Publicarán la biografía del argentino que tradujo el Ulises

José Salas Subirát (1900-1975) fue un hombre corriente. Nunca llamó mucho la atención fue autor de manuales de seguros. Sin embargo, fue quien en un acto de arrojo intelectual tradujo al español en forma autodidacta el “Ulises” la obra maestra de James Joyce. Esa es la historia que rescata Lucas Petersen en su libro “El traductor del Ulises”.
El libro, editado por Sudamericana, repasa la historia de un argentino que sin haber completado la escuela primaria, aunque con facilidad para aprender idiomas y escribir textos de superación personal, tradujo la que se consideraba la mejor (y una de las más complejas) novela en lengua inglesa del siglo XX: un día en la vida de Leopold Bloom y Stephen Dedalus en la Irlanda de 1900, inspirado en el “Ulises” de Homero.
Hasta la aparición de la obra de James Joyce, ninguna otra había logrado de manera tan eficaz poner en el centro de una epopeya a un hombre común. “Nadie sabía qué era en realidad lo trivial antes de la obra de Joyce”, anticipa Lucas Petersen en la introducción de su libro, citando a Richard Ellmann.
La Dublin que contiene la lengua de Joyce (1882-1941) fue comparada con la Londres de Dickens y la París de Balzac. Victoria Ocampo quería hacer esa traducción junto a Borges. Pero fue Salas Subirat quien llevó a cabo la empresa, y lo hizo durante sus viajes al trabajo en el ferrocarril Mitre.

Río turbulento de la prosa.
Ese vínculo desprejuiciado con la lengua y la literatura trajo yerros al emblemático texto publicado en 1945, atacados por entendidos como Borges, pero permitió captar “el río turbulento de la prosa joyceana”, según postuló Juan José Saer años después. Un “Ulises” criollo que incluía acepciones como ‘vinachos’, ‘requetebién’ y ‘copetudos’, celebrado por quienes accedieron tempranamente a su lectura, como Alejandra Pizarnik.
Pero este libro también rescata a una generación, “hijos de inmigrantes a quienes la mirada artística nunca perdonó su conservadurismo pero que fue más allá de lo estético. Social y política, su intervención reclamó el acceso comunitario a los bienes culturales”, dice a Télam Petersen, docente y periodista que presentará el libro este viernes a las 19 en el Centro Cultural Kirchner (Sarmiento 151, CABA).

Por Sáer.
-Télam: ¿Cómo llegó a esta historia?
-Petersen: Gracias a la nota de Juan José Saer. Me llamó la atención lo poco que se conocía sobre su vida, que había sido empleado de comercio muchos años, que había escritor libros de seguros y de superación personal, que había tenido una academia de inglés en la década del 20 y no mucho más.
Leí el “Ulises” de Salas Subirat en 2008, siete años después de esa nota, una experiencia intensa y dolorosa de la que me queda una experiencia extraliteraria muy fuerte, viajando en el 24 por avenida Corrientes, con luz muy tenue y leyendo la visita al prostíbulo.
-T: La búsqueda de material fue compleja, señala en su investigación, porque Salas Subirat es un apellido compuesto que desaparece en las siguientes generaciones.
-P: Comencé la investigación en 2010 y estuve un año buscando a la familia. Había muy poca información, tuve que recurrir a padrones electorales y listados de la Anses, pero nada. Salvo algún aviso fúnebre de la familia, donde leí que tuvo una hija Íside y un hijo Eduardo. Íside se había casado con un González, así que sus hijos llevaban ese apellido y, de los cientos de Eduardo Salas que había en guía telefónica, di con un psicoanalista ya muerto. Resultó ser su hijo. En la biblioteca de la Asociación de Psicoanálisis Argentina (APA), finalmente di con un amigo de Eduardo, que en 2011 me contactó con los nietos de Salas Subirat.
-T: El libro recupera extractos de cartas personales, críticas artísticas, novelas, cuentos, poemas e incluso traducciones, muchas de ellas escritos a la par de su trabajo con “Ulises”, entre 1940 y 1945. ¿Cómo dio con esos documentos?
-P: Diarios, bibliotecas y el material que me aportó la familia, que sirvió para reconstruir sus primeros años de vida. Lamentablemente ese material no era el de su trabajo intelectual, porque cuando Salas Subirat murió, el 29 de mayo de 1975, su mujer Íside conservó solo las cartas de amor. En ellas queda claro el intercambio intelectual que buscaba de joven cuando, aún sin red, encontraba en Íside a su gran interlocutora. Luego, gracias a sus intereses personales y la cercanía geográfica con algunas imprentas y librerías emblemáticas de la época, tomaría de interlocutores a los integrantes del grupo Boedo, y en la madurez los trascendería incluso.