Informe: Operación Lobo de Mar

Se van a cumplir, en febrero, cincuenta años de una noticia que conmocionó al país: la aparición de un misterioso -algunos dicen dos- submarino en el Golfo Nuevo, Chubut. La evocación desde el recuerdo de un protagonista.

En los primeros días de febrero de 1960, cuando yo cumplía con el Servicio Militar Obligatorio en el Regimiento Motorizado 8 de Comodoro Rivadavia, en Chubut, fui, en cierto modo, testigo privilegiado de un sorprendente hecho que conmocionó y tuvo en vilo a la mayoría de los argentinos.
El insólito acontecimiento fue protagonizado por la presunta presencia de un submarino "intruso" o "misterioso", como lo bautizarían los periodistas que seguirían el caso, en aguas argentinas.
Yo estaba de guardia aquella noche en un apartado puesto de vigilancia y pude observar, a eso de las dos de la mañana como, una especie de "bola de fuego" surcaba la oscuridad desde un punto ubicado cerca de la costa de la ciudad de Comodoro en dirección a alta mar. Al instante el ruido casi apagado de una explosión -que sonó como una bomba de estruendo- llegó desde la lejanía.

Operación.
Al concluir mis horas de vigilancia y dirigirme a la oficina de guardia para dar el parte de novedades todo era un ir y venir de oficiales y suboficiales, órdenes en voces imperativas y movimientos de vehículos posicionándose dentro del perímetro de la Plaza de Armas. Al instante pude conocer que la "bola de fuego" que yo había observado y la explosión casi simultánea se había debido a que, al parecer, había sido detectado con el sonar de un buque que estaba realizando maniobras en el área de Golfo Nuevo, un submarino de origen desconocido; y otro buque de nuestra Armada, fondeado en las costas de la ciudad petrolera de Comodoro, había efectuado un disparo de cañón. Tal vez como una señal de alerta para las otras naves que, por esos días, hacían ejercicios navales en la zona sur de nuestra costa marítima.
Los soldados de las diversas compañías -respondiendo a precisas instrucciones de sus jefes- ya estaban alistando sus pertrechos ante la inminente posibilidad de tener que trasladarse hasta el lugar del avistaje, cosa que pocas horas después ocurriría con numerosos pelotones.
En mi caso, y por ser el dibujante de la oficina de operaciones, fui llamado allí para que me abocara a la tarea de realizar numerosas ampliaciones de mapas de la zona donde, presuntamente, estaría el submarino intruso, tarea que me tuvo "en vela" durante muchas horas…
Mis compañeros de oficina -especialmente los dactilógrafos- tuvieron que dedicarse a tipiar los textos con instrucciones que llegaban desde la oficina del Jefe de Regimiento a la oficina de Mayoría. El jefe del Regimiento 8 era por esos días el teniente coronel Juan Jacobo Olmedo, quien tenía familiares en la pampeana Santa Rosa.
Todo el material que nosotros producíamos conformaría una especie de Manual de Instrucciones Operativas que llevaría el pomposo título de "Operación Lobo de Mar".

La búsqueda.
A casi 50 años de aquel acontecimiento, y apoyándome en los diarios de la época -especialmente del archivo de La Arena- trataré de rescatar parte de lo que esos medios reflejaron a través de sus crónicas, las que por dos semanas tuvieron en suspenso a gran parte de nuestra población que seguía con enorme interés el suceso. Que también difundieron permanentemente los boletines radiales y, en menor medida, los pocos canales de TV que por esa época existían.
Las primeras noticias hablaron de que el submarino había sido avistado en aguas del golfo y ante la presencia de buques argentinos cercanos se había sumergido. Posteriormente su búsqueda a través del sonar habría permitido determinar que los sumergibles intrusos eran dos, y así lo señalaban las crónicas.
El desaparecido diario piquense Zona Norte del 6 de febrero de 1960 destacó, en primera plana, la información y, en tipografía de buen cuerpo titulaba: "La caza del Submarino. Versiones extraoficiales sobre el caso". Para continuar: "Las autoridades de la Marina se muestran muy cautas en sus declaraciones, pero hay distintos indicios de que la búsqueda del submarino intruso ha tomado un nuevo sesgo. Al parecer, habría dos sumergibles, uno de los cuales ha escapado, pero el segundo estaría en el Golfo Nuevo (que tiene puntos de mucha profundidad). Nuevos aviones fueron llevados ayer desde Comandante Espora, mientras que numerosas naves cubren la salida del golfo, atentos los ‘sonar’ y dispuestas las bombas de profundidad".
"Según versiones que se difundieron ayer en Bahía Blanca, el submarino que permanece en el golfo habría sido alcanzado con una bomba (posiblemente lanzada desde avión) lo que lo obligó a salir a la superficie en la noche del jueves al viernes. En esa circunstancia habría sido atacado por la artillería de los barcos".

