Por qué se mató René Favaloro

El 7 de julio de 2000, René Favaloro dio su última conferencia en el Círculo Médico de Quilmes. La autora de esta nota fue la organizadora de aquella charla de Favaloro 22 días antes de su muerte y fue luego la impulsora de la ley que declaró el 12 de Julio como Día Nacional de la Medicina Social en homenaje a su natalicio. Hoy Favaloro cumpliría 93 años.
Aquel 29 de julio de 2000, el edificio de la Fundación, ubicado en la avenida Belgrano casi esquina Entre Ríos, se transformó en un verdadero santuario, donde todos los que nos acercábamos tratábamos de encontrar una explicación. Las obras sociales, el PAMI, los gobernantes anteriores y actuales, eran algunos de los escritos que la gente dejaba a modo de culpabilidad. Las paredes de la entrada quedaron empapeladas con decenas de escritos de ex pacientes y admiradores que reflejaron un mensaje común: cierta culpa social porque los gobiernos no atendieron a sus reclamos y la impresión de que el célebre médico se inmoló para llamar la atención de los poderosos. “Todos los argentinos somos responsables de la muerte de Favaloro”, resumió Mirtha Legrand, durante su tradicional almuerzo televisivo. Favaloro, de 77 años, fue encontrado muerto el sábado 29 de julio de 2000 con un disparo en el pecho en su casa del barrio de Palermo Chico, de la Capital Federal.
La decisión de quitarse la vida en una personalidad tan exitosa y reconocida como él, despertó una sensación de orfandad y angustia generalizada, y la idea de que el Estado lo mató con su indiferencia, respalda del mismo modo cuando se la da a sectores empobrecidos y olvidados de la población. Con el correr de las horas, el suicidio de René Favaloro se resignificaba como una especie de sacrificio de denuncia.
El sentir popular acusó a una especie de Estado ausente, que no asumió sus deudas y de esta forma comprometía la continuidad de una institución que estaba en la punta de la investigación científica en el país. La opinión popular le endilgó el suicidio, en cierta forma, al Estado. Pero el Poder Ejecutivo, a través del entonces ministro de Salud, Héctor Lombardo, le tiró la culpa a la crisis de las obras sociales y reabrió el debate sobre la crisis del sector y su desfinanciamiento.

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Detrás de la reacción social hay un fenómeno de identificación muy fuerte con Favaloro, frente a un Estado que ignoró a la gente, que fue insensible a sus reclamos, que le da la espalda, que la deja morir, como le ocurre a grandes sectores de la población y especialmente a los ancianos. Muchos se sienten indignados porque esta muerte les ha hecho ver a qué extremo hemos llegado, que incluso el Estado no tuvo la capacidad de escuchar a una persona de la talla de Favaloro.
Hay una condición trágica del profesional, que tiene que ver con el quiebre de un científico que no puede hacer frente a prolongadas situaciones adversas. A veces, esto desemboca en el exilio y otras en el suicidio, según fuentes de profesionales en psicología.
Lo más inesperado en todo, no es tanto que Favaloro reclamaba plata para la Fundación, sino que no escucharon lo que estaba diciendo: que hay valores como la educación, la ciencia, el saber, que deben ser estandartes de un país. El hecho de que Favaloro fuera un referente social, reconocido mundialmente, hizo que su muerte dejara una sensación colectiva de gran vacío. Fue un hombre modelo y de alguna manera la gente lo tenía como referente. Perder esos valores vivos encarnados en una persona como él, genera una suerte de orfandad.
No creo que se haya suicidado por problemas económicos sino por falta de atención, que en el más cabal de los sentidos no es un fenómeno individualizable sino colectivo. La gente expresó su desazón por las dificultades, ya que es difícil encontrar a alguien que proponga una mejora a la crisis o que proponga algún tipo de solución. Hubo una deflación de toda esperanza.
El profesor José María Mainetti, amigo y maestro de Favaloro, dio su visión. “El cardiocirujano estaba asqueado de la corrupción que había en el país, y se había desilusionado porque su programa de salud solidario no tenía el apoyo político suficiente”. “La caída del estado de bienestar, que enseñó a la gente a ser eficiente, y el consecuente quiebre del sistema de salud, fueron parte de las causas que llevaron a Favaloro a tomar esa decisión, porque no quiso entregarle el alma al diablo y en su condición de monje mendicante, prefirió ser digno de su gente y de sus pacientes”.
En una Argentina empobrecida, donde la salud y la educación debieron ser pilares fundamentales para que el pueblo se encamine a un destino de grandeza, la desaparición de René Favaloro, dejó en los corazones sensibles, un hueco profundo, doliente, que sólo podrá recomponerse si su legado es respetado. En ese momento estoy segura que René Favaloro podrá descansar en paz y la sociedad en su conjunto, saldar la deuda que con él todos tenemos.
María A. Querol Visconti

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El Día Nacional de la Medicina Social se celebra hoy en todo el país en homenaje a René Favaloro: el cardiocirujano que cambió la historia de la medicina y que se quitó la vida en plena crisis del 2000 tras ser ignorado por las autoridades gubernamentales.

María Querol Visconti, una de las impulsoras de la Ley Nacional de la Medicina Social, que se celebra todos los 12 de julio en homenaje a Favaloro, dialogó con periodistas de El Aire de la Mañana (Radio Noticias) y definió que el médico “amó La Pampa y siempre la tuvo en cuenta”.
Querol Visconti recordó que tras redactar el fundamento de la ley, y aprobarse en Diputados en 2001 y en Senadores en 2002, el profesor José María Mainetti pidió hacer una nota para llevarla a la Casa Rosada con el objetivo de reglamentarla. “Entregué la carta y mi gran sorpresa fue que llamó la secretaria de Néstor Kirchner diciendo que el presidente me quería hablar: el 17 de mayo del 2004 nos recibió y reglamentó la ley”, recordó.
Para Querol Visconti, organizadora de la última conferencia que brindó Favaloro en Quilmes, con esta ley se puede recordar a varios profesionales que hicieron medicina social como por ejemplo Esteban Laureano Maradona.
“Favaloro sintió mucho la muerte de su hermano, su fiel compañero, luego falleció su esposa, no pudo tener hijos, le paso de todo: era una persona tirando a depresiva y se hacía mucha mala sangre”. Amplió que fue “muy maltratado en nuestro país por lo que de nada sirven todos los honores que se llevan a cabo en la actualidad”.

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