Vive en La Pampa haciendo botes

Con 40 años recién cumplidos, una mujer y dos hijos, Lucas se dedica hoy a una actividad que llamó la atención a los miles de vecinos que pasaron el fin de semana por el predio de la Rural donde se llevó a cabo la primera Feria de Emprendimientos Pampeanos.
En diálogo con LA ARENA, el fabricante recordó que la exportación de vinos a Estados Unidos fue uno de los primeros trabajos que tuvo. Fue en Capital Federal donde vivió una buena cantidad de años.
Luego, y tras pasar por varios trabajos, montó un local de antigüedades. Pero llegó un momento donde quiso cambiar de vida y darle un giro de 180 grados a su realidad. “Vivía en Capital Federal, entendí que la tranquilidad no se compra con nada”, expresó.
Lucas, su mujer, y sus dos hijos se fueron a vivir a Uriburu. Pero no como una “locura”, sino como una forma de emprender su nuevo proyecto. “Nos fuimos sobre la base de un plan y la adaptación al pueblo fue de manera paulatina: compramos una casa con mi mujer y la restauré por completo”, afirmó.

Catorce kilos.
Lucas llegó a Uriburu con la idea de trabajar en su casa de antigüedades: la misma que tenía en la ciudad capital del país. Pero un día, y debido a su pasión por la madera, dio un paso trascendental: inició su objetivo de fabricar botes, kayacs, canoas y tablas de wakeboard con madera totalmente ecológica. “Es algo que me apasiona, por lo que hice un viaje de perfeccionamiento y comencé a trabajar en una microempresa de verdad”, rememoró.
Lucas explicó que trabaja solo. No obstante, capacita a un jovencito, llamado Nahuel, quien es, a juicio del entrevistado, el único que le puede seguir el “tranco”. ¿Por qué?. Porque Lucas, desde que comenzó con la fabricación de los botes, en el galpón y el patio de su casa, trabaja entre 14 y 16 horas por día. Arranca a las 7 de la mañana, frena para comer y sigue hasta las 10 de la noche. “Estoy capacitando a Nahuel y le voy enseñando de a poco, para que el año que viene empecemos a trabajar juntos”, dijo.
Sostuvo que el bote más pequeño , para una persona, pesa poco más de 14 kilos y el más grande, para dos personas, tiene un peso de 20 kilos.
Pesavento comenzó a fabricar y a vender sus productos de manera paulatina. Fue mediante el boca a boca que el fabricante comenzó a distribuir sus productos a fanáticos de la navegación de todo el país.

Ecológicos.
Los costos, dijo Lucas en diálogo con periodistas de El Aire de la Mañana (Radio Noticias), oscilan entre los 15 mil pesos los botes más baratos, sin los remos.
“Pero el precio cambia cuando el cliente me pide algo a su gusto: hoy para llevarte un kayac o un bote con 14 mil pesos podés hacerlo”, precisó. Y amplió: “Siendo una pieza, que te lleva 300 horas de mano de obra, gano de manera modesta”.
Uno de los aspectos más relevantes en la fabricación radica en la materia prima y la concientización. Es que, en ambos casos, están relacionados. Lucas usa madera de cedro canadiense que le compra a uno de sus mejores amigos que vive en Capital Federal.
“Uso otro tipo de madera pero siempre y cuando sea de plantación sustentable: no compro madera nativa ni de desmonte: con la tecnología de hoy no es necesario acudir a los bosques nativos para la fabricación”, afirmó.
En la actualidad, Lucas fabrica su embarcación más grande: es un bote de 4.50 metros de largo por 1.20 metros de ancho para cuatro personas. También fabrica una canoa de unos 5 metros que la realizó a pedido.
Lucas termina su jornada laboral cansado pero muy satisfecho. Cada una de sus construcciones le lleva tiempo y esfuerzo. Sin embargo, cada vez que ve sus producciones en fotos considera que la dura tarea tuvo su frutos. “Veo lo que fabrico, a veces, en las fotos, y me siguen enamorando: son cosas bellísimas porque significa crear en base a la construcción”, completó.