Lezano, vendedor de monumentos

UN OFICIO CIMENTADO EN LA PERSUASION Y LAS CREENCIAS DE LOS PUEBLOS

“¿En qué lugar te tomás la foto cuándo salís de vacaciones? Si vas a Carlos Paz seguro te sacás una delante del reloj cucú. Si vas para el sur y pasás por Villa Regina te sacás al lado de la manzana gigante o con el Indio que hay sobre la barda. Siempre es así: las personas buscan algo distinto en cada lugar, algo característico que certifique que estuvieron ahí”.
La explicación que hace Arturo Oscar Lezano tiene un doble justificativo: destacar la importancia que tienen los monumentos para un pueblo y destacar la importancia que tienen los monumentos para él, que los vende.
Lezano: 66 años, padre de tres hijos, parlanchín entrador, mercader por dónde se lo mire, sonrisa ancha y reloj pulsera color del oro, lleva dos décadas en la venta de bustos de próceres, vírgenes de cemento y caballos de fibra de vidrio tamaño real. También oferta enanos de jardín, estatuillas para el interior de una casa y otros elementos decorativos, pero su fuerte está en los monumentos, en esas moles estáticas que -a su modo de entender- “refuerzan la identidad” de los pueblos.

Un vendedor de fuste.
A lo largo de su vida, Lezano tuvo varios trabajos. Dio clases de huerta en Realicó, fue empleado administrativo en 25 de Mayo, vendió carne, vendió verdura, vendió fuegos artificiales y tuvo un kiosco. En todos los pueblos de La Pampa, tiene un conocido o una anécdota para contar. Muchas de ellas son graciosas, como el día en que intentó vender un santo al que confundió con el Papa Francisco. Quizás en su trayectoria laboral haya forjado su método de venta: simpatía, insistencia, convicción.
“Esto no es así nomás. A cada cliente hay que darle las explicaciones técnicas sobre cada monumento, hay que destacar porqué debe poner un santo y no otro, qué cosa le hace falta para embellecer al pueblo”, dice el vendedor que recorre la provincia en una combi.
La Casa de Gobierno y las municipalidades son el territorio en donde ejercita su capacidad de persuasión. Armado con un álbum de fotos que certifica la cantidad de monumentos que vendió, Lezano intenta convencer al funcionario de turno sobre la importancia de rendirle homenaje a figuras de la historia nacional o seres míticos que abonen a una u otra religión.
“Para mí un monumento es sinónimo de progreso. Es lo que representa a un pueblo. Hay gente de otras provincias que pasó por Quemú Quemú y que no recuerda el nombre del pueblo pero sí que existe el monumento a Kennedy. Qué gran cosa ese monumento”, dice Lezano, mientras revuelve una taza de café en el living de su casa.

El artesano.
Además de haberle vendido un caballo a Chacharramendi, un Indio a Puelches, las letras para el acceso a Trenel y un San Francisco de Asís a Van Praet, en veinte años de comercio, Lezano ha desarrollado otras habilidades. Las letras que hay en algunos accesos a pueblos de La Pampa y que forman el nombre de la localidad las hizo él mismo, con cemento. Una vez, vendió un caballo de fibra para Fraga (provincia de Buenos Aires) y como le faltaba el jinete, se encargó de hacerlo con sus propias manos.
“Casi me intoxico con el pegamento, pero vieras que bonito me quedó. Tuve que cortar un maniquí para hacerlo y después unirlo con mucho cuidado, porque la idea era que esté sentado sobre el caballo. El jinete es un paisano con bigote, le hice la cara tipo Molina Campos”, agrega Lezano.

Definiciones.
En el jardín de su casa, hay dos bustos de Evita con la nariz rota y uno de Juan Domingo Perón medio despintado pintado de dorado. También hay un cristo sin brazos de tamaño real y cuatro bomberos voluntarios para armar. En un garaje están los caballos de fibra que deben estar protegidos del agua y un jinete de boina con las piernas abiertas.
-¿Usted es peronista?
-Ante todo soy comerciante.
-¿Y cree en Dios?
-Sí, como no.
-¿En cuál?
-En el que yo vendo.
-¿Qué monumento te gustaría vender?
-Estoy pensando en hacerle uno al Bardino. Tengo una foto suya tocando la guitarra y la voy a hacer. A personas como esas tenemos que homenajear acá. Tranquilamente podría hacerse una estatua del Tuta Cuello o de Bustriazo Ortíz. Es cuestión de ponerse nomás.

Dirigente de Argentino
Además de vender monumentos, Lezano es parte de la dirigencia del Argentino Foot Ball Club. Desde el año 2013, cuando la entidad regresó a manos de sus vecinos y socios, después de quince años de acefalía, encabezó la comisión directiva y la recuperación del club junto a la ex diputada Carmen Bertone. Actualmente, el vendedor participa activamente de las actividades que poco a poco se van incorporando.