Una verdadera fiesta del Fútbol Infantil en La Barranca

El torneo de fútbol infantil Los Cuervitos “Leo Fernández”, que agrupó a más de 1.700 chicos de cien clubes de todo el país, finalizó ayer con la disputa de los partidos finales y el reconocimiento no solo a los campeones, sino a todos los que participaron de una verdadera fiesta a lo largo de cuatro días.
En las diferentes canchas que dispuso el Club Social y Deportivo La Barranca -organizador del certamen-, se jugaron ayer las finales en cada una de las categorías competitivas, repartiéndose los campeonatos entre equipos locales y visitantes.
En la categoría 2004 -los más grandes que participaron-, el campeón fue Deportivo Mac Allister, escoltado por All Boys; mientras que en 2005 el título quedó para el Centro Empleados de Comercio (CEC) de Villa Mercedes (San Luis), relegando al segundo puesto al CEC de Santa Rosa.
En 2006, en tanto, la final la debían jugar dos equipos de La Barranca, pero decidieron que no haya enfrentamiento entre los anfitriones, por lo que ambos fueron consagrados como campeones.
En la categoría 2007 el título quedó para el CEC de Santa Rosa, seguido por General Belgrano; en la 2008 ganó también el CEC santarroseño, escoltado por All Boys; mientras que en la 2009 el trofeo mayor se lo llevaron Los Totitos de Santa Rosa, escoltados por Belgrano. Finalmente, los más chiquitos (2010/11) sólo hicieron encuentros recreativos.
De esa manera, con la participación de cien equipos y una gran concurrencia de público desde el jueves hasta ayer, finalizó la segunda edición del torneo que organizan Los Cuervitos, y que llevó el nombre de “Leo Fernández”, en homenaje a uno de los impulsores del fútbol en La Barranca.


Todos los números.
El torneo, que comenzó el jueves por la tarde y finalizó el lunes fue organizado por La Barranca y se juegó en las canchas que tiene el club (en la de fútbol y en la hockey -piso sintético-) y en las del vecino Rucalén.
Esta segunda edición del certamen, que lleva el nombre de “Leo Fernández” (en homenaje a uno de los impulsores del fútbol en la institución), agrupó a chicos de las categorías 2004, 2005, 2006, 2007, 2008 y 2009; mientras que para los más pequeños (2010 y 2011) hubo encuentros no competitivos.
En total, más de 1.700 chicos -la mayoría pampeanos, pero también provincias vecinas- formaron parte del campeonato, que para los más grandes (2004 a 2007) otorgó como premio mayor el pasaje con todo pago para participar del Torneo “El Diablo Nacional”, que se disputará en Mar del Plata entre el 10 y el 18 de diciembre.
Además del anfitrión La Barranca, los clubes locales que dijeron presente fueron Mac Allister, Belgrano, All Boys, Centro Empleados de Comercio, Atlético Santa Rosa, Sarmiento, El Recreo, Los Dieguitos, Los Totitos, Guardia del Monte y Ferro de Toay.
En tanto que los visitantes pampeanos fueron Los Ranqueles de Catriló, Matienzo de Ingeniero Luiggi, Jorge Newbery de Rancul, Alta Italia FBC, Huracán de Guatraché, Cultura Integral de Colonia Barón, Pico FBC y Rumbo a Vélez de General Pico. Y también se sumaron Independiente de Mar del Plata, más los sanluiseños de La Punta, Anchorena y Villa Mercedes.
Lugar para todos.
Si hay algo que tiene el fútbol a diferencia de otros deportes, es que todos tienen lugar, y mucho más cuando se trata de chiquitos. Desde los más altos a los bajitos; los más flacos y los rellenitos; los habilidosos y aquellos a quienes les cuesta más. Todos estaban ayer en La Barranca, como muestra de un universo que se repite en cada reunión de fútbol infantil que se haga a lo largo y ancho de toda la Argentina.

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Un “mini Gorosito” con la ’10’ de Mac Allister; un talentoso flacuchento defendiendo los colores del local; un firme marcador llegado de Guatraché; un arquero foráneo que parecía más preocupado por el color de afuera que por el juego en sí.
Todos, absolutamente todos, tenían su lugar y su momento en cancha. El resto esperaba su turno comiendo alguna hamburguesa y tomando una gaseosa; contándole a sus padres las increíbles jugadas que acababa de dibujar o que estaba por inventar cuando saltara al campo; o corriendo detrás de una pelota desinflada mientras los entrenadores les pedían que por favor se quedaran tranquilos para no llegar cansados a la hora del juego.

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