Una fábrica de sueños

“Emir” es una empresa que desde hace más de 50 años fabrica colchones pampeanos. Una firma que pasó de manos de su dueño a dos ex empleados y que hoy provee a clientes de toda la provincia con la clave del buen descanso.
Es uno de los productos más utilizados del mundo y su presencia es fundamental para tener una buena jornada diaria, un descanso reparador. También para asegurar la procreación humana y hasta para ocultar el esfuerzo del ahorro. Hay de distintos tamaño, texturas, colores, precios y calidad. Y se utiliza desde el primer día de vida hasta el último. Lo que se dice, un compañero fiel.
En el país operan más de 100 fábricas de colchones y en La Pampa hay una de ellas, Emir, una firma con casi 50 años de trayectoria y que tiene una particularidad: sus actuales dueños fueron empleados durante décadas y hoy mantienen el mismo estándar de producción y calidad.
“La empresa fue creada por Alberto Jure y cuando falleció, hace poco más de cuatro años, nosotros conversamos con quien era su señora. Acordamos seguir y nos hicimos responsables, así que formamos una sociedad de hecho y acá estamos”, resume Darío González (44), quien junto a Eduardo Díaz (53) llevan adelante la minipyme que se ubica sobre la avenida Uruguay 681 de Santa Rosa. Allí se hace la producción y está el local de venta al público.
Eduardo superó los 30 años de trabajo en Emir y Darío llegó a 26, una experiencia acumulada que les permitió seguir sin problemas aunque claro, no ya como empleados sino con el desafío de no solo hacer el trabajo diario, también tomar todas las decisiones.
“La verdad que fue todo un tema, sobre todo desde los números y los papeles, pero una vez que pasamos esa transición y nos acomodamos, seguimos sin problemas porque el trabajo es el mismo que hicimos siempre. Esta es una fábrica que funciona mucho por recomendación y porque los padres que vinieron desde siempre hoy mandan a sus hijos a comprar. Muchos chicos que se van a estudiar afuera se llevan los colchones de acá”, destacó Darío.

Reparaciones.
En Emir se hacen colchones para cunas funcionales hasta los de dos por dos metros, los confortables King Size. También para las cuchetas de camiones (a pedido de empresas de transporte locales) aunque el otro punto fuerte de la firma es la reparación.
“Nosotros llevamos y traemos los colchones. En un día podemos hacer cuatro pero si tenemos para reparar nos dedicamos a eso”, aclaró Eduardo. La reparación de un colchón se hace, sobre todo, con la tela y con algún resorte que se pudo haber dañado. En Emir la estructura de resortes se hace con alambre acerado en un proceso que suma capas hasta llegar a la garantía de calidad.
“Antes de traer el colchón preguntamos con qué sistema está hecho, porque ahora hay producciones más modernas pero que no tienen la misma calidad, entonces nosotros eso no lo trabajamos. Hoy se usa mucho la friselina pero no es lo mismo, nosotros usamos media sombra porque es un material mucho más resistente, más noble. Uno se va a adaptando a lo que impone la industria, pero en nuestro caso seguimos haciendo casi todo a mano, de manera artesanal”, dice Darío sentado junto a una máquina de coser y rodeado de planchas de goma espuma.

Secretos bajo el colchón.
¿Cada cuánto hay que cambiar el colchón? ¿Hay que darlo vuelta? ¿Por qué algunos hacen ruido con el movimiento? El mundo colchonero encierra secretos que a todos en algún momento intrigan, por eso nada mejor que consultar a los “expertos” pampeanos.
“Cada mes o máximo 45 días hay que darlo vuelta. Es clave porque ya después toma olores y para la mejor conservación es ese el tiempo ideal para usarlos de los distintos lados. Algunos se rotan, los giran, pero esos son los más pesados, los que hacemos nosotros hay que darlos vuelta. El ruido casi siempre es de la cama, de las patas, es raro que sea el colchón, pero si hay algún problema lo reparamos”, explicó Darío. Tampoco hay que lavarlo porque si no “la tela se achica”.
“El tiempo útil de un colchón es de unos cinco años, eso nos dijo un traumatólogo que es cliente desde hace muchos años. Es cierto que es un producto de primera necesidad pero la gente no lo toma como tal y en muchos casos lo usa hasta que no da más, pero claramente no es lo recomendable. Y ojo que no lo decimos nosotros”, aclaró Eduardo.
En Emir venden a particulares. Si bien hay empresas que se proveen de la pyme santarroseña la mayoría utiliza el servicio de reparación, como sucede con algunos de los principales hoteles de la ciudad. También fabrican y venden almohadas.

Redondos y peras.
“Todos los días armamos colchones, continuamente tenemos stock porque hay días en que se llevan todo. Fluctúa bastante la demanda pero es constante, siempre hay pedidos aunque con picos de mucho trabajo”, destacaron los hoy socios de una firma que durante muchos años tuvo su local en la calle Coronel Gil y que mantiene como empleada a Marta Aguilar, encargada de atención al público en el horario matutino.
Marta también tiene a su cargo la confección de las fundas de los distintos productos que tienen financiación con las tarjetas del Banco Pampa hasta 18 cuotas. “Los colchones los vendemos con una garantía de tres años”, resaltaron.
Darío y Eduardo también trabajan a pedido. Y algunos son más que especiales. “Hicimos uno redondo, muy grande, para una casa muy rara. Lo hicimos y lo llevamos, en ese caso lo vas cortando con la máquina. También hubo otro con forma de pera, nos trajeron el molde, lo pusimos en el piso y lo fuimos armando, nos llevó como tres días. Mientras se pueda hacer no tenemos problemas en que nos pidan lo que sea”.
La industria del descanso tiene claro que produce algo de primera necesidad. Si la heladera o el televisor dejan de funcionar, al otro día se lo cambia. El colchón, como sea, siempre está ahí. Pero aunque suene contradictorio, también se cansa. En Emir tienen la solución para un buen dormir. Y con sello pampeano.

Placer compartido.
Uno de los clientes de Emir es un reconocido hotel alojamiento de la ciudad. “Desde que abrió que le proveemos los colchones. Hicimos como 30 y ahora se los vamos reparando. Se puede decir que son muy usados, de alguna manera desde acá ayudamos al romanticismo y a que la gente de Santa Rosa asegure su continuidad natural”, dice Darío con una sonrisa.
El rubro de los colchones tiene sus particularidades. A diferencia de lo que sucede con otros rubros en los que las marcas internacionales son las que controlan el negocio, en el país son las nacionales las que tienen una relevancia muy grande. “Hay muchas marcas grandes que a su vez tienen sus segundas marcas, nosotros mantenemos nuestra clientela desde hace muchos años y eso es una ventaja grande”, admiten los dueños de la única marca pampeana.