Una década de amor a caballo

Durante toda la noche alumnos y ex alumnos, junto a quienes trabajan con los caballos de la Fundación, recibieron medallas y un reconocimiento por su esfuerzo diario.
“Esto empezó por dos locuras mías: mi amor por los caballos y mi amor por ayudar a personas con discapacidad”, recordó el Vasco en una de las tantas intervenciones que tuvo para saludar, agradecer, recordar, explicar y, sobre todo, abrazar y besar a cada uno de los que semana a semana se acercan a “Esperanza” para buscar un objetivo claro: mejorar la calidad de vida.
Gustavo Gorrochategui, profesor de Educación Física, es el gran impulsor de la fundación de equinoterapia que funciona en un predio en Toay y que el sábado a la noche festejó con una gran cena sus primeros diez años de vida.
“Hemos cambiado de lugar, por suerte nos pudimos agrandar, y fue mucha la gente que pasó en estos diez años. Hoy tenemos 18 chicos con diversas patologías, tienen edades y contexturas físicas muy distintas y por eso tenemos diferentes caballos. Lo que es seguro es que el beneficio con el contacto con el caballo es notable”, afirmó el “Vasco”.
La cena se realizó en las instalaciones del club Sportivo Toay y hubo unas 500 personas que compartieron un asado y una gran cantidad de sorteos con premios de distintos comercios toayenses y de Santa Rosa. También hubo música en vivo y baile.
Sin embargo, los protagonistas de la noche fueron Lautaro, Lucía, Facundo, Marquitos, Felipe, Franco, José. Y varios más. Niños, niñas, adolescentes y jóvenes que recibieron medallas y reconocimientos, pero sobre todo el afecto de Gorrochategui y su grupo de trabajo.

Alegría.
En cada discurso, saludo o recuerdo hubo humor y risas. Una alegría genuina para una tarea que requiere paciencia, pericia y todo lo que los caballos pueden transmitir. “La equinoterapia es algo alternativo al resto de las terapias pero es casi único. Muchos profesionales vienen a ver cómo trabajamos y luego aplican algunas de esas cosas en sus tareas. El caballo beneficia la vida diaria de nuestros alumnos y eso es lo que queremos destacar”, afirmó Gorrochategui.
En la fiesta del sábado hubo muchos ex alumnos y también profesionales que en algún momento trabajaron en Esperanza. Las familias enteras coparon las mesas y allí se destacaron quienes se encargan de las cuestiones anexas al trabajo con los caballos. Padres y madres que hacen que la Fundación siga adelante cada día con un trabajo que conjuga “dos locuras” unidas por un mismo sentimiento.