El otro descuartizamiento

Para entender la prolongada detención de la líder social con argumentos de escasa solidez jurídica, hay que comprender que en Jujuy se vive en estado de excepcionalidad y una difusa separación de poderes.
Las acusaciones contra Milagro Sala son una excusa para desmembrar su movimiento y boicotear su ejemplo.
Dos recientes artículos de la socióloga de origen pampeano Dora Barrancos aportan luz para interpretar qué está pasando en Jujuy y entender la prolongada -para muchos irregular- detención carcelaria de la líder social Milagro Sala. Una luz imprescindible para contrastar el discurso dominante atravesado por el mensaje de los medios masivos de difusión, que se han esmerado -y en gran parte han tenido éxito- por demonizar a la líder indígena y al movimiento Tupac Amaru.
Uno de los artículos se tituló “Se propusieron quebrar el movimiento”, publicado en Página/12 el 25 de julio y escrito por Alejandra Dandan; y el otro, es la entrevista realizada con el programa Parando en Todas, de radio La Compañía, de la ciudad de Tandil, también de fines de julio. Permiten no solo leer la realidad norteña sino también interpretar por qué en Santa Rosa, tan lejos de Jujuy, un mural en homenaje a la líder indígena generó un estado de crispación en parte de la sociedad local, incluso de sectores que se dicen progresistas desde lo ideológico.
En el primero de ellos, Barrancos interpreta que en Jujuy se vive una interrupción del estado de derecho, situación a la que denomina “estado de excepcionalidad”, en un contexto de una sociedad con un fuerte componente discriminatorio aún con estratos de similar origen social al que nutre al movimiento liderado por Sala.

“Escarmiento”.
Para la socióloga, está claro que la detención de Sala no busca la condena judicial sino la social y política: desmembrar su movimiento y abortar esa experiencia de reivindicación de derechos sociales, laborales, sexuales y políticos. Es el “escarmiento” el motivo principal de su encarcelamiento.
Socióloga, doctora en Historia e investigadora principal del Conicet, Barrancos sostiene que no se puede interpretar la detención de Milagro Sala sino en una ausencia del estado de derecho y en la intención de los sectores dominantes de “interrumpir el derecho de las mayorías (y) de cohibir al menos la voluntad política de los sectores populares”, sectores que hasta diciembre gozaron de una primavera social y política merced a políticas de carácter inclusivo que ya no existen.
“Hay una figura de cese del Estado de derecho porque deliberadamente se excluye a los segmentos populares” y esa ausencia se conjuga con “sentimientos muy discriminatorios”, rayando el límite de la xenofobia.
“Parte de la sociedad jujeña es discriminatoria. No podría decir cuáles son los segmentos más afectados por las sensibilidades discriminatorias, pero me atrevo a decir que son los sectores medios, medios altos, aunque no se puede dejar de conjeturar que hay acompañamiento de algún estrato medio bajo”, dice Barrancos.

Xenofobia.
El odio xenófobo está “instalado hace mucho” en la sociedad jujeña. No se limita a la agrupación Tupac Amaru sino a otros grupos sociales con componente indígena y a los venidos de afuera, principalmente los bolivianos.
La población indígena “es una demografía en crecimiento” y ello multiplica los sentimientos negativos hacia ella. “Se la percibe como una amenaza; no es diferente a la xenofobia europea, pero entre nosotros hay una borratina sobre el tema”.
La Tupac Amaru de Milagro Sala “viene a representar esa coagulación de lo indígena amenazante y que es rechazado preventivamente por determinados grupos sociales que se han tornado individualistas, muy poco solidarios”.
Para Barrancos, la de Jujuy no es la xenofobia europea contra la inmigración asiática o africana del “me vienen a sacar el trabajo”, sino una discriminación aún peor. “Es un fenómeno distinto que lleva a enunciar que ‘los negros no pueden tener los mismos derechos porque no son iguales a mí aunque hayamos nacido en el mismo país’. Y esto es mucho más simbólico que material y económico, porque a menudo el enunciado es pronunciado por gente morocha que comparte idénticos fondos étnicos”.

