Llega la segunda parte del documental “Víctimas de Tangalanga”

Con la primera parte, el cineasta y comediante Diego Recalde sorprendió en las trasnoches sabatinas del Hoyts Abasto, donde estuvo en cartel dos meses, y desde este sábado piensa sorprender con el segundo segmento de la producción fílmica.
Como se recordará, el doctor Tangalanga (al principio Tarufeti) era el pseudónimo de Julio Victorio de Rissio, quien hacía bromas telefónicas bastante pesadas, que grababa y luego comercializaba en casettes que, poco a poco, se fueron convirtiendo en éxitos humorísticos que se popularizaban en el mercado discográfico marginal, y luego en el oficial.
Los personajes a los que “cargó” fueron tanto seres anónimos como públicos, y Recalde pensó que sería bueno rescatar a muchos de ellos, buscándolos y poniéndolos esta vez frente a cámara para que recuerden aquellas anécdotas y entre ellos llegó a figurar el ex presidente Fernando de la Rúa, en el espacio que llegó a tener por Canal 7.
Aquella primera parte se estrena mañana en Montevideo, para volver dentro de poco a Buenos Aires y en el verano -enero y febrero- llegar a Córdoba y Mar del Plata, mientras estudia llevarla a través de la misma cadena Hoyts a Chile y México dentro de poco, en tanto termina la tercera entrega, que se conocerá aquí en marzo de 2017.
Télam: ¿Por qué “Víctimas de Tangalanga” es en dos partes?
Diego Recalde: Básicamente porque en estos cinco años de investigación, fueron muchísimas las víctimas que encontré. De las treinta víctimas emblemáticas, encontré a veintinueve. Y las veintinueve no me entraban en una sola película. Es más, tampoco me entraron en dos partes. Tuve que armar una película con tres partes.
T.: ¿Cómo viene funcionando la primera?
DR: La primera funcionó muy bien, todas las funciones a sala llena, la segunda, esperemos que también y se estrena con la misma modalidad que la primera y no sólo acá, también en Uruguay y más adelante en Chile y México, porque Tangalanga, créase o no, tiene muchísimos fanáticos en todo el mundo.
T: Contanos cómo llegaste a esos casetes clandestinos de los 80.
DR: Corrían los insólitamente idealizados años ochenta y un amigo me pasó uno de los esos casetes y quedé loco: me parecía y me sigue pareciendo increíble que alguien hubiese sido capaz de generar una charla completamente disparatada, grabarla y hacerla circular de manera clandestina. Me volví un adicto a sus charlas telefónicas hasta sabérmelas de memoria.
T: Casi como una canción de rock.
DR: Teniendo en cuenta la duración de algunos llamados yo diría que más que una canción, en algunos casos son sinfonías. A veces pienso que así como Alemania tuvo su himno a la alegría compuesto por Beethoven, nosotros tuvimos el nuestro compuesto por Tangalanga.

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