Proponen una canasta de alimentos “nutricionalmente correcta” para combatir la obesidad

La canasta básica de alimentos (CBA) es una herramienta que varios países de la región adoptaron en los ’80, cuando preocupaba la desnutrición, mientras que actualmente el problema es la alta prevalencia de obesidad, por lo que sería conveniente medir el precio de una canasta “nutricionalmente correcta”, según un estudio difundido hoy.
El objetivo a mediano y largo plazo para revertir estos “problemas contemporáneos debe apuntar a la mejoría de la calidad nutricional de la dieta, como un medio más, entre otros, para favorecer una menor tasa de obesidad”, afirma Sergio Britos, director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de Alimentación (Cepea).
Para el investigador, “el concepto de CBA no es suficiente para dimensionar los nuevos ejes de problemas relacionados a la alimentación”.
“El precio de una canasta saludable de alimentos (CSA) es una mejor referencia”, pues “integra todas las recomendaciones de ingesta de nutrientes esenciales”, los límites máximos de los que son críticos y la variedad -incluidas las bebidas- que promueven las guías alimentarias”, comparó.
Un patrón saludable de alimentación integra alimentos y bebidas de tres niveles de calidad o densidad nutricional: alta, intermedia y mínima.
Los productos de alta densidad nutricional son los que aportan grandes cantidades de nutrientes esenciales (vitaminas, minerales, fibra) y pocos nutrientes críticos (azúcares agregados, sodio, grasas saturadas y trans) por cada caloría.
Este nivel abarca hortalizas (excepto papa, batata, choclo y mandioca), frutas, leche y yogur, carnes de todo tipo, semillas, granos, legumbres, cereales integrales, aceites y también el agua, ejes de una canasta saludable y de los que debería provenir “no menos de dos tercios del total de las calorías diarias”, destaca el informe.

Alimentos.
En el grupo de densidad intermedia están los alimentos que aportan menos nutrientes esenciales y algo más de nutrientes críticos: pan y panificados, galletitas tipo cracker, harinas refinadas, arroz, harina de maíz, hortalizas feculentas, carnes procesadas (hamburguesas, rebozados, pescados al aceite), quesos y pastas frescas envasadas, que deberían representar cerca de un 20% de las calorías totales.
El resto -aproximadamente 15%- de las calorías “provienen de alimentos de mínima densidad o calidad por su bajo (a veces ningún) aporte de nutrientes esenciales y alta cantidad de nutrientes críticos”, como aderezos, grasas animales, bebidas azucaradas, golosinas, alfajores, galletitas dulces, caldos en cubito o sopas en polvo.
Sin embargo, apunta Britos, cada caloría del primer grupo “en promedio cuesta casi un 50% más que los de mínima densidad. El diferencial de precios es inversamente proporcional a las brechas de consumo en alimentos: los más caros, de buena calidad nutricional, son los menos consumidos”, como hortalizas, frutas y lácteos.
“En tiempos de epidemia de obesidad y de la necesidad de un consumo más saludable, parece lógico que las intervenciones gubernamentales promuevan el concepto de canasta saludable”, faciliten el acceso a “los alimentos del primer nivel de calidad y estimulen su consumo a través de un uso inteligente de incentivos fiscales”, expuso el director del Cepea. (Télam)

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