Los hermanos que quieren volar

LLEVAN 12 AÑOS ARMANDO UN AVION Y ESPERAN ESTRENARLO ESTE AÑO

Con herramientas de mano y valiéndose de un plano que fue creado a principios del siglo pasado, Santiago y Sebastián Morete armaron un avión que está próximo a despegar. Más de una década de trabajo estará en el aire en los próximos meses.
Kitty Hawk, Carolina del Norte, costa este de los Estados Unidos. Es 17 de diciembre de 1903 y solo un puñado de campesinos, desde la cima de una colina Kill Devil (“Muerte del diablo”) se reúne para ver lo que los hermanos Wilbur y Orville Wright están a punto de hacer. Nadie piensa que ese artefacto en el que trabajaron durante meses puede despegar, pero los hermanos están concentrados, confiados en su suerte. Orville es el conductor del Flyer que en el primer despegue se mantiene en el aire durante 12 segundos y recorre apenas 37 metros de distancia. Los campesinos no pueden creer lo que están viendo. El avión vuelve a remontar vuelo otras tres veces. En la última, con Willbur en los controles, permanece en el aire durante 59 segundos y recorre 260 metros. Alguien aplaude, otro toma una foto, y lo demás es historia: los hermanos son los primeros humanos en realizar un vuelo a motor.
Año 2004, Barrio Aeropuerto, Santa Rosa, La Pampa. Los planos de Pietenpol Air Camper que Sebastián Morete mandó a pedir en Estados Unidos acaban de llegar. Si bien antes, con su hermano Santiago, habían incursionado en el aeromodelismo, esta vez la cosa es diferente, es grande y va en serio. Frente a los planos, los hermanos se miran y sin decirse nada, entienden que les sobra el tiempo, que alguna vez, ese proyecto de avión va a surcar el cielo de la ciudad y que alguien, quizás sus parientes o algún fotógrafo, los verán despegar, incrédulos, como ocurrió hace 113 años con los hermanos Wilbur y Orville Wright.

Hermanos.
Doce años después de haber recibido los planos del Camper Air, el avión biplaza de los Morete está casi listo, le faltan solo algunos retoques. Santiago (violinista, docente, 39 años) y Sebastián (piloto oficial de la provincia, instructor de vuelo. 43 años) están esperando que llegue a la ciudad un inspector de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) para que les de el Ok y les otorgue la habilitación para despegar. Mientras tanto, la aeronave está en el Club de Planeadores, inmaculada y firme, esperando que alguien la ponga en marcha.
El Pietenpol Air Camper fue creado por un estadounidense en 1929 y actualmente los planos son comercializados por los nietos del creador. Desde que compraron los planos, en el año 2004, los Morete se ocuparon de conseguir todos los materiales para armar la aeronave que ya tiene una matrícula: LV X582. La letra “X” señala que es un avión experimental.
Comenzaron en un tallercito que había en el fondo de la casa de un abuelo que casualmente, como no podía ser de otra forma, vivía en el Barrio Aeropuerto. Después, avanzada la obra y fallecido el abuelo, se instalaron en la casa su padre. En la Argentina, el modelo es uno de los más fabricados por constructores entusiastas ya que no hacen falta más que herramientas de mano para poder armarlo.

Piezas.
El fuselaje está hecho de madera, de un pino canadiense, noble y refinado, llamado Hemlock, unido con herrajes de acero. Lo único que no hicieron los hermanos (lo hicieron dos amigos) fueron las soldaduras y la puesta a punto del motor. Las alas del Camper están recubiertas por poliéster aeronáutico que fue cosido a la estructura y sellado, después, con una plancha de mano. El motor es el de un Ford A refrigerado por agua, que originalmente, allá a finales de los años 20, también fue utilizado por don Pietenpol. La hélice, de curvaturas perfectas, hecha a mano, está elaborada con dos maderas bien diferentes, guatambú y cedro rey. Darle forma a la paleta, les llevó a los hermanos nada más que 6 meses. Santiago sabe que el peso total del avión son 306 kilos y que en el tanque ubicado en el centro de las alas entran 36 litros de nafta. Lo que no sabe y no puede calcular son las horas y el dinero que con su hermano invirtieron en el avión. “Hubo días que laburábamos muchísimo, y otros no. No estábamos desesperados. Nos tomábamos mucho tiempo para investigar los materiales que íbamos a utilizar”, dice mientras muestra los instrumentos con los que está equipado el Camper: cuenta vueltas, velocímetro, altímetro, marcador de presión de aceite del motor, marcador de temperatura del agua y una brújula.
El primer vuelo no tiene fecha cierta, pero deberá hacerlo en solitario el mayor de los Morete, por ser el piloto experimentado. “El día que lo volemos no sé si le vamos a decir a alguien, a ver si todavía falla”, concluyó Santiago.