Miró, las huellas del olvido

La cineasta piquense Franca González emprendió un nuevo largometraje documental. Se trata de un trabajo sobre la existencia y descubrimiento de Mariano Miró, el pueblo desenterrado por un grupo de chicos en el año 2010.
En el año 2010, un grupo de alumnos de la Escuela Rural 65 disfrutaba de un picnic junto a su maestra, cuando empezaron a ver fragmentos de “cosas” que brillaban en medio del campo. Entre la tierra removida por maquinaria agrícola, donde cada año se siembra y cosecha soja, encontraron restos de vidrios, metales, lozas y objetos, que hacían dar cuenta de la existencia de que allí, había vivido una población.
A partir de ese momento, los alumnos presentaron el proyecto en la Feria de Ciencias, a través del cual la Secretaría de Cultura provincial se enteró del caso y pidió la intervención de arqueólogos de la Universidad de Buenos Aires. Los profesionales encontraron bajo el suelo un pueblo entero, un lugar que albergó a 495 personas entre 1901 y 1911. Ese lugar se llamó Mariano Miró y quedaba a la vera de la Ruta Nacional 188, entre Hilario Lagos (Aguas Buenas) y Sarah, en la línea del Ferrocarril Oeste, en el departamento Chapaleufú, La Pampa.
Actualmente, mientras los arqueólogos e investigadores continúan con sus excavaciones, la directora de cine de General Pico, Franca González, filma un largometraje documental en el lugar.
“Miró, las huellas del olvido”, cuenta con un trabajo de investigación, escritura y búsqueda de financiamiento de más de dos años, y llevará cinco semanas de filmación que se repartirán a lo largo del año. Esto se debe a que, mientras los profesionales de la UBA continúan desenterrando historias, la siembra y cosecha de soja mantiene sus etapas de producción, haciendo que el trabajo arqueológico se extienda en el tiempo.
Dentro del equipo de la película, trabajan Pablo Parra en dirección de fotografía y cámara; Soledad Ortiz como asistente de producción y dirección; Mariana Delgado en sonido directo; y Carolina Álvarez en producción ejecutiva y asistencia de cámara.

De interés.
El proyecto presentado por Franca González en el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) preclasificó, lo que significa que fue declarado de interés y eso le permitió a la cineasta pampeana solicitar un crédito. “Puse como garantía mi casa así que espero que la película pueda terminarla y estrenarla”, contó entre risas la realizadora, quien destacó que el proyecto fue aprobado por 5 votos contra cero, lo cual es un buen comienzo.
“Miró, las huellas del olvido”, es un largometraje documental co-producido con Ecuador. “Fue presentado al Fondo de Ibermedia que es un fondo para países iberoamericanos; esto sería España, Portugal y todo América Latina. El proyecto ganó el Premio al Desarrollo así que eso me ayudó para poder avanzar en la investigación”, contó.

“Ahora estamos esperando la respuesta del premio a co-producción porque va a ser una trabajo conjunto con Ecuador”.

La idea.
El proyecto surgió a partir de una noticia publicada por el diario Tiempo Argentino en el 2010, donde se anunciaba el descubrimiento de un pueblo entero tapado por plantaciones de soja en el norte de La Pampa. “Me llamó muchísimo la atención y empecé a investigar y me puse en contacto con gente de La Pampa y el lugar específico donde estaban pasando estas cosas. También con los científicos que habían ido a trabajar y evaluar esa situación, y de ahí en más empecé a investigarlo casi como un hecho anecdótico que te abría la ventana a un montón de cuestiones muy interesantes”, detalló González. “Se trataba de un pueblo que había desaparecido en 1911 del cual prácticamente nadie se acordaba o no había registro”.
Luego de averiguar algunos datos, la cineasta viajó hasta Mariano Miró. “Efectivamente, el pueblo se fundó en 1901 con la estación, y vivió durante 10 años. Fue un pueblo de 500 habitantes más o menos, con todo lo que tenían esos pueblos agrícola-ganaderos de la época”, explicó. “Tenía herrería, hotel, peluquería, panadería, hasta prostíbulo. Vivió poco tiempo pero evidentemente dejó su huella y lo que es más interesante aún es que todos creemos que tenía la ilusión o el sueño de quedarse ahí”, aseguró.
Resulta que las personas que vivieron en esas tierras eran arrendatarios. Alquilaban por tiempos de hasta 10 años, y una vez cumplido ese plazo tenían la posibilidad de comprar la tierra, cosa que en este caso no sucedió. “Estas tierras son las que se repartieron tras la Conquista del Desierto, y el dueño decidió seguirlas cultivando por sí mismo y obligó a todo el pueblo a irse entre 1911 y 1912. Al huir, esa gente destruyó sus casas, se llevó lo que pudo y tiró todo abajo. Hay construcciones, sobre todo las que están en la calle principal, que están frente a la estación, que eran muros de 30 centímetros. Los arqueólogos descubrieron suelos de parquet; -quien se toma el trabajo de hacer venir todo un piso de madera para su casa desde Buenos Aires en el Ferrocarril, no es porque piensa quedarse 5 ó 10 años-“, analizó Franca.
Al mudarse, esa gente fundó dos pueblos: Aguas Buenas (conocida hoy como Coronel Hilario Lagos) y Alta Italia, de donde casualmente es toda la familia paterna de Franca González, y que también coincide con la época de Miró. “El proyecto consiste en ir tras las huellas de ese pueblo, pero también como metáfora de la desaparición de muchísimos pueblos pampeanos. Lo que es particularmente interesante es que todo lo que fueron los cimientos de ese pueblo quedaron tapados durante 110 años. Otros pueblos van desapareciendo y van quedando los vestigios y sobre eso la gente va construyendo otras cosas, o se trasforma, o se tira abajo, hay como un registro del paso del tiempo. En Miró, vos vas y no hay nada, es un gran desafío cinematográfico; yo voy, pongo la cámara ahí y lo único que hay es el horizonte, la llanura y una vieja estación de tren, todo el resto es construcción cinematográfica”.

