Zircaos Vuelta Al Mundo. Capítulo 9: Purmamarca

Purmamarca es mágico, por sus colores, su paisaje, su energía y la gente que pasa por ahí dejando siempre algo. Purma, como le decimos con cariño, es un lugar maravillosos de nuestro norte argentino con su Cerro de los Siete Colores. Sentarse y contemplar tranquilamente toda esa belleza es un plan imperdible. Las dos veces que llegamos sentimos algo muy especial, la primera vez emociono encontrarnos con todo ese regalo de la naturaleza, veníamos bajando desde Ecuador, en aquel viaje, cuando nuestra casita llego en barco hasta Guayaquil desde Kuala Lumpur, Malasia. Esa vez las ganas de llegar a casa eran inmensas pero Purmamarca nos atrapo y nos relajamos un par de días en sus calles. Esa vuelta conocimos a varios viajeros con quienes compartimos largas charlas y las tradicionales peñas por las noches en un barcito hermoso donde una persona con mucha magia, como el lugar, cantaba y contaba historias al compás de la música que salía de varios instrumentos, con un final de bailes, entre chacareras y zambas hasta las dos de la mañana. Alma y Quintín bailaron esa noche folclore por primera vez.
Un año después volvemos con las mismas ganas de llegar a “Purma”y una vez más fue maravilloso. Estacionamos en un lugar precioso, al lado de un corral donde teníamos el sol durante todo el día, a dos cuadras de la plaza del pueblo y camino al cementerio. Nos reencontramos con nuestro amigo “el Duende Cardozo” que es sin duda el alma de las peñas en Purmamarca, el mismo con el que compartimos un año atrás su música, con todo ese sentimiento que le pone, donde a un ritmo lento y tranquilo va llevando la fiesta, haciéndonos pasar por un montón de sensaciones entre palmas y zapateos.
Y esta vez el pueblo nos trajo más amigos, tuvimos el placer de conocer a Pablo, un viajero que recorre Argentina en moto, una Gilera del año 1970. El hace unos videos hermosos para Youtube donde va contando su viaje que le llevara en total un año y medio por todo nuestro país. Es de Santo Tome, un pueblito muy chiquito de Santa Fe. Si quieren conocer más de su historia entren a su canal Pablito Viajero, donde tiene más de 300 videos. Son hechos con mucho sentimiento y eso se nota al verlos.
También este pueblo mágico nos trajo a Gustavo, un cordobés muy simpático y charlatán que pasaba casi de casualidad, el talla pequeñeces en algún pedacito de madera y también, algo muy curioso e interesante, va contando sus viajes con dibujos en un cuaderno, a modo de viñetas. Cuando se despidió nos dejó su mate de regalo y la promesa de ir a visitarnos a General Pico.
A medida que se iba juntando la gente cada día hacíamos algún tipo de paseo. Uno, que repetimos varias veces fue cruzar la ruta y empezar a subir el cerro de enfrente para poder ver la postal en vivo, impresionante, del pueblo abrazado por el Cerro de los Siete Colores. Sus callecitas, las casas de barro, la plaza central, colores y más colores. El cielo inmenso y nosotros dentro de todo ese paisaje.
Otra caminata inolvidable es a “Los Colorados”, un camino que rodea al cerro y al pueblo, lleva una hora y un poco más hacerlo a paso tranquilo, dándose vuelta uno cada tanto para observar el paisaje que es impresionante. Nos parece que la mejor manera de hacer el recorrido es empezar por las escaleras a la salida del pueblo y entrar por el cementerio. A este paseo también lo repetimos varias veces con diferentes compañías. En la última éramos unos cuantos, se había sumado también una pareja de chicos alemanes, muy jóvenes que están viajando por Latinoamérica en un cochecito todo destartalado que compraron en Chile.
Otro de los días armamos un gran almuerzo, nos fuimos con la casa en las afueras del pueblo y salió polenta para todos! A los pies del cerro, en medio de la naturaleza. A la noche un cielo completamente estrellado también nos acompañó.
Paso el tiempo, más de la cuenta, porque una cosa fue llevando a la otra y no podíamos arrancar, el lugar, las personas que fuimos conociendo no dejaban que volvamos a la ruta. Siempre nos pasa lo mismo en Purma, cariñosamente.
Y al fin salimos y con compañía, Pablo, el viajero en Gilera siguió camino con nosotros y nos fuimos hasta Tilcara juntos. Había mucho más para compartir todavía…
Que disfruten de este hermoso lugar bien nuestro, donde se encuentra a algún amigo, unas ricas empanadas y una cervecita bien fría siempre, para festejar la vida.
Nos vemos en el próximo capítulo!
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