Odisea de usuarios de colectivos en la zona norte de la ciudad

ODISEA DE USUARIOS DE COLECTIVOS EN LA ZONA NORTE DE LA CIUDAD

Las quejas y reclamos de vecinos por el mal estado de las calles y la calidad del servicio de transporte urbano de pasajeros, son una constante. Desde el domingo la empresa Autobuses Santa Fe, con la venia del municipio, viaja por Raúl B. Díaz.
Si bien la problemática afecta a casi todas las líneas, las quejas de los ciudadanos pusieron en foco la situación de la Línea 2 que une la ciudad de norte a sur. En el sector norte, para unir la calle Pilcomayo, que pasa frente al hospital Lucio Molas, con la Ignacio García, que separa la zona urbana con el campo, el micro utiliza la calle Padre Donatti, tanto de ida como de regreso. Ese tramo atraviesa tres barrios populosos: San Cayetano, Villa Germinal y Obreros de la Construcción. Con el cambio realizado el fin de semana, el trayecto se cubre por la calle Raúl B. Díaz. ¿Por qué? Por el pésimo estado de la otra calle.
Donatti se extiende a lo largo de veinte cuadras, de las cuales 19 son de tierra. Transitar esa arteria resulta tortuoso, dada la innumerable cantidad de pozos, los enormes charcos y las piedras. Los vecinos de la zona avanzan zigzagueando en sus vehículos, lo que obliga a los choferes a una tarea más ardua de lo acostumbrado.
Al llegar al cruce con la calle Farinatti (trece cuadras al norte de Pilcomayo), existe un enorme bache capaz de ocultar la rueda de una camioneta. El paisaje allí se repite: zonas anegadas, mucho barro y por supuesto, olores fétidos. Transitar hasta el barrio Obreros de la Construcción es ir a paso de hombre.

La menos mala.
La razón que motiva el cambio de recorrido de esta línea parece justificado. LA ARENA realizó el martes el viaje por Raúl B. Díaz para ver cuáles eran las condiciones. Desde el hospital hasta la calle Montaldo, transitar es mucho más fluido que por la calle Donatti. Pero el pésimo estado de las calles de tierra en la zona, hace que todo el tráfico se concentre en Raúl B. Díaz, la cual, a pesar de estar pavimentada, también tiene una importante cantidad de baches que complican el tráfico.
Pero el asfalto no abarca toda la traza de la arteria. Una vez que comienza el ripio, ya no hay nada que envidiarle a la calle Farinatti. El escenario es el mismo, o quizás peor por el tráfico existente. Zanjas, enormes socavones, pozos literalmente uno al lado de otro hacen de circular en un colectivo un continuo zarandeo.
Las garitas son muy pocas, en comparación con la cantidad de paradas que realiza el micro a lo largo de las veinte cuadras que tiene Raúl B. Díaz, entre Pilcomayo y García. En general, la gente debe esperar en el barro y si llueve, por supuesto, mojarse.
Consultando a los usuarios y choferes sobre si han visto presencia municipal para morigerar la situación mediante el paso de una motoniveladora o cualquier actividad de mantenimiento la respuesta fue: “Nunca vi a nadie”.

Vecinos afectados.
El cambio de recorrido dispuesto por las razones expuestas, muestra una realidad que desde el municipio no se tiene en cuenta. El servicio es utilizado diariamente por miles de personas para trasladarse. El mero cambio de ruta no informado afecta alrededor de 7 mil vecinos que viven solo en la zona comprendida por las calles Farinatti, Pilcomayo, Stieben y García.
Una cantidad similar (o mayor quizás) de habitantes está en el otro sector. La simple operación matemática da cuenta que modificar el servicio por el pésimo estado de las calles y la ausencia estatal afecta a más de 10 mil habitantes de la zona. Muchas personas que se enteran que el micro no pasará, una vez que tienen sus pies en el agua y están bajo la lluvia mojándose.