 

Memoria.
La película de la piquense tendrá como tema central la construcción de la memoria. “¿Por qué hay tan poca gente que lo recuerda?; Hilario Lagos está apenas a 12 kilómetros y mucha de la gente no sabe que vienen de ahí, que buena parte de sus ancestros primero pasaron por Miró; hay como una sensación de que la frustración y el fracaso a veces no se trasmite a las generaciones siguientes, tratan de mantenerlo en secreto, o quizás porque en esa época los padres no hablaban tanto con sus hijos”, sostiene Franca. “Lo cierto es que sí he encontrado algunas personas que sus padres o abuelos vivieron en Miró y que por suerte son personas mayores con una memoria maravillosa”.
El plan de rodaje son 5 semanas, el año pasado se realizó una semana de investigación filmada, y hace unos días se llevó adelante la primera semana de rodaje con un grupo de cinco personas y en asociación con HD Argentina. “Estamos trabajando con un equipo de cámaras que es un lujo terrible, que yo no podría pagar. Son equipos como los que se usaron para filmar ‘El secreto de sus ojos’; así que es un desafío re grande para mí”.
Las otras cuatro semanas se irán dando a lo largo del año “porque mi idea es registrar el lugar en las diferentes estaciones y etapas de la producción agrícola. La siembra, la cosecha, la soja recién sembrada, todo verde, seguir un poco ese proceso porque a su vez es el que tienen que respetar los arqueólogos para poder ir a trabajar. Porque como la tierra se sigue labrando y sigue siendo propiedad privada, hay que respetar el tiempo en el cual la tierra descansa para poder excavar, o sea que los arqueólogos van, excavan, tapan todo, y se vuelve a sembrar y cosechar; pasan todas esas maquinarias por encima de lo que está ahí abajo oculto”.

Testimonios enfrentados.
“Miró, las huellas del olvido”, quedará listo para mediados del 2017. Habrá un extenso trabajo de montaje y la post-producción se realizará en Ecuador. “Me llevó muchísimo tiempo la escritura y la investigación. Cada testimonio te va transformando a vos en tu búsqueda, una cosa es lo que uno previó y otra cosa es lo que se encuentra; me interesa muchísimo ese cruce entre la oralidad y lo que pasó”, explica la cineasta. En el proceso de rodaje, Franca se encontró con entrevistados que relataban experiencias, saberes o suposiciones desencontradas. “Hay relatos paralelos de lo que fue la desaparición del pueblo. Unos dicen que fue sumamente traumático, que la gente quedó muy enojada con Miró y que por eso ni siquiera quieren pasar por ahí cerca; y otros dicen que la gente se iba contenta y cantando por el camino porque les habían dado tierras para comprar en Aguas Buenas. A la vez eso choca con la información que aportan los arqueólogos y los científicos”.
Lo que se sabe a ciencia cierta, es que las familias que vivieron en Mariano Miró eran de origen italiano, del norte de Italia. Llegaron a Argentina, pasaron previamente por la provincia de Santa Fe, pero como las tierras eran muy caras y la gente muy pobre, buscaron pueblos nuevos a la vera del Ferrocarril, donde hubiera tierras vírgenes para cultivar. Así fue que se fundó un pueblo que vivió tan solo 10 años; un pueblo que dejó una huella tan grande que 110 años no sirvieron para esconder el paso del hombre por esas tierras.

Ana D’Atri

Compartir