Infructuosa.
No obstante, la búsqueda, cada día con mayor poderío naval, resultó infructuosa, y así lo remarcó La Arena en su edición del 10 de febrero en un suelto que titulaba: "Sin novedades en Golfo Nuevo".
"La Secretaría de Marina -indicó- dio un comunicado señalando que continúa el patrullaje naval y aeronaval en Golfo Nuevo, para localizar al sumergible presumiblemente cercado en esa zona. Añade que se dispuso cerrar la navegación de buques comerciales nacionales y extranjeros por esa zona, como así los vuelos de aviones comerciales a la Península de Valdez. Mientras, en Mar del Plata zarpó la corbeta Brasil, que se unirá al patrullaje de las unidades de Armada, que operan en Golfo Nuevo. En Puerto Belgrano se decretó el estado de alerta, y hoy asumió el nuevo comandante de la base, contralmirante Guzmán".
Al día siguiente las informaciones fueron de lo más contradictorias -como lo fueron durante las más de dos semanas que el tema ocupó las primeras planas de todos los diarios- aunque La Arena seguía desarrollando el tema en lugar destacado y a cuatro columnas titulaba: "Culminaría la Operación Golfo Nuevo. El submarino estaría inmóvil a 150 metros de profundidad".
La crónica explicó: "Se insiste en que el misterioso submarino cercado, se hallaría averiado, sin posibilidades de movilidad, en el fondo del Golfo Nuevo, a una profundidad de 150 metros, cerca del punto denominado Cangrejos. Se atribuyen a altos jefes las afirmaciones que las operaciones de localización del sumergible no se prolongarían por más de tres días".
"Otro submarino habría penetrado al Golfo con elementos adecuados para el rescate de la tripulación del averiado, y luego trataría de forzar la salida. Para evitar esta contingencia vendrían desde Estados Unidos poderosas bombas de profundidad (y) una red antisubmarina que se colocaría en el acceso del Golfo. Otra de las versiones indica que el submarino averiado habríase comunicado con el comando de operaciones, pidiendo condiciones para una rendición".

Preocupación.
La información que publicó La Arena provino de una agencia noticiosa de Buenos Aires y evidenció que existía preocupación en los más altos niveles políticos y militares. Y concluía la nota con otra inesperada y curiosa versión: "Con relación a afirmaciones de que el submarino era de bandera británica, el embajador inglés dio un enérgico desmentido a esa versión. Señala además que es imposible que la nave sea británica".
Los días pasaron, la búsqueda infructuosa continuó y la incertidumbre pareció que se apoderaba de todos los actores involucrados. Las más disparatadas informaciones salían de algunas agencias noticiosas y al día siguiente eran desmentidas con la misma frescura y liviandad con que habían sido publicadas; no obstante el tema seguía en la primera plana de los diarios.
El 16 de febrero La Arena en destacados caracteres -a seis columnas- tituló: "Contradictorias las versiones sobre el sumergible".
Y la noticia, que provenía de Puerto Madryn, contenía algunos ingredientes novedosos: "Periodistas argentinos elevaron una protesta en virtud que no se les permitió sobrevolar Golfo Nuevo, en tanto pudieron hacerlo reporteros yanquis de ‘Time’ y ‘Life’. Poco después las autoridades procedieron a la detención de los periodistas norteamericanos, secuestrando el avión empleado, secuestrando gran cantidad de placas fotográficas. El senador Racedo, de la comisión senatorial de Defensa, junto al Secretario de Marina, se traslada a Puerto Madryn para tomar contacto directo con la actividad de patrullaje".

