Una pareja en Guatraché festejó 70 años de casados

El pasado lunes 1º de mayo, se conmemoró el Día del Trabajador. Para Catalina y Zoilo, que trabajaron toda su vida, fue una celebración muy especial, porque además, cumplieron 70 años de casados y lo festejaron con sus familiares en el Hogar de Ancianos Solidaridad de la localidad de Guatraché.
Catalina Mitzig y Zoilo Schneider se conocieron de pequeños. Sus familias vivían en la zona rural de Alpachiri, eran vecinos, las chacras de sus padres estaban lindantes. “A ella la conocí de chiquita, nos llevamos dos años de diferencia. Nuestros padres eran compadres entre ellos. Ella era la mayor de tres hermanas y yo le eché el ojo a ella, mis padres también decían… y la Catalina también nos gusta a nosotros” comenzó contando Zoilo esta historia de vida.
El hombre que hoy tiene 96 años y su mujer dos menos, van contando las anécdotas acorde le afloran los recuerdos. Uno de ellos y lo resaltan, es el tiempo que estuvieron en una estancia trabajando. “Estuvimos 35 años en una estancia en Guatraché, yo estaba de peón y ella de cocinera”.
Entre otros recuerdos, aflora la estadía en Hucal, donde el padre de Zoilo alquiló un campo, donde criaban ovejas y chivas. “Mi padre siempre decía, cuando me vaya de Alpachiri me voy a Guatraché y lo cumplió. Compró una quinta. Eramos 15 hermanos”, agrega el hombre.
“Pero mejor como estuvimos en la estancia en ningún lado. Nos jubilamos en la estancia, nos íbamos a venir a la quinta que me había regalado mi padre cuando era soltero, pero las chicas se casaron y quedamos los dos solos. Decidimos vender la quinta y compramos dos solares e hicimos la casita” agregó.

La familia.
Catalina y Zoilo se casaron el 1º de mayo de 1947. Tuvieron tres hijas, una falleció, hoy disfrutan de dos nietas y un bisnieto. Como en todo matrimonio, existen altibajos. “En todo matrimonio puede haber algún chispazo, pero lo hemos pasado. Es muy buena compañera”, refleja Zoilo.
“Una vez que están los hijos hay que criarlos, a veces él se enojaba, pero hay que entender que están los chicos y había que trabajar, no era así nomás abandonar y dejar todo. El sacerdote nos dijo que había que casarse para toda la vida”, agregó Catalina.
Sobre aquellos tiempos de estancia, Zoilo refleja una realidad indiscutida. “En la estancia se criaban aves y animales, ella desnataba, hacia crema, los viernes les traía a los patrones… a veces carneábamos hasta cinco chanchos y un novillo, se hacían chorizos, jamones”. Indudablemente que eran otros tiempos.

La música, su pasión.
Finalmente el hombre evoca su afición por la música, sobre todo por el chamamé. Recuerda que lo primero que compró fue una guitarra, cosa que nunca logró tocar.
Risueñamente rememora que después “compré una acordeón a piano para el chamamé, siempre me gustó, también me pasó que no podía sacar ningún chamamé, yo le echaba la culpa al acordeón. Más tarde adquirí otra guitarra, tampoco pude y la vendí”, concluyó.