Volver al juego para desarrollar la creatividad de los chicos

El juego “es un elemento esencial para que el niño desarrolle su imaginación y exprese su mundo interior”, aseguró la vicepresidenta de la Organización Mundial de Educación Prescolar (OMEP), Ruti Kuitca, quien cuestionó que en la Argentina se ve que en muchos jardines de infantes “están cada vez más restringidos los espacios para que el chico desarrolle actividades lúdicas”.
“El niño de 3 a 5 años aprende a través del juego y las maestras planifican actividades en función de esto, pero desde OMEP vemos con preocupación cómo está cada vez más asentada la idea de tener a los chicos sentados a una mesa y restringirles de esta forma el espacio para que desarrollen actividades lúdicas”, dijo a Télam Kuitca.
En este aspecto apuntó que “los niños necesitan moverse, realizar muchas actividades corporales, agruparse por sectores y trabajar con elementos que a su vez les sirven para aprender”.
“Pero vemos cierta tendencia a que las maestras reúnan a los chicos en una mesa y trabajen con fotocopias, cuando el mundo de la infancia es el mundo del juego, donde desarrollan su imaginación y su creatividad”, sostuvo la licenciada en Educación y supervisora de educación inicial en la dirección de gestión privada porteña. 
“Cuando juegan, los chicos construyen y expresan sus mundos internos”, afirmó Patricia Goicochea, docente especializada en juego infantil, y añadió: “Juegan cada vez que pueden, en casa o en la escuela, cuando los ven o cuando no los ven”.
La docente, integrante de OMEP, aseguró que el juego infantil “va a necesitar adultos que lo alojen, que tomen decisiones en relación con los tiempos liberados de obligaciones y de espacios disponibles, poniendo a disposición objetos y materiales que los chicos puedan mezclar y usar de manera distinta para los que fueron diseñados. Renovar, recrear, resignificar va a formar parte de la acción lúdica sobre estos objetos”, sostuvo Goicochea. 
Kuitca manifestó que los padres deben involucrarse en los juegos de los niños pero que, si no están por razones de trabajo, es necesario que puedan estar acompañados por un adulto.
La vicepresidenta de OMEP valoró el hecho que se haya apuntado a cubrir la escolaridad desde los tres años, para lo cual el Ministerio de Educación anunció semanas atrás la construcción de 3.000 jardines de infantes.
Pero aseguró que “cada jardín debe contar con personal idóneo que pueda conducir a los niños de esa edad hacia un aprendizaje planificado, con canciones y elementos que les permitan a los chicos jugar y moverse”. Y apuntó: “Existen lugares, como los Centros de Primera Infancia, en los que no se concretan estos objetivos”.
La docente aseguró, además, que el uso de la tecnología “no es recomendable para chicos de corta edad, entre dos o tres años, pero los de cuatro o cinco ven a la computadora como un elemento más de juego y desarrollan allí sus habilidades.” 
Un reciente estudio difundido por Unicef y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) destacó que el principal problema en el nivel inicial es la falta de propuestas pedagógicas y didácticas que planteen la posibilidad de que los niños jueguen distintos tipos de juegos. Estas actividades son los indicadores de calidad central en la formación de los niños pequeños.
El informe, que relevó escuelas del conurbano y del sur del país, asegura que cerca de un tercio del tiempo de la jornada escolar se destina a actividades que no están directamente relacionadas a la construcción de aprendizajes relevantes sino a prácticas rutinarias, como el saludo inicial, control de asistencia, comida en la institución, higiene, traslados y orden luego de cada tarea.
Destacó también que sólo el 22% de las actividades de sala observadas fueron lúdicas, y un 70% de ellas fueron juego libre en el patio o en las salas, sin estar enmarcadas en propuestas didácticas especialmente diseñadas por los docentes. 
Precisó, además, que el 20% de las actividades observadas fueron de alfabetización y sólo un 17%, de lectura a cargo de los maestros, cuando esa es reconocida por la literatura especializada como una de las más eficaces en los procesos de alfabetización temprana. (Télam)