Mujeres solidarias: La historia del merendero que se transformó en comedor

El día en que Mónica Barrera decidió convertir el garaje de su casa en un merendero, hacía un calor infernal. Ella lo recuerda muy bien: 8 de diciembre del 2014, su marido Rosendo arriba de una escalera luchando para cubrir con una mediasombra la construcción a medio terminar. Por la tarde llegarían los chicos, el ambiente era soporífero y ella estaba ansiosa.
Mónica (52 años, mendocina, pensionada, madre de 8 hijos) se radicó en La Pampa en el 2001, unos meses antes de que el país estallara. Quizás por ese motivo, por el mal recuerdo de la miseria y el temor que se repita, es que se le despertó la solidaridad. Tal
vez por la costumbre de tener siempre una mesa rodeada de chicos, ahora que siete de ellos armaron rancho aparte con sus respectivas parejas. En fin: en la casa del Néstor Kirchner que comparte con Rosendo y la única hija que le queda por criar, Mónica y sus dos compinches del barrio, Antonella González y Adriana Rodríguez, hacen funcionar el merendero que hace dos días dio el salto y tiene nombre propio: después de una asamblea con los chicos el lugar pasó a llamarse “El comedorcito”. Atiende lunes, miércoles y viernes al mediodía, además de los sábados por la tarde cuando se da la merienda.
“Cuando me dieron la casa empecé a trabajar con otras vecinas. Me gustan los chicos y no puedo ver que pasen hambre. La realidad en nuestro barrio es que hay muchas mamás solas, muchas que no tienen movilidad para ir a buscar una vianda a Colonia Escalante. Este es un barrio alejado, retirado del centro. Como está la situación hoy en día, es necesario un comedor”, dijo Mónica y señaló que además de comida, en el garaje de la casa ubicada sobre la calle Margartita Monges también se dan clases de apoyo escolar y que los fines de semana organizan juegos.

Mucho más que una casa.
Una pared sin revocar. Una bandera Argentina. Un póster de Mickey Mouse. Un cartel que dice Felíz Día. Cuatro mesas de plástico cubiertas con manteles cuadrillé. Platos de colores que donó Adelaida. Jarras y vasos de plástico. Una cortina de tela que hace de puerta. Las chapas por donde se cuela la luz del mediodia. Una mujer que revuelve una olla gigante y otras dos que sirven con cucharones el guiso de arroz con pollo. En el segundo día de “El comedorcito almorzaron 30 pibes y parece -dice Mónica Barerra, la fundadora del lugar- que cada vez van a ser más.
“Comenzamos con el comedor después de hacer una pollada. De esa forma hicimos una caja para comprar las cosas y tener provisiones. Por suerte unos vecinos nos donaron algunas bebidas. Pero la realidad es que nos hacen falta muchas cosas. Todo lo que la gente pueda donar es bienvenido porque acá trabajamos a pulmón. Hacen falta desde tenedores y alimentos, hasta mesas y sillas, porque las que tenemos están bastante vencidas. También ropa porque siempre hay algún chico que necesita”, agregó la mujer, que ya armó una página de Facebook para contactarse con aquellos que quieran ayudar y mostrarle al mundo entero las actividades que se hacen allí.

Para colaborar.
Para aquellos santarroseños interesados en colaborar con “El comedorcito” pueden llevar sus donaciones a Margarita Monges 1239 (entre Corona Martínez y Gaich), o contactarse con Mónica por Facebook (Merendero Néstor Kirchner Mónica) o por teléfono al 1533-9321 o
386054.