La voz de la “Gata” Varela, en la Legislatura provincial

De familia humilde y peronista, dice que su abuela Elsa tuvo su primera máquina de coser gracias a Evita. La militancia siempre fue parte de su familia, y conocer a Rubén Marín fue decisivo en su vida.
No olvidará nunca ese 10 de diciembre de 2015. Ese día marcó a fuego su vida, para siempre: levantó su mirada y los vio, allí estaban, papá Pablo, y también Rubén. Carina Pereyra, la Negra, la militante fervorosa que vive en “la famosa ’40’ del Barrio Frank Allan” de General Pico.
“Fue sin dudas el momento más emotivo de mi vida”, confesó. “La Negra”.”Es difícil que me digan la polaca, ¿no?”, se ríe con ganas al decirlo, en tanto admite que “nunca hubiera esperado ser diputada provincial”.
Dicen que cuando se tiró su nombre tuvo algunos “defensores” importantes dentro de Convergencia: el mismo Rubén Hugo Marín (a quien buscó con la mirada cuando juró), el ahora vicegobernador Mariano Fernández, y Taco Marín, jefe del bloque justicialista.

Voz de cantante de tangos.
Tiene una voz algo disfónica (ella dice que por el cigarrillo), y podría decirse que -si cantara tangos-, podría ser algo así como “La Gata” Varela de la Legislatura. Se aleja todo el tiempo del preconcepto de que el cargo -más allá de la relevancia que tiene- sigue ligado a ese “honorable” con que se supo acreditar a la Cámara de Diputados alguna vez; hasta que alguien consideró que era una mención demasiado pomposa.
Nacida en General Pico se crió y vivió siempre en la calle 40. “Mis abuelos paternos vivían en el monte de Luan Toro, el abuelo Jesús era catango del ferrocarril y mi abuela Elsa crió a 6 hijos propios y 10 niños que quedaban a su cargo cuando los padres se iban a otros puestos a trabajar”, cuenta. Nombra también a sus abuelos maternos, Ricardo e Inés, en cuya casa se juntaba con sus amigos.

Un familión.
Carina integra una enorme familia: “Mi papá Pablo Jesús desde chico trabajó en el monte; es amiguero, divertido, popular entre los suyos… es mi gran debilidad”. Sobre su mamá, Estela Maris Rodríguez, dice que “sabe del esfuerzo y la paciencia. Terminó de grande el secundario y trabaja en el centro de salud Frank Allan. La vida me regaló dos tíos que han sido mis segundos padres, Carlos y Mabel”.
Tiene dos hermanos: “Jimena mi compañera, la que siempre está al pie del cañón, y con ella compartimos la militancia. Ramiro es el mimado, músico y cantante del grupo Los Tinku… y claro que soy su fan número uno”.
La diputada no quiere dejar de nombrar a nadie, y tiene párrafos para sus sobrinos. “Tengo primos, tíos, sobrinos, familia humilde, numerosa y muy unida, y siempre hay encuentros y festejos en la ’40’. Aprendimos a saber compartir cuando hay poco, pero celebrar porque somos muchos”.
Carina fue mamá casi adolescente, y también abuela muy joven. “Tuve a Santiago, un chico bueno y dócil, que a los 20 fue papá y me hizo abuela de Giuliana y Emilia, las ‘melli’. Hoy esperamos a Helena, su próxima hija. Después viene Emiliano (Moya), el bohemio, batero y músico, quien es mi remanso. Camila, mi hija más chica es la consentida, y más ahora que espera a Lorenzo. Tiene compromiso social y es la única de los tres que me acompañó en la campaña”
Y sigue: “Con mi compañero Lalo (Luis Destéfanis) hace 8 años que estamos juntos. Sus hijos Nico, Male, Alina, Franco y su nieta Mía, forman parte de nuestra familia ensamblada. No es fácil ser mujer y dedicarse a la política, y Lalo lo entendió desde el amor, tolerando mis ausencias y siendo incondicional”, lo elogia.

Estudios y trabajo.
Hizo la primaria en la escuela Nuestra Señora de Luján. Allí, de la mano de sus maestras Norma y Marta Clauzure, Susana Pepa, los curas Hugo y Tony, conoció lo que era trabajo y el compromiso social. “Empecé en el grupo ‘Mallin’, en el merendero de la capilla San José. Después más grande ayudé en el comedor de la fundación Eva Perón en mi barrio”, agrega.
Hizo el secundario en el Normal Provincia de San Luis. “Fue un lindo grupo la promoción ’90, y de ahí tengo mi mejor amiga y hermana, Alina Marín, con quien llevamos 28 años juntas, y es madrina de mi hijo Santiago. También conservo mi amistad con Fernando Fresco”.
Trabajó al principio en el Provida, fue encargada de Inaun Molino, estuvo en el programa “Reciclado de papel” para contención de mujeres con diversas problemáticas, operadora barrial, coordinadora de servicio social de base, y participó en un programa destinado a mujeres golpeadas. Su último trabajo fue como jefa de Anses durante 5 años.

Conociendo a Marín.
La legisladora contó que “cursando secundario conocí a Rubén Marín, como papá de mi amiga (Alina); lo acompañé a una primera reunión en la unidad básica de Pico y cuando escuché su discurso me enamoré del peronismo. Me es difícil hablar de él sin emocionarme… Mi corazón siempre será de Convergencia por él. Ha sido mi ejemplo y le tengo un profundo respeto. Es conmigo un hombre afectuoso, disfruto de largas charlas, mate de por medio, y siempre está presente el recuerdo de Trenel, de su madre María a quien quise mucho”, explica.
Rememora que llegó a la Cámara “llena de ilusiones e incertidumbre. Este desafío me encuentra de la mano de un gran compañero, Espartaco… compartimos la militancia, la pertenencia política… tenemos un grupo de trabajo que hace que todo sea más fácil, el mozo que me acerca el café cada mañana, los secretarios, los choferes, los empleados de la Cámara, los asesores y mis compañeros diputados…”.

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