¿Quién era Mohamed Lahouaiej Boulhel, el autor del atentado en Niza?

Ninguno de sus vecinos lo vio alguna vez en la mezquita, pero hasta los que apenas lo conocían describen a Mohamed Lahouaiej Boulhel, el autor de la masacre de Niza, como una hombre “raro” y “agresivo” que arrastraba problemas con la policía y que golpeaba a su ex mujer. 
Su retrato coincide en algunos aspectos con el de los autores de atentados de corte yihadista ocurridos en el último año y medio en Francia -hombres jóvenes, musulmanes, habitantes de la periferia y problemáticos-, pero con la salvedad de que sobre él no existían sospechas de radicalización. 
Mohamed Boulhel, tunecino de 31 años, residía legalmente en Niza y aunque tenía antecedentes policiales en Francia, por actos de violencia, la mayoría de género, amenaza, robo y otros delitos cometidos entre 2010 y 2016, no había nada que hiciera pensar que era un radical. 
El método con el que llevó a cabo el ataque aplastando a una multitud con un camión, apunta a una técnica de terrorismo habitual en los países de Medio Oriente y enseguida levantó la sospecha. 
De hecho, el primer ministro francés, Manuel Valls, declaró al canal France 2 que se trata “de un terrorista que estaba asociado de una u otra forma con el islamismo radical”. 
Sin embargo, el fiscal de París encargado del caso, François Molins, indicó hoy que “no estaba fichado” por las fuerzas de seguridad especializadas en la lucha antiterrorista, ni existían informaciones para considerar que existiera riesgo en ese sentido. 
A su vez, el ministro del interior, Bernard Cazeneuve, aseguró que de momento no existe ningún elemento que permita vincular con el yihadismo a Mohamed Boulhel.
Quienes lo conocían discrepan con Valls.
“No era practicante, no iba a la mezquita y bebía alcohol”, dijo a Télam Wahid, un vecino del barrio Rouret, un suburbio de la zona norte de Niza, donde Boulhel vivía con su esposa hasta hace unos meses, cuando ella le pidió el divorcio. 
“Conozco a su mujer, y sé que tenían problemas, y estoy muy apenado por ella y sus tres hijos, son buenas personas”, añadió. 
Otro vecino, de unos 60 años, vestido de chilaba, remarca que el hombre que sembró pánico y muerte en Niza “no frecuentaba la mezquita, no era religioso”. 
“Sí sabía que tenía problemas con su esposa, de violencia, y que ella le pidió el divorcio”, apunta, mencionando una información que fue confirmada oficialmente por las autoridades. 
La policía irrumpió este mediodía en el departamento de la todavía esposa del atacante -el divorcio está en proceso- y se la llevó para interrogarla. 
Su hermano no quiso hacer declaraciones, mientras en las puertas del domicilio el ambiente era tenso. Desde el edificio arrojaron varios huevos a la prensa que reportaba desde el lugar, entre ellos esta enviada. 
“Los periodistas vienen aquí igual que la policía, con sus prejuicios”, dijo un joven norafricano, también vecino de la ex mujer del atacante. 
Sergio, en cambio, que vive en la misma planta del edificio, la número 12, no tuvo problemas en responder a los periodistas: “era muy raro, te lo cruzabas y nunca te decía ni buenos días”. “Trabaja y era transportista”, agregó sobre el atacante.
Un adolescente de 17 años, por su parte, dijo que Boulhel era “normal” y que “solía jugar al fútbol en el barrio”. Y otro joven sostuvo que “le gustaba bailar salsa y frecuentaba mujeres”. 
Los testimonios fueron dibujando a una persona con problemas policiales, financieros y de juego, que solía vestir ropa deportiva y andaba mucho en bicicleta. 
Cuando se separó de su esposa, Boulhel se fue a vivir a un edificio en otro barrio popular, en la calle Turín número 62. Aunque era una persona callada, allí tampoco pasó desapercibido. 
“Muchas veces olía a alcohol”, señala Jasmine, una vecina de la que era su actual morada. “Era un hombre atractivo, pero parecía agresivo, no saludaba, no hablaba con nadie”, indica, coincidiendo con otros testimonios. 
Jasmine también remarca que sabía que tenía problemas con su pareja y que sus hijos nunca lo visitaban en su casa. 
“Si fue capaz de hacer lo que hizo es porque está loco”, subraya. 
Jamal, en cambio, no cree que estuviera loco, y tampoco que tuviera una motivación religiosa, pero señala que era “inestable”. 
“Cuando lo conocía venía precisamente de tribunales y estaba nervioso. Me contó todos sus problemas, con su mujer y con la policía”, explica este hombre de unos 40 años, que llegó a tener algunas charlas personales con el atacante. 
El ministro de Justicia, Jean Jacques Urvoas, explicó que el Tribunal Correccional de Niza condenó el 24 de marzo a Boulhel a una pena exenta de cumplimiento -de hecho nunca estuvo en prisión-, por haber agredido a un hombre con un objeto de madera a raíz de una disputa de tráfico. 
“Era violento, él mismo me dijo que había golpeado a su mujer”, relata Jamal. “Me hablaba mucho de ella y, evidentemente, era muy celoso”. 
“Pero también tenía otros problemas, debía dinero, 2.500 euros, jugaba mucho en el casino, y de vez en cuando tenía asuntos con la policía”, cuenta, sin dar otro detalles.
Pero de ahí a que arrollara con un camión a decenas de personas es algo que ni él ni nadie se hubiese imaginado.
La misma perplejidad mostró el abogado que defendió a Boulhel en un caso de delincuencia común, Corentin Delobel, para quien “era un individuo normal, sin nada de particular, no más específico que otros casos que vemos regularmente yo y mis colegas cuando somos llamados de oficio”.
El letrado, que lo defendió en una disputa de tráfico ocurrida en enero y por la que fue condenado el pasado marzo a seis meses de cárcel exentos de cumplimiento, aclaró en la cadena BFM TV que tampoco hubo elementos en ese momento que recomendaran “una investigación psicológica o psiquiátrica profunda”.
Mucho menos, aseguró, había hecho ninguna declaración particular que hiciera presagiar que podía llevar a cabo un atentado como el de anoche, o que dejara suponer que pudiera pertenecer a alguna célula radical islámica.
No obstante, los indicios indican que lo hizo de forma premeditada. Alquiló el vehículo en una empresa de Saint Laurent du Var, a pocos kilómetros al oeste de Niza, y se dirigió rumbo al centro de la ciudad, donde una multitud se congregaba en el paseo marítimo para disfrutar de un show de fuegos artificiales con motivo de la celebración del 14 de julio, fiesta nacional en Francia. 
Boulhel tenía en su poder un arma corta que utilizó para disparar a la policía antes de ser abatido, además de varias armas largas y una granada de mano, que resultaron ser falsas. En el interior del camión: una bicicleta, probablemente la que Jamal dice que usaba todos los días. 
La Fiscalía investiga los hecho como asesinatos, intentos de asesinatos y terrorismo, sin que existan hasta el momento vínculos yihadistas. La policía allanó hoy su casa, donde encontró documentación e información que está siendo analizada. (Cecilia Guardati, Télam)

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