“Los miradores de Darwin”: el lugar más aislado del mundo

Los Miradores de Darwin, ubicados a unos 40 kilómetros al norte de Puerto Deseado, en Santa Cruz, son un abrupto y ancho cañón rojizo de cientos de metros de altura que culminan en un curso de agua clara y fondo amarillento que permiten alcanzar vistas extraordinarias de la unión del río Deseado con el el Mar Argentino y sentir la tranquilidad que transmite la inmensidad del desierto patagónico, a la que el científico inglés definió como “el lugar más aislado del resto del mundo”.
El sitio que hoy lleva el nombre del célebre naturalista Charles Darwin se caracteriza por contener una serie de masas de tierra compuestas por rocas graníticas y minerales como la mica, el oro, la plata y el cuarzo, que se elevan entre 200 y 500 metros por sobre la superficie donde la ría de agua salada que proviene del océano Atlántico se convierte en el río Deseado.
La altura, la paz y el silencio dominan el espacio de los Miradores, donde es posible imaginar los orígenes de la formación de la vida en la tierra, sin la presencia humana y en tiempos geológicos remotos, y comprender la preponderancia de la naturaleza en relación al hombre.
El guía especializado Daniel Fueyo explicó a Télam durante una visita a ese lugar que “un posibilidad para acceder a los Miradores es seguir el derrotero que hizo Darwin en 1833, a bordo del Beagle, que remonta la ría Deseado y entra al agua dulce del río y que hoy se puede hacer en botes semirrigidos, si las mareas y las lluvias aumentan los niveles de agua, que son cada vez más bajos. Otra alternativa es terrestre, en un trayecto de 70 kilómetros de rutas de asfalto y de tierra desde Puerto Deseado”.
El recorrido comienza en Tellier, a 20 kilómetros de esta comuna de la costa norte santacruceña, donde se toma la segunda ruta, que en realidad es apenas un poco más que una huella en el desierto poblado de coirones y moas, los principales alimentos de las cada vez menos ovejas patagónicas, hasta llegar a la estancia Cerro el Paso.
La estancia, ahora en remodelación, permite a los visitantes hacer una pausa antes de llegar a los miradores y también disfrutar de la comida típica de esa zona, el cordero patagónico, en un salón de esquila que mantiene la fisonomia de los años 20, cuando esa actividad era rentable.
El subsecretario de Turismo de Puerto Deseado, Mario Cambio, señaló que existe un proyecto para reacondicionar el casco original y brindar servicios de alojamiento y refuncionalizar los espacios verdes y otros sectores de la estancia para atraer turistas.
“El emprendimiento tiene una parte de inversión privada y el apoyo de la Subsecretaría de Turismo, que se encarga de conseguir las habilitaciones y otras cuestiones administrativas que hacen al desarrollo del proyecto”, afirmó Cambi.
Las excursiones por agua ofrecen avistajes de fauna marina durante el primer trecho, mientras que en el paseo por tierra se pueden ver aves de la estepa, especialmente rapaces y choiques, y mamíferos como guanacos, liebres y piches, además de la flora típica de esa zona patagónica, donde predominan los marrones y amarillos opacos.
La cima de alguno de los Miradores de Darwin se alcanza luego de caminar unos cientos de metros desde la estancia, tras lo cual es posible apoderarse del mundo con la mirada y observar cómo el río Deseado, en forma serpenteante, se pierde en el horizonte, por el oeste, para convertirse en la ría más importante de América cuando llega al otro lado.
Los Miradores, además, dejan divisar con claridad la célebre “roca triangular” que Darwin hizo dibujar al pintor Conrad Martens cuando descubrió esa increíble zona, una de las de mayor biodiversidad del mundo.

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