El camino que todos los días hace Leonel Pascal (22) para llegar a su trabajo se mide en kilómetros. Por ese motivo, para unir su casa con el Hotel Piedras Blancas (ubicado a la vera de la ruta 5, al este de la ciudad) el joven nacido en Doblas conduce una Honda Wave de color roja. Su horario va desde las 20 a las 24 y salvo cuando hay mucho que hacer, la salida se retrasa. La última vez que salió tarde, fue el domingo pasado cuando tuvo que quedarse a esperar la llegada de unos huéspedes. La jornada laboral se extendió hasta la 1.30 y no iba a terminar bien: cuando volvía a casa, un Volkswagen Polo (color gris, dominio EPM253) lo atropelló. Su conductor, un suboficial de Seccional Tercera Aldo Enrique Martínez lo dejó abandonado en el medio de la ruta. Pascal sabría después que Martínez iba borracho.
“El policía intentó hacer un sobrepaso, quiso meterse entre la moto y un auto que venía de frente, pero no respetó la velocidad ni la distancia prudente. Sumado a la disminución de sus sentidos producto de la ingesta de alcohol, terminó colisionando a Pascal. El chico quedó tendido sobre el asfalto y tuvo que arrastrarse para llegar a la banquina. No podía mover sus piernas y encima el culpable se estaba dando a la fuga. Lo dejó solo y herido. En un rapto de lucidez, el chico sacó el celular y encendió la pantalla. Después comenzó a agitarlo con la intención de que los autos que pasaban lo vieran. Se salvó de milagro de que lo pise un camión”, dijo un testigo a LA ARENA.
“El policía no paró, fue el auto el que se le paró a unos 500 metros porque se le pinchó una cubierta. Ahí es cuando una familia de Uriburu logra alcanzarlo para que se haga cargo de lo que había hecho. Pero fue peor. Mientras se acercaba para donde yo estaba tirado, me decía ‘tranquilo flaco, no hagas quilombo ni digas nada porque yo soy cana’. Eso lo escucharon todas las personas que estaban ahí. Después llamé a la policía y le hicieron el control de alcoholemia que dio dos veces más de lo permitido”, dijo Pascal que ayer recibió a un cronista de este diario en su casa.

Más que una lesión leve.
En la pierna izquierda de Leonel pueden apreciarse distintas tonalidades del color violeta. El tobillo está hinchadísimo y tiene algunos ligamentos rotos. Los médicos que lo atendieron en el Sanatorio Santa Rosa le dijeron que no tiene lesiones óseas pero que durante el próximo mes no podrá ir a trabajar. Un gran raspón rojo le atraviesa la espalda y le causa molestia para darse vuelta en la cama.
“Moví cielo y tierra para que me dieran la denuncia porque la policía quiso tapar todo esto. Yo necesitaba dejar constancia de lo que había ocurrido por la cobertura de la ART en las primeras 48 horas después del choque. En la Oficina de Accidentología me dijeron que no había ningún registro y finalmente, cuando el médico constató que no había lesiones graves, me trajeron la denuncia a mi casa. Ahí me hicieron reconocer que solo tenía heridas leves. Imagínese: sino estaba la denuncia yo quedo en pelotas (sic) y pierdo el laburo”, agregó Pascal que ayer inició una demanda penal por lo ocurrido.

Fue apartado.
Hasta que se le pasó la borrachera y el médico constató que las lesiones de Pascal no eran graves, el suboficial Martinez permaneció detenido por orden de la fiscala Cecilia Martiní. Ayer el jefe de la Unidad Regional I, Luis Blanco, confirmó a este diario que Martínez “no estaba trabajando sino de franco” y que “tenía 1,41 gramos del alcohol por cada litro de sangre”. Además señaló que “ya fue enviado un informe a fiscalía” y que mientras tanto se resuelva su situación judicial “será enviado a pasiva”.