Sandra Mihanovich celebra 40 años con la música

La cantante Sandra Mihanovich, que los días 14 y 15 de octubre celebrará sus 40 años de trayectoria con una serie de conciertos especiales en el porteño Teatro Ópera, afirmó que no intentó “levantar ninguna bandera” al abordar determinadas temáticas en el repertorio que la acompañó en su carrera y señaló que se limitó a elegir canciones en donde se manifestara “la libertad de decir y hacer lo que uno siente”.
“Nunca intenté levantar ninguna bandera de nada. Siempre canté las canciones que sentía que tenían que ver con quién era yo. Siempre hablé de la identidad y la libertad de decir lo que uno siente, de la no obligación a ser todos iguales, del hecho de ser únicos”, dijo la artista.
Al respecto, aseguró que no se siente “una transgresora que salió a vociferar su verdad a los cuatro vientos, sino que tomé la oportunidad de cantar canciones importantes, que fueron marcando épocas y fueron dichas en un contexto y en situaciones en donde todos querían decir esas cosas”.
Estas palabras de Mihanovich toman una real dimensión si se tiene en cuenta que su carrera se inició en el año 1976 y tuvo su explosión en los primeros años de la década del ’80, cuando la dictadura militar se planteaba en retirada y el advenimiento de la democracia traía nuevos aires para la cultura en general.
En ese contexto, Sandra llamó la atención con sus interpretaciones de títulos como “Puerto Pollensa”, “Hagamos el amor” y “Soy lo que soy”, muchos de ellos retomados como banderas por grupos que luchaban por la identidad de género.
Sin embargo, la cantante afirmó que ese tipo de lecturas “se generaron por afuera de la canción y transitan por el lugar del inconsciente colectivo”, debido a que las letras “no dicen explícitamente nada de eso”.
“El éxito de ‘Puerto Pollensa’ reside en que es una canción de amor muy bien contada y mucha gente se sintió representada más allá de la orientación sexual. Yo siempre me mantuve al margen de las cuestiones militantes y canté lo que quise. Mi vida privada tuvo un perfil bajo y me parece maravilloso que las canciones tengan su vuelo propio”, explicó.

“Soy lo que soy”.
Del mismo modo, consideró que “si ‘Soy lo que soy’ hubiera sido sólo un himno gay hubiera sido algo limitado en el tiempo” y que su éxito se debió a que “era una época en donde los argentinos teníamos ganas de decir lo que se nos ocurriera”.
Sin dudas, ambas canciones serán parte de la larga lista que Sandra prepara para los festejos en el Ópera, en donde además no faltarán invitados especiales como Alejandro Lerner y Marilina Ross, autores de muchos de sus éxitos, entre otras sorpresas.
“Es como cuando uno cumple 40 y decide alquilar un salón, invitar a los amigos, contratar al mejor disc-Jockey. Bueno, mi idea es hacer una fiesta de 40 así. Es un festejo importante que vengo preparando desde hace bastante. En realidad, todos los eventos en los que participé este año los consideré parte de mis festejos por los 40 años, pero esta es la fiesta central”, graficó Sandra.
A la hora de repasar su historia musical, la cantante aceptó que para poder encontrar su propia identidad debió tomar distancia del jazz, un género que era casi un mandato familiar, si se tiene en cuenta que por un famoso sótano que había en la casa de abuelo paterno pasaron a “zapar” las figuras internacionales más importantes de ese género.
Por este motivo, Sandra se definió como “una cantante que abarca varios estilos, que mezcla todo”, y reconoció que se sintió influenciada al ver comedia musical en Estados Unidos, en ocasión de un viaje que hizo de niña junto a su abuela.

“Corriente de afecto”.
“Siento que tengo una formación jazzística genético-familiar, pero yo aprendí a cantar en los pubs y la primera ficha que me cayó fue que era mucho más interesante el vínculo que se generaba cuando se entendía lo que decía”, recordó.
Y añadió: “Para mí, el jazz es en inglés. La pasaba bien cantando jazz, lo disfrutaba, pero la posibilidad de abarcar más gente y tener un vínculo real era cantando en castellano. La onda jazzera está pero busqué autores que me permitieran tener una identidad como intérprete”.
Más allá de los caminos artísticos recorridos, que incluyen una laureada carrera paralela en cine y televisión, Sandra reconoce que su cuna familiar la ayudó a la hora de obtener el cariño de la gente, del mismo modo que lo hizo el gesto que tuvo en 2012 de donar un órgano para Sonsoles, hija de su pareja, único caso en donde sí se postula como “una militante”.
“Siento una corriente de afecto absolutamente enorme que me rodea, me envuelve todo el tiempo. Por un lado tiene que ver con mi historia, con mi carrera, con mi familia de pertenencia, el enorme cariño que le tienen a mi mamá y, sin dudas, se vio potenciada de una manera muy fuerte cuando hicimos lo del trasplante”, dijo.
Y concluyó: “Mi balance es muy positivo. Siento que soy una mujer sumamente privilegiada y agradecida por todo lo que me ha tocado vivir. Elegí canciones que la gente eligió conmigo, me he rodeado de músicos maravillosos, he cantado con gente que quiero, me he ganado la vida. Hay un agradecimiento muy grande de mi parte”. (Télam)