Un ejemplo de inclusión laboral para personas con discapacidad

Los santarroseños Mauricio Gil y Juan Manuel Burgos, integrantes de la escuela deportiva El Rincón de Todos, comenzaron hace dos semanas a trabajar formalmente en las heladerías Grido de esta ciudad, dentro de un programa de inclusión que en este caso le dio la posibilidad de desempañarse en una empresa reconocida a dos jóvenes con discapacidad intelectual.
Desde el 1º de noviembre, Mauricio es uno de los empleados de la sucursal que la heladería tiene sobre la Avenida Spinetto; mientras que Juan Manuel se desempeña en el local que está en la Avenida Luro, cerca de El Mate.
Los dos jóvenes, reconocidos en el ambiente deportivo por intervenir en diferentes competencias organizadas por El Rincón de Todos, firmaron el contrato laboral y trabajan cuatro horas de lunes a viernes en el sector de atención al público, algo que ambos valoraron muy positivamente porque es una manera muy importante para vincularse con la sociedad.
El Rincón de Todos (antes Escuela El Rincón de la Peña Boquense Azul y Oro) trabaja desde hace mucho tiempo con personas con discapacidad intelectual y a lo largo de los años su labor ha trascendido lo deportivo, derivando en beneficios sociales, de salud o laborales para sus integrantes, como ocurre en este caso con Gil y Burgos.
De hecho, la responsable de la franquicia santarroseña de esta cadena de heladerías, Carolina Ruth, se acercó a El Rincón de Todos por las buenas referencias que tenía y ofreció esta oportunidad de darle trabajo a dos de sus “chicos”, a través de un programa de inclusión que impulsó personalmente.
Los encargados de El Rincón, con el profesor Sergio Manazzi a la cabeza, seleccionaron a Mauricio y Juan Manuel, quienes participaron de un encuentro en Bahía Blanca con el resto de los empleados de las heladerías, se capacitaron, firmaron sus contratos (en principio por seis meses debido a una cuestión legal) y desde hace quince días le sirven los helados a miles de santarroseños.

Efecto dominó.
“Ellos están súper contentos. Los dos, con sus características (uno es más “caradura” que el otro), se desempeñan muy bien en un lugar complejo como es la atención al público”, explicó Manazzi.
“Para ellos es una gran oportunidad de inclusión y para nosotros como escuela es un logro enorme, porque puede servir como trampolín para que otras empresas le abran la puerta a personas que sufren una discapacidad”, cerró.
A su turno, Ruth señaló que se trató de una iniciativa personal, impulsada por el hecho de tener un familiar con Síndrome de Down y por vivir experiencias en otros lugares del país, donde las personas con discapacidad gozan de más posibilidades de inclusión.
“La idea era empezar y quizás a partir de ahora generar un efecto dominó en otras empresas”, comentó ayer la responsable de las heladerías. Además, contó cómo fue su acercamiento a El Rincón y destacó las buenas ‘vibras’ que recibió en cada lugar al que tuvo que acudir para llevar a cabo su proyecto, incluido el Ministerio de Trabajo, donde “se portaron de maravillas”.
“Hoy los chicos están trabajando muy bien y se han acoplado perfectamente al grupo. Hay gente que le tiene menos paciencia, pero es principalmente porque falta información”, agregó. “Esperemos que a partir de ahora se abran muchas más puertas para todas aquellas personas que tienen una discapacidad”, cerró.