Todas las caras del fútbol infantil

Un total de cien equipos, pertenecientes a clubes pampeanos y de provincias vecinas, jugarán hasta mañana en La Barranca. Además de los niños -de categorías 2004 a 2011-, las familias, con sus pro y sus contras, forman parte de la fiesta.
Caritas felices y tristes; ceños fruncidos; sonrisas interminables; miradas perdidas; gestos de enojo, de fastidio y de alegría. Todas esas imágenes se veían ayer en cada una de las ocho canchas que el Club La Barranca dispuso para que se dispute la segunda edición del Torneo de Fútbol Infantil Los Cuervitos “Leo Fernández”.
Enmarcando cada rectángulo de juego, los entrenadores; un poco más lejos, las familias. Y en ambos casos con todas sus facetas. Había técnicos sonrientes, pidiendo a los chicos que jueguen, que se diviertan, y celebrando con un “muy bien” cada jugada, sea positiva o negativa desde lo futbolístico.
Pero también estaban los “profesionales”, con planillas y pizarrones explicando jugadas preparadas y posicionamientos estructurados; pidiendo que “los más fuertes” saquen lejos para que “los más altos” ganen en el área rival y se gane el partido, porque eso es “lo más importante”.
Más allá estaban los de afuera, aunque algunos se creían los de adentro. De un lado se veían padres, abuelos y otros allegados relajados, sabiendo que sus niños estaban disfrutando de hacer lo que más les gusta, en un encuentro con cientos de compañeros, algunos conocidos y otros por conocer.
Del otro, los exaltados de siempre, exigiendo a sus pequeños jugadas “messiánicas”, pidiendo faltas, criticando a propios (técnicos y compañeros) y extraños. Convirtiéndose -queriendo o sin proponérselo- en parte de la fiesta de los chicos, aunque en realidad sean los que poco a poco la van arruinando.

Todos los números.
El torneo, que comenzó el jueves por la tarde y finalizará el lunes con las finales, es organizado por La Barranca y se juega en las canchas que tiene el club (en la de fútbol y en la hockey -piso sintético-) y en las del vecino Rucalén.
Esta segunda edición del certamen, que lleva el nombre de “Leo Fernández” (en homenaje a uno de los impulsores del fútbol en la institución), agrupa a chicos de las categorías 2004, 2005, 2006, 2007, 2008 y 2009; mientras que para los más pequeños (2010 y 2011) hay encuentros no competitivos.
En total, más de 1.700 chicos -la mayoría pampeanos, pero también provincias vecinas- forman parte del campeonato, que para los más grandes (2004 a 2007) otorgará como premio mayor el pasaje con todo pago para participar del Torneo “El Diablo Nacional”, que se disputará en Mar del Plata entre el 10 y el 18 de diciembre.
Además del anfitrión La Barranca, los clubes locales que dijeron presente son Mac Allister, Belgrano, All Boys, Centro Empleados de Comercio, Atlético Santa Rosa, Sarmiento, El Recreo, Los Dieguitos, Los Totitos, Guardia del Monte y Ferro de Toay.
En tanto que los visitantes pampeanos son Los Ranqueles de Catriló, Matienzo de Ingeniero Luiggi, Jorge Newbery de Rancul, Alta Italia FBC, Huracán de Guatraché, Cultura Integral de Colonia Barón, Pico FBC y Rumbo a Vélez de General Pico. Y también se sumaron Independiente de Mar del Plata, más los sanluiseños de La Punta, Anchorena y Villa Mercedes.
Hasta ayer, más de 1.500 personas habían pagado entrada para ver a los pequeños jugar (el ingreso es por la calle Muñoz, que fue cortada a la altura de la Avenida Perón para evitar congestión de autos), y para los dos días que restan se espera un número aún mayor de visitas.
En cuanto a lo deportivo, para la jornada de hoy está programado el cierre de la fase regular en cada una de las categorías, para cerrar mañana con las definiciones y la entrega de premios, prevista para la media tarde.

Lugar para todos.
Si hay algo que tiene el fútbol a diferencia de otros deportes, es que todos tienen lugar, y mucho más cuando se trata de chiquitos. Desde los más altos a los bajitos; los más flacos y los rellenitos; los habilidosos y aquellos a quienes les cuesta más. Todos estaban ayer en La Barranca, como muestra de un universo que se repite en cada reunión de fútbol infantil que se haga a lo largo y ancho de toda la Argentina.
Un “mini Gorosito” con la ’10’ de Mac Allister; un talentoso flacuchento defendiendo los colores del local; un firme marcador llegado de Guatraché; un arquero foráneo que parecía más preocupado por el color de afuera que por el juego en sí.
Todos, absolutamente todos, tenían su lugar y su momento en cancha. El resto esperaba su turno comiendo alguna hamburguesa y tomando una gaseosa; contándole a sus padres las increíbles jugadas que acababa de dibujar o que estaba por inventar cuando saltara al campo; o corriendo detrás de una pelota desinflada mientras los entrenadores les pedían que por favor se quedaran tranquilos para no llegar cansados a la hora del juego.
“¡Hablá; levantá la mano; mostrate! ¡¿No te das cuenta que así no te ven y por eso no te la dan?!”, le gritaba uno de los mayores a un chico categoría 2008; mientras el pequeño -de apenas ocho años- lo miraba con una carita que combinaba aprobación y temor. Para ese niño, quizás, la fiesta no será tal. Aunque todo esté pensado para que pueda disfrutarla.