¿Hombre rana muerto?
Como bien lo expresó La Arena, las informaciones continuaron siendo contradictorias. Prueba de ello fue lo que indicaba la nota: "Mientras, se desmintió oficialmente el hallazgo del cadáver de un ‘hombre rana’, versión a la que los periodistas dan fe por los numerosos testimonios que la corroboran".
Casi al final del texto se informaba que circulaba la versión sobre la posibilidad de que los submarinos -a esa altura se dio por confirmado que eran dos- hubieran eludido el bloqueo y escapado.
Algunas publicaciones destacaron que había sido posible apreciar, en la zona de la búsqueda, grandes manchas de aceite. Alentando la posibilidad de que los sumergibles pudieran haber sido alcanzados por bombas de profundidad.

Pedido de ayuda.
Un día después La Arena -esta vez a dos columnas- titula: "Técnicos yanquis asesoran a la Marina en el Golfo Nuevo. Versiones insistentes sobre la huída".
"Una emisora bahiense, LU3, asegura que ‘cayó el telón sobre Golfo Nuevo’, que las operaciones de búsqueda del sumergible desconocido han entrado en un virtual estancamiento y ya numerosos periodistas destacados en la zona han comenzado el viaje de regreso", afirmó.
Con el subtitulado "Técnicos yanquis", la información continuaba: "Otro comunicado de la Marina, señala que cuatro técnicos de los Estados Unidos asesoran al personal que maneja el material adquirido recientemente a ese país. Asimismo mañana arribarán un oficial y tres técnicos yanquis que se agregarán a esa dotación asesora".
La crónica informaba más abajo sobre el convencimiento de las autoridades de la Marina de que el submarino aún estaba sumergido en aguas del golfo y por tal motivo se habían vuelto a efectuar vuelos rasantes y lanzamiento de bombas en proximidades de Punta Conscripto, sitio donde se sospechaba podría estar el esquivo objetivo.

El humor periodístico.
Esos días fueron tiempos del inefable Alvaro Alsogaray en el Ministerio de Economía y la inflación era "galopante", pero el humor de los argentino no decaía por ello y lo demuestra el cierre de la información que la remata con una cuota humorística y el subtitulado de "Menos el submarino…".
"En una conferencia de prensa concedida por el jefe de las operaciones en Golfo Nuevo, un periodista tuvo una salida ingeniosa; dijo que en el país ‘todo sube… menos el submarino’". No aclara la crónica si también los marinos que brindaban la conferencia adhirieron a la carcajada general…
Al día siguiente, La Arena tituló, a dos columnas, "El submarino sigue rodeado de misterio". La información no aportaba demasiadas novedades, a excepción de una proveniente de Brasil donde las autoridades de aquel país desmentían que el sumergible se dirigiera a sus aguas jurisdiccionales.
El 20 de febrero, y en un suelto a una sola columna, lo que evidenció la falta de noticias novedosas, La Arena informó sin que el texto de su agencia informativa en Buenos Aires trajera mayores novedades. Parecía que confirmaba lo que, desde Bahía Blanca LU3 había anticipado y, a pesar de que volvía a hablarse de que eran dos los submarinos que estarían deambulando por las removidas aguas del golfo.
Durante los siguientes días se espaciaron las informaciones y se diluyó el interés en la gente sobre este acontecimiento que, durante un puñado de días, había acaparado la atención pública. El misterio seguía sobrevolando cada vez con menor intensidad sobre Golfo Nuevo, quedando flotando sobre sus azules y frías aguas sólo el manto de la duda.

Conclusión.
Las reflexiones y especulaciones sobre este sorprendente hecho fueron muchas: desde que se trató de una operación de la Marina para justificar la compra de modernos armamentos a los Estados Unidos, hasta que se trató de embozadas maniobras navales ante un posible golpe de estado contra el entonces presidente Arturo Frondizi.
Se habló de submarinos rusos que venían detrás del "oro nazi" oculto en algún lugar de la Patagonia y también de sumergibles alemanes que traían en su seno a jerarcas nazis para ocultarlos y reubicarlos en Bariloche o en el país trasandino, donde el ambiente era más propicio para su clandestina convivencia.
Hasta hoy el misterio continúa; tal vez la verdad esté oculta entre viejos archivos oficiales o la memoria de viejos "lobos de mar".

 
CARLOS A. RODRIGO*
*Escritor e investigador