La Tomatina, estrategia turística

El renombre internacional de La Tomatina, la mayor batalla campal con tomates del mundo, ha traído beneficios al pequeño pueblo donde se celebra, un espejo en el que quieren verse otras singulares fiestas españolas que buscan su popularización.
Lo que comenzó en 1945 como una trifulca en la que varios jóvenes se lanzaron las existencias de un puesto de verduras, se ha convertido en una de los festejos españoles más conocidos a nivel mundial, que convoca los últimos miércoles de agosto a miles de turistas que junto a los lugareños disfrutan de un combate con el tomate como munición.
Este miércoles, 22.000 personas se lanzan 160.000 kilos de tomate, tiñendo de rojo las fachadas de la localidad de Buñol (sureste de España), un pueblo de 10.000 habitantes que dobla su población durante los festejos.
La pintoresca y delirante guerra ha inspirado escenas de películas, como el musical británico “Walking on Sunshine” (2014) o la india “Zindagi Na Milegi Dobara” (“Sólo se vive una vez”, 2011), anuncios de televisión de marcas internacionales y se ofrece en paquetes turísticos, contribuyendo a cimentar su fama.
“Es un halago en primer lugar, y también una responsabilidad muy grande, porque nosotros tenemos el foco de todo el mundo mirándonos”, señaló a la AFP Rafael Pérez, alcalde de Buñol.
Producto de exportación.
El ayuntamiento de Buñol registró en 2002 La Tomatina como marca. Gracias a ello, cobra derechos a empresas que la han usado para anuncios comerciales, entre ellas la gigante de la electrónica surcoreana Samsung, la aseguradora australiana Cover Moore o la productora española de electricidad Endesa.
Cada rodaje le genera al pueblo unos 300.000 euros, entre el pago de derechos más los ingresos en alojamiento y manutención de los equipos técnicos en el pueblo, según la página de internet oficial de La Tomatina.
Pero si una ciudad quiere hacer su versión de La Tomatina, Buñol accede sin cobrar y más bien ofrece cooperación, dice el alcalde Pérez, porque es “publicidad” para el pueblo “y al final lo que quiere todo el mundo es ir a la original, que es la nuestra, con lo cual a nosotros nos conviene”.
Así, han tenido lugar “tomatinas” anuales o esporádicas en Colombia, Chile, Cuba, Estados Unidos, India e incluso Corea del Sur. “Intentamos siempre colaborar con todo el mundo que quiera, para que la imagen de La Tomatina se vea reforzada en el exterior”, agregó.
Bolas gigantes y vino.
Otros pueblos con fiestas particulares quieren compartir este éxito.
Una pequeña población de 1.700 habitantes cerca de Madrid, Mataelpino, registró como marca una celebración que consiste en reemplazar a los toros de los encierros, cuando las personas corren delante de los astados, por una bola gigante y pesada.
La idea surgió en 2010, en plena crisis en España que dejó a Mataelpino sin recursos para los encierros. A unos vecinos se les ocurrió la idea de fabricar la bola de tres metros de diámetro y 200 kilos de peso y echarla a rodar por las calles persiguiendo a los juerguistas.
La celebración tuvo éxito y se realiza todos los agostos, dice Javier De Los Nietos, alcalde de Mataelpino. El riesgo es real: la bola de poliestireno ha dejado heridos a su paso.
Por lo pronto, el “Boloencierro” se llevará este año a seis pueblos de España, que deben correr con los gastos de las personas que envía Mataelpino para reproducir la festividad.
El objetivo es atraer visitantes. “Desde al ayuntamiento tratamos de proyectar esta fiesta como un reclamo turístico”, apunta De los Nietos.
Y su deseo final es llegar al extranjero. “A nosotros si nos contactaran y hubiera posibilidad de cubrir los gastos de voluntarios, lo podríamos llevar”, asegura el alcalde.
Sin querer quedarse atrás, Haro (norte) comenzó este año un proceso para lograr que el Ministerio español de Turismo le otorgue a su Guerra del Vino, que se celebra en junio, la distinción de Fiesta de Interés Internacional.
Eso le daría mayor visibilidad a este festejo en la región de La Rioja, donde se produce el famoso vino, en la que 7.500 personas se lanzan 75.000 litros de la bebida con botas, pistolas de agua, cubos o cualquier otro recipiente a la mano. (AFP)