Una santarroseña con la antorcha

MERCEDES CUDOZ CUMPLIO EL SUEÑO DE PORTAR LA LLAMA OLIMPICA

Mercedez Cudoz, una santarroseña radicada en San Pablo, Brasil, fue elegida como voluntaria para trasladar un tramo la antorcha olímpica, que el 5 de agosto encenderá el pebetero en los Juegos Olímpicos de Ríos de Janeiro. “Llevar la antorcha es distinto a todo lo vivido”, dijo.
Una pampeana residente de San Pablo, Brasil, resultó una de las doce mil personas que por todo Brasil portan todavía la antorcha olímpica que el 5 de agosto encenderá el pebetero en Río de Janeiro, en la inauguración de los Juegos de la XXXI Olimpiada.
Mercedes Cudóz, una santarroseña licenciada en administración de empresas y deportista de alma, portó la antorcha olímpica a su paso por su ciudad de residencia cumpliendo parte de un sueño que incluía participar de los Juegos como voluntaria. La llegada hace un mes de su primera hija, Emilia, postergó parte de ese sueño pero sin embargo esa felicidad y la emoción única de correr con la llama encendida la compensan ampliamente.
Mercedes vive junto a su pareja, Maximiliano, un argentino que conoció en Brasil, y su pequeña hija Emilia, de poco más de un mes de vida y la “culpable” con su advenimiento de haber tenido que cambiar la mayoría de sus planes respecto de los Juegos Olímpicos.
Nacida en Santa Rosa, jugó hockey y siempre se mostró interesada por todo lo que tiene que ver con el deporte. Su pasión por el juego comenzó a quedar relegada con la mudanza, primero a Buenos Aires donde estudió Administración de Empresas y luego a Brasil, ya como parte de una gran empresa internacional para la que hoy trabaja en San Pablo.
Cuando se dio la oportunidad, Mercedes no dudó en inscribirse entre los aspirantes a Voluntarios. “Me inscribí más allá de la posibilidad que se dio luego a través de la empresa en la que trabajo, concretamente de aspirar a portar la antorcha olímpica en el recorrido previo”, recordó.
La empresa, hace alrededor de un año atrás, hizo una suerte de concurso entre sus trabajadores. “Había que escribir una nota argumentando el porqué, las razones por las que uno creía que debía tener la oportunidad de portar la antorcha olímpica”. Y así lo hizo. “Escribí mis motivos, me referí a mi condición de deportista y la posibilidad del intercambio cultural que ofrecen los Juegos, entre otras cosas”.
Su trabajo fue uno de los escogidos y el domingo 17 de julio Mercedes, acompañada por sus familiares, tan emocionados como ella, concretó su sueño. La tradición olímpica marca que desde varias semanas anteriores al día del comienzo de los Juegos, la antorcha viaja por todo el país de la ciudad anfitriona pasando de mano en mano en un viaje que culminará en este caso el viernes 5 en la ceremonia inaugural en Río.
Al contar lo sucedido en esos muy pocos minutos en que la portó, la voz de Mercedes a través del teléfono transmite la emoción. Ocurrió en un sitio llamado Sorocavo, ubicado a unos 100 kilómetros del sitio donde reside, en el Estado de San Pablo. “Son apenas 200 metros que hay que correr antes del próximo relevo, pero es muy fuerte saber que tenés en tus manos el símbolo de los Juegos Olímpicos y, en mi caso, estar rodeada por tantos deportistas brasileños de gran trayectoria, todos también emocionados en extremo”, recordó entusiasmada.
Sus palabras, en este tramo, fluyeron sin interrupción. “Más allá de mi propia experiencia y emoción, fue fuerte y muy lindo escuchar a deportistas que participaron, compitieron en los Juegos en ediciones anteriores pero que coincidieron en que llevar la antorcha es distinto a todo lo vivido” y también destacó “la organización impecable, el trabajo de los voluntarios y el entusiasmo de la gran multitud que acompañó el paso de la antorcha”.
Se rió con ganas al recordar que también “la gente se acercó a tomarse fotos conmigo como si fuera una celebridad, fue muy lindo” y lamentó que “son apenas 200 metros, se hacen muy cortos y aconsejan ir muy despacio porque en un abrir y cerrar de ojos ya la estas pasando al siguiente”.
Sin embargo, “es un sueño, una emoción saber que llevás ese gran símbolo”. “Siempre me gustó, el deporte en general y desde los 6 años en Santa Rosa jugué al hockey”, dijo para “justificar” su fanatismo. Y contó que “me gusta mucho el deporte y también la ciudad de Río de Janeiro. Por eso desde que llegué a Brasil, hace ya 5 años me propuse participar como voluntaria, era mi sueño”. Un sueño que se cumplió en parte. “Estar casi un mes trabajando en eso, ahora que tengo una beba de un mes, me iba a resultar muy difícil, tuve que desistir”, relató luego acerca del momento especial que le toca vivir con la llegada de Emilia, su primera hija.
Es más, “tenía también algunas entradas compradas para distintos deportes, incluso para las finales del hockey, pero las estoy vendiendo porque en esas circunstancias no las voy a poder utilizar”, indicó sin lamentarse demasiado obviamente porque el motivo es más que feliz. Igual amenazó con “no perder detalle” de los Juegos a través de la televisión.