Los pampeanos que suenan en todo el país

Hubo, y habrá, con seguridad, muchos otros grupos musicales pampeanos que han merecido el reconocimiento público. Pero ninguno en nuestra historia musical alcanzó tanta popularidad, tamaña masividad.
Los vi por primera vez en un local muy pequeño ubicado en calle 9 de Julio. El espacio mínimo de un bar donde no había más de 50 personas, cuando casi podría decirse ellos se estaban iniciando: estaban felices y saludaban a cada uno que llegaba con un beso y un abrazo… Hoy no podrían hacerlo, porque son cientos, y a veces miles los que conforman un público fervoroso que se levanta, que canta con ellos, y que baila al compás de su música…
Algo extraño, especial, quizás mágico podría decirse, fue lo que pasó… y por ahora ni ellos entienden muy bien este fenómeno. Hoy cada presentación de Los Caldenes se transforma en una fiesta que contagia a todos los presentes, en una suerte de encantamiento casi inexplicable.
Estos tres muchachos que están por estos días en el pináculo de una corta pero meteórica carrera, comparten escenarios con los más destacados intérpretes de nuestro folklore nacional. Desde El Chaqueño Palavecino, pasando por Jorge Rojas, Los Alonsitos… y tantos otros.
No obstante ellos dicen: “siempre estamos arrancando”, y todavía los sorprenden los pedidos de autógrafos y de selfies, y las manifestaciones de cariño que supieron conseguir desde el escenario y con su música.

En todo el país, un éxito.
Es un conjunto pampeano que trasciende los límites de nuestra provincia y que, incluso, se destaca en escenarios norteños -Salta, Jujuy, Catamarca, Santiago-, donde campea el espíritu festivalero de sus peñas y grandes escenarios.
Desde promediando los ’60, cuando Los Fronterizos deslumbraron a un público entonces integrado por muchos jóvenes que los vieron en la vieja Escuela Hogar, se formaron grupos que caracterizaron al ya reconocido conjunto folklórico.
Hubo muchas agrupaciones que empezaron a destacarse, algunas de reconocido talento y realizando -en algunos casos- un concienzudo trabajo de búsqueda de nuestras raíces musicales. Muchos se presentaron en diversos escenarios -incluyendo la mítica plaza Próspero Molina-, pero ninguno alcanzó la trascendencia de estos muchachos que desde hace por lo menos un lustro son renombrados en todos lados y consiguieron el aplauso aún en escenarios donde la música folklórica tiene a sus más grandes poetas, como la mismísima Salta, y todo el norte del país.

Festivaleros.
Hoy las mieles del éxito -aunque todavía no puedan dimensionarlo cabalmente- los rodean, y cada vez levantan al público de sus asientos con sus voces y sus acordes. Pero ahora son muchos más que tres, y sobre el escenario hay una banda a la que se suman otros cinco músicos que hacen que suenen diferente: “Es que cuando íbamos solitos los tres nos daba la impresión que éramos pocos frente al resto… porque veíamos que las otras bandas se imponían e incorporaban otra manera de presentarse… probamos y, de verdad, estamos muy contentos con los resultados”, dicen sobre los nuevos integrantes.
¿Pero quiénes son, de dónde vienen, cómo viven estos artistas que un día, casi sin darse cuenta, cayeron en la cuenta que los acariciaba el éxito y la fama incipiente?

Marquitos, de Villa Tomás Mason.
Marcos (43) es hijo de un músico muy conocido, Saúl Gauna. “Papá es albañil, y siempre cantó, y la verdad es que su influencia fue fundamental”, reconoce. Marcos tenía sólo 8 años cuando su mamá, María Inés Albornoz, falleció. Tiene tres hermanas, Carina, Ivana y Vanina, y tres hijos: Lucía (16), Marquitos (12) e Ignacio (8).
“Me entró la cultura de la música casi sin querer… porque a mi casa llegaban personajes como El Bardino, y la verdad es que para mí en ese momento era el portero de mi escuela, la 201… y no me daba cuenta que Julio era casi Atahualpa”, reconoce hoy.

El fútbol, el trabajo y la música.
Marcos jugaba al fútbol en Atlético Santa Rosa, y dicen que era bueno, al punto que estuvo a punto de conseguir una prueba en Boca. “Pero se frustró y ahí sí agarré ya para el lado de la música… escuchaba cantar a mis primos, Leonardo y David, y yo de lejos los imitaba, hasta que un día me probaron… Y mirá lo que pasó: Había empezado a trabajar en Calzar, y ganaba $ 120 por quincena, y resulta que una vez actuamos como Las Voces del Caldén y nos pagaron $ 90… Hice cuentas, en cuatro sábados sacaba lo que en Calzar, y renuncié”.
“Cantábamos con bombachas de gaucho y actuábamos mucho en Pampa Cuatro, que estaba frente a La Terminal. Era un lugar que le daba espacios a nuestros cantores, y nosotros éramos los más pibes”, recuerda Marcos.

