo que estuvo secuestrado.
“Es muy fuerte para las víctimas recordar lo que pasaron, y en la sala del juicio están sus familiares, sus hijos que eran chiquitos en esos momentos y sufrieron mucho. Todo eso te conmueve porque vos no tenés registro de lo que puede sufrir alguien hasta que lo escuchás en primera persona, ves sus caras, sus gestos. Eso te impacta”, relató Maira.
El grupo de adolescentes estuvo desde las 8 de la mañana hasta las 13.30. Y no solo vieron y escucharon palabras cargadas de dolor. También vivenciaron los detalles que pone en marcha el andamiaje judicial durante un proceso oral y público de esa magnitud.
“Estuvo bueno ver cómo se manejan los abogados, los jueces. Las reacciones de cada uno y las preguntas que hacen. No sabía mucho sobre el juicio pero ahora lo voy a seguir por los diarios, aunque estaría bueno ir de nuevo”, señaló Mayra sobre un hecho que tiene a chicas y chicos de hoy como testigos de la historia. En primera persona.