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Martes 09 de junio 2026

Inteligencia por fuera del promedio

Redacción 22/08/2010 - 06.34.hs
Cinco pampeanos que integran Mensa, una organización mundial de personas con alto coeficiente, aseguran que "la inteligencia no les asegura el éxito de nada en la vida" pero "es una satisfacción aprobar el examen que certifica su capacidad intelectual".

Tienen distintas edades e intereses, pero hay algo que los unifica: su coeficiente intelectual es superior a 148 puntos, una característica que sólo tiene el 2 por ciento de la población. Y aunque por ahora son un grupo muy reducido en La Pampa, aspiran a encontrar mucha más gente con alto coeficiente, algo que no es sólo "de nerds" -aseguran- sino de "personas normales que pueden estudiar diferentes carreras, o trabajar como albañil o físico nuclear".

 

En primera persona.
Cecilia López Gregorio (32) es profesora de Matemática, igual que Cristian Scarola (24), que además está haciendo un posgrado en Matemática. Ellos dos y Simón Garzarón (32) -que no pudo estar presente en la entrevista- fueron los primeros en La Pampa en aprobar el examen para ingresar a Mensa, una organización mundial fundada en Oxford con el objetivo de identificar a personas de todo el mundo con elevado coeficiente intelectual.
Después, ingresaron Fernando López Gregorio (35), profesor de Matemática y hermano de Cecilia, y Mariel Matta (17), que este año termina el Polimodal.
También integra Mensa Mario Díaz Conte (48), que es de Realicó pero rindió el examen en 2005, mientras vivía en Buenos Aires, y ahora es la persona autorizada para tomar las pruebas de ingreso en nuestra provincia.
"Yo conocía a Mensa desde hace mucho tiempo porque cuando empecé a tener Internet lo primero que buscaba eran juegos de ingenio. He comprado millones de revistas de crucigramas, descargaba juegos de Internet, le he dedicado mucho a esto porque me gusta. Y veía a Mensa como un monstruo, como algo lejano, pero después leí que 1 de cada 50 entra y pensé 'quizá yo puedo'", se sincera Fernando, que el año pasado salió mal en el examen, pero en su segundo -en junio último- logró aprobar. Y continúa: "uno cree ser habilidoso en algo, pero el reconocimiento ajeno es más objetivo. Es una satisfacción".
"Para rendir el examen no hace falta ninguna preparación ni estudio porque no se evalúan conocimientos sobre un tema, se evalúa el cociente intelectual; son problemas de lógica y cualquiera puede dar el examen", aclara Mario, que busca desmitificar la idea de que el test es para determinada gente.

 

Genética y estímulos.
Mario recuerda que su hermana aprendió a leer sola cuando tenía dos años. "En casos tan evidentes, uno se da cuenta que hay una característica especial y lo que tiene que hacer es estimular esa capacidad que está empezando a desarrollarse -destaca-. Hay un componente genético, pero también influye el contexto familiar, los estímulos que ha recibido la persona desde que es bebé e incluso algo tan básico como la alimentación".
¿Cómo saber si uno pertenece a 'ese grupo' de personas con inteligencia superior a la media? "El caso de mi hermana fue más visible, en mi caso no tanto; en la escuela necesitaba menos tiempo que mis compañeros para estudiar, pero yo lo atribuía a que leía más rápido. No me pasaba por la cabeza que existía una diferencia entre el coeficiente intelectual de unos y otros", plantea Mario.
Más allá de la capacidad genética, las inquietudes personales pueden enriquecer o aquietar el potencial de cada uno. "Un ser humano puede tener un físico ideal para ser basquetbolista, pero si no entrena y no desarrolla todas esas potencialidades, no va a ser un buen basquetbolista. De la misma manera, alguien puede tener un coeficiente intelectual superior a 148, pero si no desarrolla a lo largo de su vida actividades que impliquen ejercicio mental, probablemente con el paso de los años esa capacidad en vez de potenciarse, vaya aquietandose", reflexiona Díaz Conte.
¿Cómo activar el potencial de inteligencia entonces? "Hay ejercicios que se recomiendan con el objetivo de prevenir el Alzheimer, pero en realidad le ayudan a cualquier persona sana a mantener el cerebro activo y van desde ejercicios simples como repetir los números que uno conoce (de celular, documento o teléfono) de atrás para adelante, hasta ejercicios más complejos, como completar crucigramas o resolver juegos de ingenio. El cerebro es un músculo, cuando uno más lo ejercita, puede resolver problemas de más complejidad", agrega.

 

Niños superdotados.
En la adultez, cada persona decide cómo encarar su vida. Pero en la infancia ¿cómo educar a los niños si vemos que su capacidad supera la media? El tema se ha planteado desde hace varias décadas y el debate aún permanece abierto. También en Mensa es un tema de conversación que se repite entre sus miembros, ya sea en los foros de Internet o en conversaciones personales que surgen en las reuniones.
"Es un tema difícil porque casi siempre se da que los chiquitos con una capacidad intelectual superior son de un hogar con personas de capacidad intelectual media, entonces las familias no saben cómo reaccionar, cómo ayudar -explica Mario-. Mensa trata de remarcar que esto existe, que no es algo para asustar a nadie, al contrario, y que hay que tratar de desarrollar esa inteligencia pero que también se desarrollen como personas y tengan una vida normal".
"En los años 50 -recuerda- había un criterio: los chiquitos muy inteligentes podían ser quienes protagonizaran el descubrimiento de grandes secretos militares, entonces se los trataba como a fenómenos para darles un uso. Conclusión: les arruinaban la vida".
Con este antecedente, Mensa procura que "quien tiene una capacidad superior, pueda tener vivencias normales de la niñez, la adolescencia y la adultez", destaca.

