Murió Bernardo Provenzano: capo de la “Cosa Nostra”

Bernardo Provenzano nació en 1933 en Corleone, una pequeña ciudad en la provincia de Palermo dominada por la mafia y lugar de nacimiento de Vito Corleone, personaje ficticio de la novela El Padrino. Conocido como “Zio Binu” (Tío Bernardo) o “U tratturi” (El Tractor, por su fuerza y determinación para disparar), el hombre se convirtió en el sanguinario “jefe de jefes” de Cosa Nostra tras el arresto del criminal Toto Riina.
En los 42 años que permaneció prófugo de la Justicia, gestionó toda la actividad de la “Cosa Nostra” y ordenó centenares de asesinatos, lo que lo convirtió en el “enemigo número uno” de las fuerzas de seguridad italianas. Junto a su amigo Riina, desencadenó en la década de 1980 la “guerra de la mafia” contra el Estado italiano y contra los clanes rivales, una época que culminó con el asesinato de los jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino en 1992.

Arrestado.
Tras la detención de Riina, en 1993, tomó los mandos de “Cosa Nostra” y emprendió la conocida como “estrategia de la sumersión”, limitando las acciones violentas y públicas. Considerado por todo eso uno de los mayores criminales de la historia italiana, fue detenido el 11 de abril de 2006 tras estar prófugo durante 43 años.
Finalmente murió hoy en el hospital milanés de San Paolo, donde estaba internado desde el 9 de abril de 2014 bajo custodia policial.
Su estado de salud era muy delicado y sus condiciones se agravaron el viernes a causa de una infección pulmonar, señaló Roberto Piscitello, director general de detenidos en tratamiento del Ministerio de Justicia.

Sin hablar.
En sus últimos años estuvo bajo largos periodos de sueño, con un cuadro cognitivo muy limitado, sin poder hablar y en 2012 entró en coma profundo tras ser operado de la cabeza al caerse en su celda.
Las fuentes señalaron que la última visita que recibió en vida fue el domingo cuando su mujer e hijos fueron autorizados a ver a Provenzano en el centro hospitalario, consignó la agencia EFE.
En los últimos años, su abogada, Rosalba di Gregorio, había solicitado sin éxito la revocación del régimen de aislamiento, conocido como “41 Bis”, y la suspensión de la pena de su cliente debido a sus delicadas condiciones de salud.

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