Se fue un pionero de la radiofonía pampeana

A la edad de 89 años falleció Julio Espinosa, querido personaje que será recordado siempre como verdadero pionero de la radiotelefonía pampeana, porque resultaba imprescindible para la puesta en el aire de cualquier audición de emisoras locales.
Quienes conocieron a Julio lo recordarán rodeado de equipos improvisados, cables, antenas, postes, alambres, micrófonos, y todo lo que hiciera falta para poner al aire una transmisión, ya se tratare de un acto en cualquier lugar de la geografía pampeana, de una carrera de autos, motos o ciclismo, o de un partido de fútbol que debía llegar al oyente de toda la provincia.
Era él quien garantizaba la salida al aire de esos acontecimientos, en tanto Eugenio Cosci, Jorge Fernández, o Juan Carlos Carassay, entre tantos otros que dependían de su pericia, prendían velas esperando que Julio pudiera -aunque cinco minutos antes de una emisión- lograr que los viejos equipos funcionaran.
Se cuentan por centenares las anécdotas de lo que eran verdaderas aventuras periodísticas, cuya emisión sólo podía posibilitar el genio de Julio Espinosa. Cuando los acontecimientos se desarrollaban en lugares distantes, había que apelar al ingenio e improvisación de un técnico que ponía toda su inteligencia y su talento al servicio de la radio.
Paradójicamente cuentan que a Julio le costó el primario escolar, y se explicaba simplemente porque su genio estaba puesto dos pasos más adelante, empujado por el viento de cola de su propia ansiedad por saber, por investigar, por hacer.

Sus inicios.
Todavía un chico empezó a trabajar en un negocio de electricistas, y allí habría de conseguir sus primeros conocimientos sobre la cuestión. Con el tiempo se empleó en un comercio de venta y reparación de radio receptores. Y allí se rendiría para siempre ante la naciente y revolucionaria ciencia de la comunicación radial, cuando asomaba la década del 40 y cuando el receptor era un artículo de lujo de unos pocos.
En algún momento comprendió que debía, además de sus conocimientos prácticos, adquirir otros que lograría en un curso por correo en la Escuela Latinoamericana de Oficios de Buenos Aires. Pero permanentemente estaría capacitándose como autodidacta, leyendo cuanto llegara a sus manos sobre transmisiones de todo tipo.
Estuvo vinculado a las primeras radios grandes de la provincia, porque cuando Radio Nacional se instaló en Santa Rosa, en 1950, junto a otro grupo de jóvenes técnicos, pusieron la emisora al aire.
Pero también LU33 contó con su concurso, y cada vez que había un inconveniente, allí estaba Julio Espinosa para meter mano y conseguir que no hubiera interrupciones.
A una edad en que no todos se atreven, cuando la generalidad rechaza el desafío, estudió bachillerato en una escuela nocturna; y más de una vez en que una radio a su cargo tenía algún problema debía dejar la clase para ir a arreglar el problema.

Vinculado a LA ARENA.
Julio Espinosa estuvo toda su vida vinculado de alguna manera a este diario. En tiempos difíciles de LA ARENA, la histórica teletipo -que los jóvenes cronistas no llegaron a conocer- que traía la información nacional e internacional, en más de una ocasión se encaprichaba de tal manera que desafiaba la necesidad de la salida del diario. Era cuando llegaba Julio como salvador para meter mano y superar los problemas.
Cuando la policía de territorios se comunicaba usando palomas mensajeras, fue el encargado de empezar a instalar los equipos de radio para adecuarse a los tiempos que llegaban.
Pero no sólo eso, ante un problema que complicaba el tráfico aéreo del aeródromo de Santa Rosa por los años 60, Julio fue requerido para salir del apuro, y su ingenio nuevamente se habría de imponer sobre la dificultad.
Su deceso enluta a la numerosa familia que conformaba con Delia Datri, sus hijos Graciela Edith, Julio César, María Cristina, Susana Mabel, sus hijos políticos, hermanos, nietos y bisnietos.
Se fue un verdadero personaje, que merece ser recordado como un hombre de inagotables conocimientos, pero que además tenía esa cuota de compromiso que pocos tienen. Esa persona para quien era más importante que el reconocimiento económico poder pasarse la mano por la frente y sólo decir: “Deber cumplido”. Así era él.
Hasta siempre Julio.