 

Mentes brillantes.
Mariel es la abanderada y desde chica pasaba horas con su abuela compartiendo juegos de mesa y de ingenio. Cecilia es hija de profesores de Matemática y los números siempre estuvieron presentes en su casa. Fue abanderada y recuerda que ha cargado muchos años con la mochila de ser 'traga'. Fernando no fue abanderado -"hoy me lo reprocho", asegura- pero no tenía problemas en mostrarse haciendo crucigramas, aunque se ganara las gastadas del resto.
Mario recuerda que sus compañeros lo obligaron a sentarse en la primera fila así se podían copiar quienes estaban en el banco de atrás, pero también reconoce que "como te resulta más fácil que al resto, a veces te relajás y le das sólo una leída para aprobar".
Cristian fue escolta algunas veces y reconoce que ha tenido que aguantar alguna que otra cargada. Lejos de preocuparse por los comentarios ajenos, siempre mostró sus inquietudes intelectuales sin problemas. "Aún cuando en el colegio no te exigen, vos no te caés con el resto. Te acostumbrás a no llevarte materias y encarás todos los años distinto a los demás; te comés alguna gastada, pero en diciembre el que se ríe sos vos", dice Cristian. Y destaca: "te marca mucho que te pinchen de chico, tanto en tu casa como en la escuela. Es importante que te motiven a pensar, no sólo a estudiar. Además uno atesora eso; yo me acuerdo de los profesores que me enseñaron a pensar, de los que me demostraron que las cosas no son imposibles de hacer. A esa gente la llevás con vos toda la vida, y mucho más cuando lográs una meta, como recibirte de una carrera".

 

Inteligencia vs. éxito.
"Quienes estamos en Mensa tenemos una característica personal más y te puede facilitar determinadas cosas, pero no te garantiza nada", asegura Mario, que empezó tres carreras universitarias y no terminó ninguna. "Hice Ingeniería, después Derecho y por último Comercio Exterior. Una me aburría, otra no era lo que imaginaba y otra tuve que interrumpirla por razones de trabajo. Tener un cociente intelectual superior a 148 no te garantiza nada en la vida porque para tener éxito influyen otros componentes. Entre la gente que está en Mensa encontrás similitudes en los problemas que han tenido que afrontar o en cómo se vive la secundaria, pero también hay grandes diferencias", asegura Mario.
"Más allá de la inteligencia -continúa- hay otros componentes que influyen en el éxito de cada uno: el contexto y lo emocional son determinantes. Puedo ser muy inteligente, pero si emocionalmente soy inestable, los nervios traicionan esa inteligencia y a la hora de resolver un problema me gana la ansiedad y no puedo pensar. En todos los planos vemos gente a la que le ha ido muy bien y uno se pregunta '¿cómo hizo esa persona'?".
Cecilia coincide con este planteo. "Hay distintos tipos de inteligencia. Mucha gente que no tiene estudios es muy hábil para un montón de cosas, desde quien tiene talento para la música, hasta el que compra un auto, lo vende y hace una diferencia, o mi abuela, que terminó la primaria de casualidad, pero con dos agujas y lana tiene mucha facilidad para tejer rápido un pullover. A veces sos capaz para algo y muy corto para otra cosa, o te hacés rollo con cuestiones simples. Influye mucho la inteligencia emocional", opina.
Fernando dice que para él lo importante es "encontrar un ámbito donde uno haga lo que le gusta" y se muestra feliz por ser profesor de Matemática. "Es un trabajo mal pago, en el que no progresás demasiado económicamente, pero podés vivir. Yo disfruto mucho lo que hago".

 

Satisfacción personal.
Cecilia y Fernando siguen dando clases de Matemática, Mariel y Cristian continúan con sus estudios y Simón y Mario mantienen el mismo trabajo. Mensa no les ha cambiado la vida, pero aprobar un examen que certifica una capacidad intelectual superior los ha gratificado enormemente.
"Rendir el examen fue un desafío", reconoce Cristian, que jamás había hecho un test de coeficiente intelectual, ni siquiera uno de orientación vocacional.
"Es una manera de saber hasta dónde uno puede dar. Y aprobar es una gratitud personal, porque si bien no te cambia la vida en nada, es un reconocimiento en algo que para mí es importante", explica Cecilia.
Fernando rindió la primera vez convencido que aprobaba, y le fue mal. La segunda vez salió decepcionado porque hubo ejercicios que no pudo resolver, pero aún así aprobó. "Está bueno ponerte al nivel de los mejores y ver que te falta o que podés alcanzar el objetivo", reflexiona.
A Mariel le parecieron divertidos los juegos que tenía que resolver y eso la dejó contenta. Pero la alegría fue mayor cuando le dijeron que de los nueve que rindieron en junio, había sido una de las dos personas aprobadas.
Ahora viene otro desafío: reunir a más gente para que Mensa crezca en La Pampa. "Actualmente somos seis, pero no porque sea un lugar para pocos. Es un 2 por ciento de la población, así que con la cantidad de habitantes que tiene Santa Rosa, podríamos ser más de mil integrantes. Está abierto a mucha más gente, además el examen es muy divertido, para cualquier persona", asegura Fernando. Y Cecilia aclara: "no siempre aprueba quien tiene el mejor promedio o el que fue abanderado. Hay que desmitificar eso porque ser inteligente no quiere decir que te va bien en la escuela".

Romina Maraschio
LICENCIADA en Comunicación Social

 


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