Malvinas: la guerra que duró 74 días y mató a 649 argentinos

En medio de una crisis política, económica y social, la dictadura cívico-militar, como un manotazo de ahogado, invadió por sorpresa las Islas Malvinas. El 2 de abril, en una madrugada fría, las fuerzas armadas argentinas desembarcaron en las Malvinas y en el continente, esta decisión de la dictadura, que intentaba fortalecer su poder ante un desgaste inevitable, tuvo su correlato en la Plaza de Mayo, donde miles de argentinos festejaron la “recuperación” de las islas.
El 3 de abril, la primer ministro británica Margaret Thatcher, bautizada como “La dama de hierro”, mandó una flota hacia el Atlántico Sur.
Paralelamente, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 502, exigiendo el retiro de las tropas argentinas de las islas y el inicio de las negociaciones entre ambos países.
Entre el 5 y el 28 de abril se desarrollaron una serie de acciones diplomáticas en las que la Argentina advirtió que apelaría al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) si Gran Bretaña atacaba las islas; el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, nombró mediador al secretario de Estado Alexander Haig; y Gran Bretaña anunció el bloqueo a las Malvinas.
Asimismo, la primer ministro británica advirtió a Haig que cualquier negociación requería primero el retiro de las tropas argentinas, y el entonces dictador argentino Leopoldo Galtieri amenazó que habría batalla si los ingleses invadían Malvinas.

Guerra.
Gran Bretaña recuperó las islas Georgias de Sur, parte del archipiélago del Atlántico Sur, y el órgano de consulta del TIAR aprobó una resolución solidaria con la Argentina y sus derechos sobre Malvinas.
Esta decisión del TIAR no fue respetada por Estados Unidos, que decide apoyar a Gran Bretaña.
El 1 de mayo comenzó formalmente la guerra cuando aviones británicos bombardean la pista de aterrizaje de Puerto Argentino.
El 2 de mayo el submarino nuclear Conqueror hundió el crucero “General Belgrano” fuera de la zona de exclusión, y el 4 del mismo mes aviones de la Armada argentina provocaron importantes daños al destructor inglés Sheffield, que se hundió días después.
El 6 de mayo, un plan de paz del secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, propuso un administrador de la ONU en Malvinas mientras durasen las negociaciones, y que flameen las banderas de la Argentina y de Gran Bretaña.
El 9 de mayo se intensificaron los bombardeos británicos en Puerto Darwin y en la capital isleña; el 14 un grupo comando inglés destruyó 11 aviones argentinos; y el 15 naves británicas bombardearon la isla Borbón y destruyen otras diez aeronaves.
El 16 de mayo los ingleses hundieron al mercante argentino “Río Carcarañá” y dañaron el “Bahía Buen Suceso”, mientras continuaron los ataques aéreos y navales a las islas.

Combate.
El 20 de mayo Pérez de Cuéllar anunció que su gestión fracasó, al tiempo que Perú presentó otra propuesta de paz que también fue rechazada.
El 21 de mayo los británicos establecieron una cabeza de playa en Bahía San Carlos y el costo argentino fue grande: fue hundida la fragata Ardent y dañadas otras cuatro, cayeron tres aviones Harrier y dos helicópteros.
Tres días después, fue hundida la fragata inglesa “Argonaut” y seriamente dañada la “Antelope”.
Al día siguiente aviones argentinos averían al buque de transporte inglés “Atlantic Conveyor” y al destructor “Coventry” y por ello aviones ingleses atacaron Puerto Argentino.
El 1 de junio comenzaron los combates terrestres de envergadura a 20 kilómetros de Puerto Argentino y los ingleses que avanzaron sobre Darwin y Ganso Verde.
El 8 de junio, la Fuerza Aérea argentina hundió la fragata Plymouth y los transportes de tropas “Sir Galahad” y “Sir Tristan”.

Papa.
El 11 de junio, en medio del conflicto, el Papa Juan Pablo II llegó a la Argentina.
El 12 de junio se produjeron violentos combates, muchos de ellos cuerpo a cuerpo, en Monte Kent, Monte Dos Hermanas, Monte Longdon, Tumbledown, Monte Harriet y Moody Brock, últimas defensas terrestres de Puerto Argentino.
El 14 de junio, el militar Mario Benjamín Menéndez, quien falleció el 18 de septiembre de 2015, firmó la rendición argentina.
La derrota de Malvinas y el conocimiento de la muerte de centenares de jóvenes argentinos que fueron al frente de batalla mal pertrechados y sin ningún tipo de experiencia, y que además fueron torturados, marcó el derrumbe de la dictadura, que ya estaba jaqueada por las crecientes protestas sociales y la presión internacional por las violaciones a los derechos humanos.

