Tejedoras de sueños

Norma Páez y su hija Ana Paula llevan adelante un microemprendimiento de tejidos. La compra de una máquina industrial les permitió crecer y expandirse en una apuesta que les da resultados positivos.
Ana Paula trabajaba entre 8 y 10 horas diarias en la caja de un supermercado. Llegaba cansada y solo tenía ganas de encontrarse con su pequeño hijo, pero no estaba satisfecha. La necesidad económica parecía no ofrecer otra salida. Hasta que esa puerta se abrió en el lugar que tenía más cerca y que menos imaginaba: su propia casa.
“Hace tres años que dejé el supermercado y me dediqué a tejer. Fue un cambio muy significativo que me hizo muy bien: estar en mi casa, disfrutar de mi hijo, trabajar de lo que me gusta… Por supuesto que cuesta pero el camino es muy lindo, me estimula cada día, porque hacer lo que vos querés y lo que más te gusta te hace olvidar los disgustos”, cuenta con una sonrisa contagiosa Ana Paula Gómez. Hoy con 32 años, un hijo de 5 y una mamá que le abrió el camino para sumarse a “Norma Páez Tejidos”, trabaja en el microemprendimiento que ambas llevan adelante desde su taller en San Luis y Lope de Vega, en el barrio 26 de Septiembre de Santa Rosa.
“Hace más de cinco años que tejemos con mi mamá. De a poco nos animamos a tejer más y empezamos a ir a las ferias para vender. Cuando vimos que la cosa funcionaba pedimos uno de los préstamos para microemprendimientos que otorga el gobierno de la provincia y eso fue clave para empezar a crecer y tener otra perspectiva”, resaltó la joven.
El dinero del préstamo destinado a los microemprendedores les permitió comprar una máquina industrial de tejer. La producción subió inmediatamente en cantidad y diversidad. “Pudimos hacer otras cosas: gorros, bufandas, buzos. Tuvimos la posibilidad de tener mucha más cantidad de lana y con la máquina se puede hacer más rápido y mayor cantidad que a mano, que te lleva mucho tiempo”, explicó Ana Paula, a la espera de Norma, que en plena apertura de la ExpoPymes seguía dentro del auto estacionado dando las últimas puntadas a unos sweaters que “sí o sí” tenían que estar en el stand.
Difusión.
Ana y Norma tejen al crochet, a dos agujas, hacen decoración de hogar, vestidos, ponchos, gorros, atrapasueños, accesorios. “Vamos aprendiendo y creciendo de a poco. Cuando hay ferias vamos y tenemos nuestra página de internet, de Facebook, para tomar los pedidos. Trabajamos en el taller y montamos el showroom en mi casa”, cuenta Ana.
Madre e hija aseguran que la clave del rubro es ofrecer variedad e ir abriendo caminos. Además, claro, de tener “un estilo”, un perfil que las identifique en cada producto que sacan a la venta.
“Cada vez hacemos más cosas. Ahora sumamos colgantes y souvenirs. Nos diversificamos. Entonces el cliente puede encontrar lo que busca pero también sorprenderse con algo que no buscaba o no esperaba. Es cierto que en la provincia hay muchas tejedoras; otras hacen muñecos y cosas distintas, lo nuestro es más la indumentaria. El secreto del rubro es tener un estilo que sea tu sello, tu marca. Yo hago piezas que son todas distintas: colores, diseños, texturas. Cada una tiene su perfil”, detalla Ana con el entusiasmo de quien sigue su propio camino.
“Tejidos Norma Páez” busca ampliar su horizonte fuera de los límites pampeanos, por eso están atentas a todas las ferias de emprendedores y gracias a la difusión lograron ventas en Bahía Blanca y Córdoba.
“Tratamos de ir a todos lados. Me parece que es clave darte a conocer, promocionar tu producto. Este año fuimos por primera vez a la ExpoPymes y está buenísimo por la cantidad de gente, porque te relacionás con otros emprendedores. Todo sirve para crecer”, resaltó Ana Paula.
¿Cuesta mucho el camino del emprendedor?
“Cuesta, hay que dedicar muchas horas y se necesita ir aprendiendo muchas cosas que por ahí uno no tenía en cuenta. Va a costar hasta conseguir una clientela firme, pero el camino es re lindo. Para mí fue un cambio muy positivo en mi vida, así que el esfuerzo vale la pena”.