X-Men Apocalipsis: buenos efectos y una trama abrupta

La octava película de los Hombres-X quedó en manos de Bryan Singer, el mismo director de “X-Men”, “X-Men 2” y “X-Men: Días del futuro pasado”, con un reparto que aportó las novedades de Sophie Turner en el papel de Jean Grey y de Alexandra Ship como una joven Tormenta, en lugar de la icónica Halle Berry.
Las pretensiones de este filme, es justo decir, están a la altura de las anteriores, pese a que el guión muestra algunos huecos que provocan cierta incertidumbre sobre un espectador en busca de algo más que una explosión de efectos especiales.
Ambientada en la mitad de la década del 80, según denuncian algunas de sus canciones, Byrne muestra muy de costado los aspectos del final de la Guerra Fría, centrándose en los arsenales nucleares de las diferentes potencias mundiales.
A su vez, la eterna discusión Xavier-Magneto sobre los tiempos de paz y la preparación para una guerra también traen a colación las ambiciones expansionistas estadounidenses, arrogándose ciertos derechos para actuar a lo largo y ancho del planeta, una clásica dicotomía en las historias de superhéroes.
En sí, la trama muestra el despertar de Apocalisis (Oscar Isaac), un mutante adormecido en el 3600 antes de Cristo en Egipto y que despierta gracias a un pequeño y casi oculto error de una agente de la CIA (Roise Byrne como Moira Mactaggert) que, justamente, intentaba descubrir a la secta que lo veneraba en El Cairo.
En la escena oculta tras los créditos en “X-Men: Días de futuro” (2014) se podía prever este nuevo filme, debido a que mostraba a un hombre sobre las arenas de un desierto, vestido con túnica y recibiendo pleitesía de miles de seguidores mientras construía una pirámide moviendo los bloques de piedra con su mente.

Los cuatro jinetes.
De fondo, en esa escena, también se presentó a cuatro personas arriba de sus respectivos camellos, en lo que se puede interpretar, según la agente Mactaggert, como los bíblicos “Cuatro Jinetes del Apocalipsis”, que son de quienes se rodea este nuevo malvado que se anuncia como “Ra”, entre otras deidades.
Una vez que Apocalisis despierta, comienzan a aparecer los primeros detalles que no cierran en el film distribuido por 20th Century Fox y protagonizado, como en las últimas entregas, por James McAvoy como Charles Xavier y Micheal Fassbender en la piel de Magneto.
Según el resumen que Mactaggert le hace al Profesor Xavier, a Bestia (Nicholas Hoult) y a Mystique (Jennifer Lawrence), el súper malvado se suele rodear de cuatro de los mutantes más poderosos de la tierra, de quienes absorbe sus poderes.
Pero en lugar de usar la telequinesis o algún otro “don”, a sus cuatro nuevos acompañantes los encuentra, se puede decir, de pura causalidad: a Storm se la cruza en la calle; a Psylocke (Olivia Munn) en un reducto del mercado negro y a Ángel (Ben Hardy) lo va a buscar sin saber por qué.
Un detalle que quedó en la elección de la banda de sonido es la canción compuesta por Dave Mustaine “Los Cuatro Jinetes”, del álbum “Kill’em All”, de Metálica, editado en 1983 y que le da ambiente a esos comienzos ochentosos.
En rigor, sólo se explica la búsqueda de Magneto, quien por su parte, se encuentra de incógnito en una aldea de Polonia, donde trabaja en una metalúrgica y tiene una esposa y una hija, quienes, a su vez, son asesinadas por policías que lo descubren.

Personajes.
Los personajes tampoco traen sorpresas, y si bien Ship parece hacer olvidar a Halley en el rol de Storm, Sophie Turner no logra despegarse de algunos gestos tan bien logrados en su reconocido papel de Sansa Stark de “Game of Thrones”.
El resto del elenco ya había construido sus personajes para las películas anteriores y los nuevos héroes pasan casi desapercibidos, opacados entre los dobles de acción y los efectos especiales, a excepción de Isaac, cuyo traje no se explica, pero, pese a ello, infunde algo de terror.
Una vez que Apocalipsis reúne a su séquito, comienzan los destrozos en el planeta, gracias al potenciado poder de Magneto, pero como las autoridades no están enteradas de esta nueva pandilla, acuden a la escuela de Xavier para capturar a algunos mutantes.
A todo este entuerto se le suma la aparición del simpático Quicksilver (Evan Peters), el hijo de Magneto, que lejos de la impactante “Luke, soy tu padre” de La Guerra de las Galaxias, es quien sabe el secreto, manteniendo a su progenitor en la oscuridad total de esta verdad.
Por supuesto que los efectos están a la altura de las circunstancias, junto a un sonido atronador y música, por lo general, de tintes clásicos y orquestales, dándole un marco aún más caótico al “fin del mundo”.
Como suele suceder en las sagas, también se descubren pequeñas situaciones relacionadas con otras películas y, en este caso, se corre el velo a cómo se escapa Wolverine (Hugh Jackman) de las garras del Pentágono, historia que se retrató en “Wolverine: Orígenes” (2009).
La escena oculta de esta película, justamente, deja las puertas abiertas para una nueva cinta con “el guepardo” como protagonista, a pesar de que ya tuvo la mencionada “Orígenes” y “Wolverine inmortal” (2013), siendo el personaje infranqueable en cualquier historia que tenga a los Hombres-X en acción. (Télam)