Desde abajo.
Después habría cambios en el grupo, hasta llegar a este presente: “Pero no siempre fue como ahora… pasamos por peñas, actuamos en comedores y escuelas, y estuvo bueno, porque te permite vivir esto con tranquilidad, sin creértela. No sé lo que pasó, pero me parece que fue fundamental un minuto y medio por Canal 13, donde llegamos convocados para un programa especial por Ideas del Sur, en el Cabildo de Buenos Aires. Eso y el disco ‘Tu voz’ produjeron un click que no entendemos, porque hay gente que nos dice qué arreglos hicimos, y la verdad es que desde el principio estamos más o menos en lo mismo”, se sorprende.

Julio Báez, del barrio Río Atuel.
Julio (37) es nacido en Anguil, pero desde los primeros meses vivió con su familia en el barrio Río Atuel. “Mis padres son Roberto y Noemí; estoy casado con Niza Franco y tenemos dos hijos, Aylén (16) y Tiziano (4)”. Tiene además seis hermanos.
“Obviamente iba a la escuela 78 del barrio, y fui a la EPET, porque quería ser técnico electromecánico… me gustaba eso, pero después llegó a mi casa una guitarra destartalada y empecé a tocar algunos acordes. Después papá tuvo un infarto y estuvo en el Favaloro, y al volver me dijo si quería aprender y me mandó con Mario Figueroa y más tarde con Julio González. Le gustan mucho Los Chalcha, Los Fronterizos, Los del Suquía y el tango…”, menciona.
Cuenta Julio que le gustaban los temas instrumentales, y llegaron a presentarse en una Fiesta de la Tradición como dúo con Julio González.
Empezó a dar él mismo clases de música, se juntó con Facundo Santajuliana y Carlos Luis, “Los duendes de la guitarra”.

Julio a Los Caldenes.
En el 2000, Marcos lo habría de convocar y le gustó la idea. Ahora cuenta que tienen “un grupo muy unido, muy lindo. La pasamos muy bien, y no podría ser de otra manera porque hay que aguantarse varios días de vernos las caras todos los días, y de hacer cientos y cientos de kilómetros, recorriendo todo el país”, cuenta el Flaco.
Es que además de los músicos que vienen de distintos puntos de la provincia -Aldo Dupret (bajo), Came Verón (batería), Hugo Salto (pianista, de Luiggi), Cristian Oser (de Rancul, guitarra y charango), y Francisco Terrón (bandoneón, guitarra y acordeón)-, se suman sonidista, chofer, asistente y productores, que se trasladan en un motor home que el grupo pudo adquirir hace algún tiempo.

Carlos Dante Villanueva, El Salteño.
Dicen que es el jodón, al que hay que aguantar con las bromas más pesadas. Nacido en Salta capital, tiene en Mariano Carpio a su padre del corazón, y su mamá es Yolanda Teresa Castro. Son un montón de hermanos, está casado con Leda Bregani y tiene dos hijos, Agustina (8) y Paloma (4).
Naturalmente la música ha sido una constante de su vida, “porque desde chico hice danza folk, estuve en un coro de niños, en la Escuela Superior de Música y en el Coro Polifónico de Salta; y además estudié en la Escuela Polivalente de Arte. Y encima hay que tener en cuenta que allá tenemos a los grandes poetas del folklore, como El Cuchi Leguizamón y Manuel J. Castilla…”, ejemplifica.

En la Banda del Regimiento.
Su familia lo instó para “tener un trabajo fijo”, y entró en el Ejército a la banda del regimiento. Después, en 2002 llegó el traslado a Toay y conoció nuestra provincia: “Aunque parezca mentira en el norte no saben bien qué es La Pampa… por eso está bueno cuando nos presentamos allá y les explicamos, y le decimos que no tiene el ombú, sino el caldén, y por eso nuestro nombre”, explica.
El Salteño un día pidió la baja y se fue a cantar y tocar la guitarra a Puerto Iguazú. “En temporada ganaba bien, pero después aflojaba y decidí a volver a Santa Rosa, que me había gustado mucho… Empecé a dar clases de música hasta llegar a armar la Academia ‘El Salteño’ (donde estamos charlando), y la verdad es que estoy muy contento”, agrega con humildad, pero con cierto orgullo.
“A Santa Rosa le debo todo”, admite Carlos, que dice que no siempre fue color de rosa, porque a veces les tocó dormir en una estación de trenes, comer arroz y hacer esfuerzos para poder comprar la ropa. “Somos conscientes de lo que nos pasa y no nos subimos al caballo”, sonríe ante la mirada de sus compañeros.

