Los inundados de ayer, olvidados de hoy

La casa de María Rosa (42) se está partiendo de a poco. El agua que en el mes de abril llegó a la altura de la ventana, dejó rastros de humedad en todas las paredes y es imposible frenar la invasión del salitre. Abrir la puerta de la cocina de chapa totalmente oxidada, requiere de una habilidad que solo conocen los dueños de casa. Sobre la calle Pavón, un arroyo cloacal divide la calle de la vereda.
Aunque ya pasó medio año de la inundación que la obligó a abandonar temporalmente la vivienda sobre la calle Pavón, la vida de la mujer está lejos de ser lo que era. Algunas cosas no cambiaron: su marido y sus tres hijos siguen durmiendo en los colchones que meses atrás flotaron como balsas en los dormitorios.
“Por más que pintemos, al tiempo se cae todo. Los días de lluvia no podemos tocar las paredes porque se electrocutan. La municipalidad quedó en traernos colchones, camas y cobijas pero no trajeron nada. Le dieron a todos menos a mí. Solo recibimos mercadería de la Cruz Roja y de otros más, pero nada para arreglar la casa”, dice María Rosa, que estuvo casi un mes utilizando un bote para entrar a su domicilio.
“Supuestamente en diciembre nos iban a dar una casa, una solución, pero hasta ahora no pasa nada”, agrega en un diálogo con este diario.

“Me voy ya mismo”.
En medio de la inundación que a afectó a centenares de santarroseños, una polémica se armó entre la provincia y el municipio por el futuro del Almafuerte. Durante algunas semanas, unos y otros se tiraron la pelota, mientras una treintena de familias esperaba por una solución habitacional.
Hubo protestas con quema de gomas y hasta los propios vecinos ofrecieron a demoler su casas si les daban una nueva. “Yo si me dan una casa me voy ya mismo. Pero hasta ahora no vino nadie”, dice María, vecina del Almafuerte que vive sobre el Pasaje Sin Nombre.
Hasta que el agua bajó, María pasó un mes separada de sus hijos. Fragmentada por la tragedia, la familia se distribuyó en casas de familiares. Ahora que están todos juntos, el peligro es otro: las enfermedades que traen aparejados los desbordes cloacales y la contaminación. “Cuando llueve brota la mierda por todos lados y es imposible frenarla. Hubo chicos con diarreas. Ahora, con el verano, sabemos que esto va a ser un asco de olor y mosquitos”. agrega.

Un comentario nomás.
Sandra vive sobre la calle Chacabuco con sus marido y tres hijos, el menor de ocho meses, el mayor de tres años. Ella es ama de casa, él albañil, hace changas. Desde el mes de abril, todos duermen en la habitación en donde la humedad se respira menos. La puerta de ingreso a la casa pende de un solo tornillo.
“Nosotros no tenemos gas natural porque no tenemos posibilidades. Quizás si tuviéramos calefactores las paredes se hubieran secado un poco. Ahora hay que esperar a que haga calor”, dice la joven de 22 años y señala por la ventana el lugar preciso de donde brota el vaho inmundo que respira todo el barrio. “A la noche es insoportable. El olor viene de ahí, del puente”.
-¿Te dijeron que les iban a dar una casa?
-No, a mí nunca me dijeron nada. Es un comentario que anda entre la gente del barrio nomás. La gente dice que se la van a dar y ojalá así sea. Le cambiaría la vida a mis hijos. Pero ahora lo más urgente es poder cerrar la puerta.

Posibles tormentas
La posibilidad de que vuelva a llover copiosamente es una de las principales preocupaciones de los vecinos del Almafuerte, sobre todo porque el agua no se ha ido por completo. Para la jornada de hoy el Servicio Meteorológico Nacional pronosticó un descenso abrupto de la temperatura que vendrá acompañados por fuertes vientos y tormentas. El alerta rige para toda la provincia de La Pampa y el oeste de la provincia del Buenos Aires.