Un padrastro condenado a seis años de prisión

El juez de audiencia de General Pico, Florentino Rubio, condenó a un padrastro de 45 años como autor material y penalmente responsable de abuso sexual con acceso carnal y de abuso sexual simple como delito continuado, en concurso real, a la pena de seis años de prisión. La víctima fue una hija de su pareja.
Durante los alegatos del juicio oral, la fiscala Ana Laura Ruffini había solicitado la pena que el magistrado terminó imponiendo, y el defensor Abel Tanus Mafud había solicitado la absolución del imputado, quien negó todos los hechos.
Rubio dio por probado que el padrastro abusó sexualmente de la hija de su pareja a principios de 2003 –cuando la víctima tenía 23 años– en una de las habitaciones de un establecimiento rural. Después continuó haciéndolo “en varias oportunidades”, y mediante tocamientos en las zonas íntimas, en ese mismo lugar, donde convivían ella, sus hijos, sus hermanos, su madre y el victimario, y también en dos viviendas de General Pico (en la de su madre y en la de ella, donde vivía con su esposo y sus hijos). Esa situación continuó hasta el 19 de marzo de 2013, cuando la víctima hizo la denuncia al enterarse que el acusado también habría abusado de su hija.

Prueba.
La principal prueba de cargo y única directa fue la declaración testimonial de la víctima, quien sostuvo que los abusos comenzaron cuando tenía 19 años. Relató que en esa época pernoctaba junto a su hija, recién nacida, en una casilla que estaba en un galpón cercano al establo, y que el imputado empezó con los tocamientos en cualquier circunstancia en que quedaban solos, por ejemplo yendo a buscar maíz o acompañándolo a arreglar un molino.
De acuerdo a su relato, ella –que hoy tiene 37 años– no quería ir, pero su madre se enojaba porque decía que no hacía nada. La víctima dijo en el juicio que lo que vivió fue un calvario ya que los abusos eran todos los días y a cualquier hora, a veces hasta estando su madre cerca. En ese tiempo el acusado –al que le tenía miedo– hasta le prometió dinero si se acostaba con él. Incluso contó que en una oportunidad su propia madre fue testigo y, en lugar de hacer algo, se fue para adentro.

Testigos.
Durante el debate toda la familia de la víctima declaró a favor del victimario. La madre aseguró que nunca presenció un abuso y que jamás sospechó nada. También que su hija nunca se quedaba sola en el campo porque estaban los hermanos y otras personas. La abuela se pronunció en la misma dirección y hasta aseguró sobre su nieta que “más vale que miente”.
Una hermana aseveró que la víctima nunca acompañó al imputado a realizar las tareas del campo y que ambas estaban todo el día juntas. Otra que la víctima nunca pudo quedarse sola porque siempre había alguien, y calificó a su hermana de “muy plaga”. Y el hermano ratificó esa versión, acotando que no existió ninguna posibilidad de que el acusado haya cometió los abusos, que hizo la denuncia porque está loca y que tanto su madre como el acusado siempre le dieron todo a ella y a sus hijos.

Argumentos.
Rubio, en la sentencia, sostuvo que la víctima “me impresionó como una persona sincera. Su relato fue coherente, claro, detallado y el estado emotivo que lo acompañó se correspondió con el de quien ha sufrido abusos como los investigados. Siempre sostuvo el mismo relato de los hechos ante testigos que la escucharon en distintas situaciones”.
“Por otra parte –añadió–, no hay el más mínimo indicio de la existencia de un motivo espurio que la llevara a realizar la denuncia. Reconoció que el imputado siempre la ayudó en la crianza de sus hijos, aunque fue firme al expresar que eso no le daba derecho a hacer lo que hizo”, y enfatizó las explicaciones dadas por profesionales sobre porqué la víctima guardó silencio durante tantos años y qué la impulsó a denunciar al padrastro.
Más adelante, Rubio manifestó que el imputado, la madre, la abuela y los hermanos “se encargaron de descalificar a la víctima sin éxito. Todos pretendieron hacer creer que ella nunca estuvo sola en el campo; por lo tanto nunca pudo ser abusada y que todo lo que dijo fue una mentira”.
“Es impensable –dijo el juez–, que durante tantos años de convivencia, no haya habido algunas veces en que se quedara sola. También es impensable que cuando acompañaba al imputado al molino o a buscar maíz, o fuera al galpón, siempre lo hiciera acompañada por alguno de sus hermanos. No hay duda de que en tantos años de convivencia hubo momentos en que el acusado pudo perpetrar los abusos sin la presencia incómoda de terceros. Es sabido que en este tipo de delitos, que se consuman intrafamiliarmente, el autor tiene a su favor el poder aprovecharse de las oportunidades que la convivencia le ofrece para realizarlos impunemente y no hay dudas, durante los largos años en que vivió con la víctima, que hubo muchas oportunidades”.

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