Un mal ejemplo.
El “hostigamiento y humillación” que los tres poderes del Estado jujeño manifiestan hacia Milagro Sala es proporcional a “la ejemplaridad” que representa su movimiento a los ojos de otros sectores postergados. A Sala “hay que cortarle las alas, ponerla en caja, aniquilar su liderazgo” y por ello la ‘comandita’ -así la llama Barrancos- de los tres poderes republicanos se ha propuesto “quebrar el movimiento, hacerlo disentir profundamente, abrumarlo con conflictos internos”.
Algo de eso está logrando merced a negociar por separado con los integrantes de la Tupac: intentos de comprar voluntades y lograr que abjuren de él. Algo de eso están consiguiendo en alguna medida. “En un movimiento tan amplio como la Tupac siempre han existido puntos de vista diferentes, manifestaciones disonantes. Es sobre esos disensos que opera la campaña de hostigamiento para que se resquebraje por completo. Ese es el objetivo principal. Van a tener presa a Milagro Sala todo lo que sea necesario, que en buen romance quiere decir hasta extinguir a la Tupac Amaru”.
En una metáfora del final del líder Tupac Amaru -tal como recordó la autora de la entrevista-, el intento de los sectores dominantes es “descuartizar el movimiento, (…), extinguir esa rebelión de estos indios y de estas indias y de estos putos indios -así dicen- o de estas lesbianas indias, dada la libertad enorme en materia de sexualidades que tiene el movimiento y que creo que es un aspecto único en materia de movimientos sociales en América Latina”.
Acusar o demostrar que Milagro Sala es una ladrona “les interesa mucho menos”; es tan solo una herramienta para lograr ese desmembramiento.

Un movimiento singular.
El “peligro” que representa la agrupación Tupac Amaru supera también los miedos clásicos de las clases sociales medias y altas. Avanza hacia terrenos poco comunes en movimientos de raigambre popular. Es que el perfil de la Tupac “es completamente original en el arco de derechos que reivindica; no es una manifestación clásica de los movimientos sociales”, aunque comparte gran parte de su ideología. Comparte la reivindicación del derecho a la casa, a la recreación, a la salud y al trabajo, pero marca una distancia con su reivindicación del “derecho a una vida digna de ser vivida” desde el punto de vista de la sexualidad y del reconocimiento a las sexualidades disidentes.
“Esa es la novedad de la Tupac que tiene anualmente también una manifestación de gran jolgorio con la marcha del orgullo gay. Esas fiestas muestran tramas de solidaridad muy peculiares. Insisto en que si se recorre el andarivel de los movimientos sociales típicos de Argentina como el movimiento piquetero, los derechos que se solicitaban son ajustados a una base canónica: vivienda, educación, salud, trabajo”.
“Han sido movimientos que consagraron demandas frente a la perdida de trabajo, pero también construyeron movimientos más sólidos, más allá de ese objetivo. Avanzaron desde esa experiencia de juntarse a reclamar oportunidades de trabajo con el liderazgo de mujeres, tal como ha demostrado entre otros Andrea Andújar. Pero pasada la algidez de la crisis, muchas de esas mujeres se subsumieron de nuevo en posiciones no públicas”.
“La diferencia es que la Tupac tomó el reconocimiento de las personas disidentes en materia de sexualidad como parte del programa de reivindicaciones”. Allí está otro de los “peligros” de este ejemplo social, según Dora Barrancos.

Comoelo con Evita.
En la entrevista con la radio tandilense, Barrancos señaló el paralelismo que observa entre las historias de vida de Eva Perón y de Milagro Sala. Eva Perón no tuvo una formación típica de niña de clase media; sí tenía intuiciones extraordinarias y un carisma particular. Su llamado a la politización masiva de las mujeres “es un término que irradia un contenido de absoluta modernidad, no se parece para nada con el antiguo rol femenino de quedarse en casa, de no meterse en política y de acatar los valores de la política de la casa”. El voto femenino impulsado por Eva, acotó, se trasformó el desiderátum político en las familias.
Para Barrancos, la situación de Milagro Sala se asemeja muchísimo con la de Evita, que si no hubiese muerto posiblemente la hubieran encarcelado. Su llamado a la politización de las mujeres y a la lucha por los derechos que les han negado, es la causa de su demonización política, social y mediática. “A Milagro se la quiere humillar, castigar y aniquilar en todos los sentidos, pero sobretodo quebrarla moralmente”.

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