Sobrepeso nervioso: cuando el estrés impide bajar de peso

“Hay infinidad de regímenes y planes de alimentación que por más voluntad con que sean acompañados no logran el objetivo de perder los kilos de más, y eso muchas veces no se debe a falta de constancia ni flojera, sino al estrés crónico que a diario se alimenta de situaciones plagadas de estresores y se hace cada vez más fuerte”, explicó la directora de Maffei Centro Médico.
La también miembro de las sociedades argentinas de Endocrinología (SAEM) y Osteoporosis (SAO) graficó que la respuesta del cuerpo frente a una experiencia estresante es “la misma que tenían nuestros antepasados para lograr sobrevivir a las amenazas”.
“Así, se generan diversas sustancias como la adrenalina y el cortisol (la hormona del estrés) que nos preparan para la acción. Sin embargo, los peligros ya no son la lucha o el mal tiempo, y el estrés moderno no se diluye tan fácilmente ya que son varios los factores que lo generan, como el hecho de tener que tomar decisiones rápidas bajo presión o la sensación de que ningún logro es suficiente porque las demandas son cada vez más grandes”, señaló.
La especialista apuntó que el cortisol en sí mismo no es negativo, ya que el cuerpo lo utiliza para mantener los niveles de presión sanguínea y además desempeña un papel importante en la metabolización de grasas y carbohidratos para transformarlos en energía.

Sin embargo, cuando el estrés es constante el cortisol desajusta el metabolismo, y entre otras cosas no permite adelgazar.
“Frente a situaciones estresantes, la corteza suprarrenal es estimulada para aumentar la producción de la hormona cortisol, lo que a su vez indica la liberación de grasas y glucosas a partir del tejido adiposo en el torrente sanguíneo para que grandes cantidades de energía corran por el cuerpo y se pueda enfrentar el estado nervioso”, continuó.
Al mismo tiempo, “el estrés inhibe las funciones de la insulina (desplazar la glucosa desde el torrente sanguíneo hacia las células que la almacenan y su secreción por las células beta del hígado) para asegurar que las grasas y la glucosa de la sangre permanezcan disponibles para su uso. Es así que el metabolismo se prepara para resolver la situación de alarma”.
“Cuando una persona sufre de estrés crónico y el cortisol no cesa de segregarse, el cuerpo no puede asimilarlo de manera adecuada y hace que almacenemos el exceso de grasa como un instinto de supervivencia que se traduce en kilos de más hacia el abdomen antes que hacia las caderas, grasa que está estrechamente relacionada con las enfermedades cardiovasculares”, explicó.
Otro efecto secundario frecuente del exceso de cortisol es el aumento del apetito, “ya que al estar estresados nuestro cuerpo necesita más energía, por eso quienes aumentan de peso como respuesta al estrés suelen admitir que en momentos de mucha ansiedad se inclinan por comidas altas en calorías, grasa y azúcar”.

“Cuando una persona sufre de estrés crónico y el cortisol no cesa de segregarse, el cuerpo no puede asimilarlo de manera adecuada y hace que almacenemos el exceso de grasa como un instinto de supervivencia que se traduce en kilos de más”

Según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR) -de 2013-, seis de cada 10 personas tienen exceso de peso en Argentina, mientras que dos de cada 10 son obesas.
Maffei explicó también que la sensación de placer está relacionada con la secreción de dopamina y oxitocina, un neurotransmisor y una hormona segregadas por la hipófisis. La dopamina tiene, entre otras funciones, la de mediar el placer en el cerebro y su secreción se da durante situaciones agradables.
La comida, el sexo y algunas drogas son también estimulantes de la secreción de dopamina en el cerebro, mientras que la oxitocina provoca una respuesta de placer y posee una función de recompensa.
“Frente a una situación estresante el cortisol inhibe la dopamina, por lo que la sensación de placer disminuye, mientras que la oxitocina disminuye la hormona del estrés y mejora el circuito placer/displacer, en el que la nutrición cumple un papel importante ya que cuanto más placer sentimos, más comemos, independientemente de nuestra sensación de hambre”, agregó.
Así, los productos más energéticos, como los ricos en grasas y dulces, colaboran con la sensación de placer y disminuyen el cortisol, calmando la sensación de estrés: “Sin embargo son dichos alimentos los que favorecen una conducta compulsiva o ‘hambre emocional’, que sucede cuando la persona come no por verdadero apetito sino como respuesta para calmar emociones desencadenadas por una situación de estrés”, precisó la experta.
“Para bajar de peso en forma efectiva y saludable no sólo es necesaria una alimentación balanceada y actividad física, sino también controlar estrés”, concluyó. (Telam)