Secuelas.
“Al no haber sido atendidos nuestros problemas en su momento, hoy todos los veteranos de guerra tenemos un estrés postraumático crónico y de vez en cuando alguno de nuestros compañeros tiene un episodio”, aseguró a Télam Juan Valdéz, ex combatiente, clase 63 del distrito bonaerense de Quilmes, desde donde partieron 289 soldados para las Islas.
“Hubo secuelas físicas por heridas y amputaciones, y secuelas psicológicas porque quedamos abandonados, olvidados, sin reconocimiento ni atención”, enfatizó.
Valdéz, hijo de obrero y que durante el conflicto tuvo un principio de congelamiento en las manos, al concluir la guerra no tuvo la atención que requería: “cuando iba a los hospitales me decían que vaya al ejército y cuando iba allí me decían que no me correspondía la cobertura, sufrimos ese abandono, básicamente sanitario y psicológico”, recordó.
Esta situación comenzó a revertirse 15 años después, “cuando pudimos, a través de nuestras organizaciones, implementar el plan provincial de salud mental que atiende los problemas de nuestros compañeros que a través del tiempo siguen con tratamiento”, explicó.

Suicidios y próceres.
Esos planes de salud “se replicaron después en muchas provincias, allí donde hay mucha concentración de veteranos como Córdoba, Chaco, Corrientes, Entre Ríos”, señaló.
La vida continuó y aunque “costó rearmar nuestras vidas y hubo más de 500 suicidios durante los primeros 10 años, la mayoría pudo restablecer sus vínculos, pero nos cuesta mantener una relación continua, aunque básicamente buscamos armar la familia como un refugio para nuestra contención”.
La gran mayoría de los ex combatientes que en ese momento estaban realizando el servicio militar obligatorio hoy tienen entre 52 y 53 años, una edad en la que “los médicos ya nos habían prevenido que era un punto crítico, en que te caen algunas fichas, y que en nuestro caso iba a pesar la ‘mochila de la guerra’, y que íbamos a tener una recaída en ese momento, que es lo que sucedió”, continuó Valdéz.
Aquel 2 de abril de 1982, cuando “íbamos a defender la soberanía, fuimos pensando en nuestros próceres, San Martín, Belgrano, Moreno; no apoyamos la dictadura”, recordó el ex combatiente, y añadió que ese día “había una plaza llena de argentinos victoriano a la Argentina donde había carteles que decían ‘Malvinas si, dictadura no'”.
En este marco, precisó que entre los traumas y secuelas que dejó la guerra se suman “los 100 casos que tenemos registrados de abuso de autoridad y torturas en Malvinas, por lo que nuestro movimiento de veteranos promueve que sean considerados delitos de lesa humanidad, pero la Corte Suprema hace dos años no lo dictaminó y hoy estamos frente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con el planteo de que merecen ser condenados”.

Estaqueados.
En tanto, desde la provincia de Chaco el historiador del pueblo qom Juan Chico, abocado al estudio de la participación indígena en procesos históricos y en particular en la guerra de Malvinas, aseguró que esa participación “quedó invisibilizada”, potenciando las secuelas psicológicas que dejó la contienda de 1982.
“Algunos informes calculan que alrededor de un 20 por ciento de los combatientes en Malvinas eran indígenas”, dijo en diálogo con Télam tras precisar que registró casos de ex combatientes “de pueblos originarios que fueron torturados, estaqueados, y esto va más allá del período que duró la guerra, por eso estamos trabajando el hecho de que se produjo un cambio cultural en nuestra sociedad, de mirar a los ex combatientes de otra manera, saber que ellos fueron víctimas, porque al principio no fue así”.

Discriminación.
La discriminación hacia los jóvenes originarios “lo cuenta el periodista y ex combatiente Edgardo Esteban cuando dice que él, por ser blanco, tuvo un trato diferente, y señalaba que un ejemplo eran los correntinos que tuvieron que vérselas con los gurcas, que por ser del norte, por ser correntinos, chaqueños, los mandaban al frente, porque había una concepción ideológica de que vaya el negro, el indio, el norteño, a morir en el frente de batalla”.
El investigador destacó que un ex combatiente qom decía que “cuando se hablaba de Malvinas él se callaba porque había una estigmatización sobre ellos porque se había perdido la guerra, entonces ellos callaban, se ocultaban, pero después al trabajar con ellos y ellos sentir que nosotros los valorábamos, empiezan a cambiar y a hablar de lo que vivieron”.
Lo peor de la posguerra “fue el abandono y eso en muchos casos sigue pasando porque a pesar de los avances que hubo en su visibilización y organización, están abandonados en lo psicológico, o en otras aspectos materiales como el acceso a la vivienda”, afirmó. (Télam)