Una noche de espíritu ricotero

SKAY DEJO UN RECITAL A PURO ROCK JUNTO A LOS FAKIRES

El ex Redondos hizo un recorrido por sus distintos discos y demostró que todas las piezas de su banda funcionan como un engranaje aceitado. El público disfrutó sus canciones y explotó con las que se hizo famoso junto al Indio Solari.
Habían pasado siete canciones de su repertorio solista hasta que el gimnasio del club Estudiantes tuvo su primer gran estallido. “El pibe de los astilleros” fue el himno ricotero que le dio el pico de fiesta a un recital que desgranó todas las dotes de guitarrista de Skay Beilinson, uno de los dos históricos ex líderes de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota que desembarcó en Santa Rosa junto a su banda Los Fakires.
Unas mil personas, en un ambiente muy tranquilo y con un público heterogéneo -había varias parejas con bebés e hijos chiquitos-, le dieron marco a un concierto que comenzó exactamente a las 22. Con varios grupos que llegaron desde Capital Federal y Gran Buenos Aires (algunos armaron unas carpas en el playón de cemento que está a la entrada del club), Skay desplegó su carisma desde un escenario austero pero efectivo gracias a un juego de luces acorde con la puesta de la banda.
La llegada de Skay abrió un miniciclo a puro rock en la capital pampeana ya que en el lapso de 25 días se presentan también La Renga (el sábado próximo en el predio Castelvecchio) y La Beriso (el 3 de noviembre también en el escenario del club Estudiantes), es decir, tres de las bandas más convocantes y populares del rock argentino de hoy.
Con un sonido más que correcto el tema de inicio fue “Lluvia sobre Bagdad”, lo siguió “Arriba el telón” (de su último disco La Luna Hueca, de 2013) y al final de esa canción llegó el saludo del hombre que vistió su habitual vincha, anteojos y camisa con remera: “Buenas noches Santa Rosa, La Pampa… Tanto tiempo, ¡Por finnn!!, exclamó Skay antes de los acordes de “Arcano XIV”, un tema incluido en La marca de Caín (2007) y que se llevó la ovación de los más fanáticos.
Junto a Oscar Reyna en guitarra, Claudio Quartero en bajo, Javier Lecumberry en teclados y “Topo” Espíndola en batería, el ex Redondos suena como un engranaje más que aceitado, con años de rodaje y cientos de escenarios recorridos. La voz de Skay tiene su sello personal y así lo hizo notar en “Aves Migratorias” y en “Dónde estás?”, dos canciones que bajaron un poco la euforia de muchos que vieron al ex amigo del Indio Solari por primera vez.

El pogo.
Skay y su banda tienen listo su nuevo disco de estudio, que saldrá editado a mediados de diciembre, por eso hubo algunos temas estreno que fueron bien recibidos por el público. Pero antes de eso “El pibe de los astilleros” activó el pogo y los saltos. La canción de “La Mosca y la Sopa” (enorme álbum de los Redondos de 1991) fue uno de los momentos más altos de la noche, sólo superado cuando llegó Jijiji, clásico de clásicos, que completó la cuota de euforia que muchos fueron a buscar. Revivió aunque sea un rato algo de ese espíritu ricotero que marcó a tantos en un país que tiene a Patricio Rey bajo la categoría de héroe.
También sonó “Oda a la sin nombre”, un hit de la cosecha de Skay que prolongó la fiesta y a su vez fue el preludio de la pausa. Los músicos dejaron el escenario por un rato y en la segunda parte el concierto siguió con la misma tónica, con una fiesta de acordes y letras que sonaron como lo que son, canciones de rock.