Lihué Bruno: un rapero del compromiso pampeano

La juventud no está perdida. El arte urbano ya no se asocia a la cultura yanqui. Hay que cuidar a los chicos. Conceptos de un joven de 16 años de Santa Rosa, con influyente capacidad de improvisación, y una cultura general que manifiesta al combinar el rap con el compromiso pampeano. Capaz de, por ejemplo, traer desde lejos un estilo artístico y camuflarlo a problemáticas como el Atuel o a la lucha local de los pueblos originarios.

Creador.
Se llama Lihué. Su apellido es Bruno. Viene de familia política. Pero poco importa. De a poco deslinda personalidad propia. Estudia en el Colegio de la Universidad Nacional de La Pampa y pasa sus pocas horas libres entre la creación, la información, las redes y las desparramadas subculturas. Todo para lograr un combo de una explosividad elocuente capaz de llegar a chicos, chicas, adolescentes, jóvenes, adultos y cualquier insomne internauta.

Hobby.
Tiene 16 años y dice que el folclore fue lo primero que escuchó. Pero después siguió por otros senderos. “El rap se asocia a Estados Unidos, yo quiero que se lo asocie al Atuel, a los pueblos originarios, algo que me transmitió mi viejo y mi vieja”, ratifica.
Lihué se define como rapero pero prefiere la modestia. Dice que se lo toma como un hobby y que quiere estudiar Ciencias Políticas, Periodismo o Historia en un futuro no tan lejano. “No me considero un artista, me queda grande la palabra”, sostiene.

Batalla.
¿Cómo un chico aparece en las redes, se posiciona y logra popularidad?. “Nació de un proyecto del colegio, teníamos que hacer un corto, estábamos en otra, un chico escuchaba rock, otro folclore, otro cumbia: decidimos que la trama sea que folcloristas concurran a una batalla de rap”, recuerda Lihué. De a poco los adolescentes se sintieron cada vez más interesados en esta cultura de los suburbios negros estadounidenses masificada, valga la contradicción, por Eminen, casualmente de raíces blancas. “No sabíamos nada de nada, empezamos a ver las batallas, una película de Eminem (8 Millas), nos juntamos a comer unas pizzas y nos poníamos a rapear, todo muy improvisado, hasta que un día me invitaron a la plaza San Martín”, dice.

Nervios.
¿Qué había en la plaza?. Una literal competencia o batalla de rap: caracterizada en su mayoría por adolescentes unidos abajo pero feroces sobre el escenario. “Me anoté, estaba muy nervioso, me nombraron un oponente y empecé a improvisar: fue en febrero del 2016, no daba más de los nervios, pero gané, y pasé a semifinales”, rememora.

“La movida”.
De a poco, Lihué ganó confianza en el terreno, se presentó a varias batallas y con sus amigos se metieron de lleno en una cultura instalada en Santa Rosa desde por lo menos el 2013. El joven comenzó a grabar videos, a difundirlos en las redes, en sus perfiles, y ganó seguidores. “Ahora no estoy tan enfocado en competir sino más bien en organizar, con mis amigos, las competencias que se llevan a cabo en el Parque Oliver”, ejemplifica al enumerar que comenzaron con su proyecto organizativo en diciembre del 2016. “Todos los fines de semana hay competencias en Santa Rosa: hay mucha movida”, dice.
Una de las batallas más esperadas es la del 22 de diciembre, en horario nocturno, a confirmar, en el Parque Oliver, donde vendrá una gran variedad de raperos de Capital Federal, Córdoba, entre otras provincias. Todos en lo que, suponen los organizadores, una suerte de megavento del rap acá nomás.

Letras.
“No toco ningún instrumento, y el rap me da la posibilidad de decir lo que pienso, contar lo que siento, lo que más me cautiva es la letra”, sostiene.
Lihué agradece, reitera que para nada la juventud está perdida y que una de las maneras más tangibles o “empíricas” de comprobarlo es concurrir a las batallas. Quizás adentrarse en una cultura adolescente que puede enseñar más allá de los prejuicios biológicos. “Me encanta informarme, me gusta hablar de lo que sé, mi familia está caracterizada por tal partido pero antes de repetir prefiero leer y sacar mis propias conclusiones”, indica el joven al destacar que el domingo fue su segunda elección. “Pude  ejercer mi derecho ciudadano como realmente se debe”, subraya.
El joven se despide y recomienda varios de sus videos. “A veces algunos sueños te saben cuidar mejor”, narra la letra de Cuervos Crew al dejar bien en claro que “aquel puestero no llora con sus lágrimas… porque se fueron con el Atuel”.