La nueva movida folklórica.
Son parte de la nueva generación del folklore que nace en la década del ’90 con grupos como Los Nocheros, y que abre una brecha grande entre los antiguos y exitosos conjuntos que fueron furor, como Los Chalchaleros, Los Fronterizos, Los Cantores del Alba, y tantos otros, y lo que vemos hoy en los escenarios. Aunque muchos de aquellos continúan vigentes.
Después vendría Soledad, su poncho al viento, y con ella toda una nueva generación, a la que se sumaron Los Caldenes. “Hacemos música de todos lados, pero también incluimos temas pampeanos, como Milonga Baya, La Huella de Ida y Vuelta y el valsecito que le canta a Santa Rosa”, explica Marcos.
Lo cierto es que trabajan de manera absolutamente profesional, al punto que ya están preparando “el año que viene y toda la movida”.
Pero antes, este viernes nomás, estarán en el Teatro “todos” Los Caldenes. Los que iniciaron la saga, “mi papá y mis tíos -informa Marcos- Tito Fernández, José Luis Verón, Saúl Gauna, Gogo Fernández… La idea es recorrer nuestra propia historia en 30 años de música”.
“El sueño continúa”, claro que sí. Adelante Caldenes, que el éxito está en sus manos… y en sus voces.

“Se los reconoce en todo el país”.
“Tienen un lindo presente, y un gran futuro. A todos lados donde van dejan la marca de pampeanos. Es el grupo que sin dudas identifica a nuestra provincia, aunque algunos piensen que sólo hay que cantar cosas pampeanas. Recuerdo siempre que el Turco Cafrune cantaba milongas y era de Perico del Carmen, y la gente identificaba al jujeño cantando milongas. Y vaya si les gustaba”. El de la explicación es otro triunfador, nada menos que el referente de Los Cuatro de Córdoba, el también santarroseño Víctor Hugo Godoy, que ha recorrido los escenarios de todo el mundo y sabe de lo que habla.
“A Los Caldenes se los conoce en todas las provincias, porque cantan
canciones de todo el país”, apunta.
Víctor Hugo es una suerte de padrino artístico de Los Caldenes y se retrotrae: “Allá en Cosquín, hace unos 15 años, mi hermano Juan me insistía que en nuestra peña presentáramos a Las Voces del Caldén. Soy muy amigo del papá de Marcos, Saúl Gauna, un gran ‘gaucho’, y estaban en el grupo los primos Leonardo Gauna y el hijo de Tito Fernández, conocidos de toda la vida. Vimos que tenían condiciones, pero cositas para arreglar… pero eran buenos cantores. Empezamos a trabajar, vino el primer disco, hecho algo a los ponchazos; pusimos un profesor de canto y todo empezó a hacerse más profesional”, rememora.
“Tenían gran ansiedad para conocer el país… y llegaban a decir, ‘cuando vaya usted nosotros vamos gratis’, pero no es así la cosa”, se ríe Víctor Hugo.
Después se produjo la reestructura del grupo, y “llegó una gran voz, como El Salteño, y ya estaba Marquitos Gauna. Del grupo se fue un chico, Federico… después que grabamos en Córdoba el pibe dice no canto más”. Allí se habría de incorporar Julito Báez, que vaya coincidencia “es hijo de un amigo que hizo la colimba conmigo”, reseña.
Godoy propuso que fueran lisa y llanamente Los Caldenes. “Y revolucionaron el folklore pampeano, porque no creo que ningún otro grupo haya trascendido tanto en el país como ellos… Se los conoce en Salta, Ushuaia, Misiones, Santa Fe, Mendoza… en todos lados tienen muchísimo éxito”.
Víctor Hugo señala que “hubo otros grupos de gran categoría musical en la provincia, pero no recuerdo uno con tanta trascendencia nacional”.
En el final señala que se siente “parte” de lo que le pasa a Los Caldenes, y todavía los apuntalamos desde Córdoba Producciones. Me gustaría acompañarlos el viernes 9, porque van a estar ‘todos’ Los Caldenes, desde los que se iniciaron. Va a ser un bosque de Caldenes en el Teatro Español”, cierra.

Mario Vega

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