El mayor pelotari de todos los tiempos en Santa Rosa

El mejor pelotari de todos los tiempos está disputando el torneo en Santa Rosa. Dijo que los jóvenes de hoy “vuelan” y juegan a un gran nivel, aunque se lamentó porque es difícil encontrar chicos que se sumen. “Pero cuando lo jugás, te enamorás”, advirtió.
Hablar de efectos, cascadas, palcos o cortadas es hablar de pelota a paleta, y especialmente de Eduardo Ross. A sus 55 años, el mejor pelotari de todos los tiempos sigue aportando brillo en cada una de las canchas del país que pisa. Y despertando la admiración de todos: de quienes lo disfrutaron y lo sufrieron en una cancha, de quienes crecieron y aprendieron a amar este deporte bajo su manto, y hasta de aquellos que se sorprendieron con una actividad que no conocían y vieron en él a un “distinto”.
Ayer, el “Maradona” de la pelota a paleta, el inventor de los efectos, el que cambió el deporte, llegó a Santa Rosa para jugar el Campeonato Argentino para mayores de 50 años que se disputa en el club All Boys, y volvió a movilizar los sentimientos de quienes aman la disciplina.
“Hoy soy un Renault 12”, dijo entre sonrisas para graficar su estado actual, producto de las lesiones recurrentes que le han impedido tener la continuidad que ha mantenido desde hace 40 años.
La rotura en el tendón de Aquiles que sufrió en mayo del año pasado aún no lo deja llegar a su nivel, pero Ross no puede parar, y mucho menos cuando se trata de jugar con amigos. “La verdad es que no estaba para jugar, pero me insistieron y me gustó la idea porque se trata de gente conocida con la que vengo jugando desde los 14 años”, comentó en una charla con LA CHUECA, mientras estiraba sus piernas luego de ganar uno de los partidos de la primera jornada del certamen en el muy bien presentado trinquete “Oscar Gallego” de All Boys.
“Esto es un amor y va a seguir para siempre, aunque tenga que bajar de categoría”, se anticipó ante la probabilidad de que las recurrentes lesiones lo obliguen a cortar su fructífera carrera, que sigue otorgándole alegrías en la elite porque acaba de ganar -aunque jugando sólo algunos partidos por sus problemas físicos- el torneo de la Federación de Buenos Aires junto a Facundo Andreasen, el mejor de todos en la actualidad.

Un ganador.
Si se evalúa a Ross por el lado de las estadísticas, su currículum marca varios títulos mundiales, otros tantos argentinos y metropolitanos, medallas de oro de todo tipo (una en los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 cuando el deporte fue como exhibición) y premios de todo calibre, entre ellos cuatro Olimpia de Plata y un Olimpia de Platino.
Pero más allá de los números, sus logros tienen también una gran cuota emocional y de admiración, principalmente por los innumerables desafíos que ha protagonizado, arrancando varios puntos debajo, jugando por abajo de una pierna, con el revés, con el pie o dando todo tipo de ventajas a sus rivales. En fin, un conjunto de circunstancias que fueron agigantando su leyenda.
“Hace 40 años que juego y hago desafíos y exhibiciones, y todo tiene su atractivo”, reflexiona Ross, que ha visitado La Pampa en muchas oportunidades. “Algunos días jugaba dos partidos por abajo de la pierna y dos partidos libre, y era un desgaste físico muy importante”, recuerda, al tiempo que hace una diferencia entre los distintos “rubros”.
“Hoy, salir campeón del mundo en trinquete no es tan atractivo porque hay mucha ventaja a favor de los argentinos. La pica está acá, en el país, porque un campeonato Argentino o un Metropolitano son más difíciles que un Mundial. Y los desafíos también son lindos, porque tenés tu Boca-River en todos lados”, asegura, mientras recuerda los históricos cruces que junto a su hermano Ramón (jugaron en pareja 32 campeonatos y ganaron 29) tenían con la dupla Miró-Romano: “Era un clásico, jugábamos todos los fines de semana y por todo el país”.

Una pasión.
La pelota a paleta es un deporte que históricamente ha sobrevivido a la ignorancia de los medios masivos y de organismos internacionales como el Comité Olímpico, y también a un halo más vinculado a la timba que al deporte mismo.
Pero más allá de los desafíos, que obviamente fueron y serán por dinero, la actividad se ha mantenido por la pasión de los pelotaris y el legado que se transmite de una generación a otra.
“Hoy el deporte está muy bien en cuanto al nivel. Los chicos vuelan, son atletas; en cambio a uno, a quien ya lo abandonó el físico, juega con la experiencia”, explica Ross. Y agrega: “Se juega muy rápido y los chicos ganan golpes bárbaros, pero también hay muchos errores. Al jugar más rápido es más fácil equivocarse, pero igual te quedan en la retina los golpes que ganaron”.
De todas maneras, al mejor de todos los tiempos le hace ruido la vigencia del deporte de cara al futuro, más allá del nivel de los jugadores de elite. “No se renueva, principalmente porque los chicos ven a (Lionel) Messi, a (Roger) Federer o a (Emanuel) Ginóbili, y quieren jugar a esos deportes. La paleta no se televisa y entonces no llama la atención”, se lamenta.
“Por eso, si no es por la pasión de tu viejo, que te la transmite, es difícil que un chico se sume. Pero cuando lo jugás, te enamorás como nosotros. Hoy, se van cuatro veteranos y viene un chico, y así con el tiempo se va a perder. Pero el que lo juega lo amará por siempre”, cierra Ross, o Eduardo, porque como ocurre con “El Diego”, en el mundo pelotari su sólo nombre alcanza para identificar al mejor.

El que cambió el deporte.
La pelota a paleta tuvo un antes y un después de Eduardo Ross, porque además de ganar todo lo que jugó, también tuvo la capacidad de hacer algo que nadie había ni siquiera evaluado: “inventó” los efectos.
“No se jugaba con efecto, se jugaba plano, y empecé a buscar otras cosas”, sintetizó el nacido en Chacabuco. “Surgió de estar todo el día en la cancha de paleta; estás ahí, jugás y empezás a inventar cosas. Y vi que pegándole con efecto la pelota salía distinta y podía sacar ventajas”, agregó.
Y continuó como si fuera una clase rápida de paleta: “Ahora se juega todo así, con efecto, porque si no das ventaja. A veces no lo podés pasar a un jugador, y entonces le jugás con efecto para que no juegue cómodo”.
Esa virtud para observar las necesidades de la disciplina y ejecutarlas de manera extraordinaria, le permitieron a Ross literalmente “cambiar” este deporte, algo que difícilmente vuelva a ocurrir en un futuro cercano. “Es difícil encontrar hoy otro cambio así. El deporte va evolucionando, se va haciendo más rápido, pero el efecto no se saca más”, concluyó.

“Maradona” y sus sucesores.
Eduardo Ross responde con una sonrisa cuando se lo llama “el Maradona de la pelota a paleta”, y con modestia prefiere desviar rápidamente la conversación para nombrar a los mejores de hoy. “Lo mío ya fue, ahora está este chico (Facundo) Andreasen, que es el número uno y vuela. Y después hay otros jugadores de gran nivel, como (Gabriel) Villegas o (Javier) Nicosia, entre otros. En trinquete seguimos siendo los mejores, mientras que en cancha abierta el que está arriba es México”, explicó.