José Escol Prado: cronista de la chacra pampeana

Según mentan las crónicas y los recuerdos, José Escol Prado, ni bien se estableció en General Pico, allá por la década del veinte del siglo pasado, mostró su inclinación por el periodismo escrito.
Como muchos otros narradores y poetas criollos, José Escol Prado (General Acha, 1916 – General Pico, 2001) arrancó como canillita raso del periódico Nuevos Rumbos; avanzada la década del treinta empieza a trabajar en el diario La Reforma, a la vez que colabora con los matutinos Noticias Gráficas de Buenos Aires, El Eco de Tandil y El Pueblo de Río Cuarto. Décadas más tarde, el Ministerio de Cultura y Educación pampeano le otorgó el premio “Testimonio” en la disciplina periodismo, edición de 1997, mientras que en 2001 fue distinguido como “Ciudadano ilustre de General Pico”.
En el diario Noticias Gráficas, en los años ’40, publicó una serie de cuatro artículos en los que daba a conocer la situación de los obrajeros y los desmontes durante la época de las grandes hachadas en la provincia, cuando primero había que hacer espacio para la siembra de trigo y luego para la obtención de leña como combustible del ferrocarril, en el período entre las dos guerras mundiales.

Del inmigrante.
Pero mucho antes, ese lento y temprano aprendizaje periodístico se trasladaría a su obra de ficción. En 1943 obtiene el tercer premio en el Concurso Nacional auspiciado por el mencionado Noticias Gráficas con la novela Pare…y largue, sin duda su más ambiciosa creación.
La novela cuenta la llegada del inmigrante italiano Pascual al noreste de La Pampa. La acción única del relato sigue los pasos de este personaje, quien arrienda una parcela de tierra, se casa con Ana, tiene dos hijos, Berto y la Nena. Vienen los años malos hacia finales de la década del ’20, los hijos se marchan a Buenos Aires, la mujer enferma de cáncer, muere, y Pascual mismo, derrotado, se marcha también a Buenos Aires.
En la primera edición de la novela (La Reforma, 1955), Prado escribe en la solapa “Al lector: bajo su punto de vista, el autor ha querido reflejar una época del campo pampeano. Terminada esta novela en 1943, su edición en el presente solo lleva una finalidad: la de dar pie a la próxima obra del género, “Redención” que intuye -tal vez ilusionada- la solución del problema de la tierra planteado en estas páginas”. Esta segunda novela nunca apareció y no sabemos si realmente fue escrita.
En la novela, “el problema de la tierra”, el problema de los arrendatarios, se asocia a “los años malos” de la sequía y el consecuente éxodo de chacareros que traen además la terrible caída y abandono de un poderoso símbolo civilizatorio de la Argentina moderna. Así se lee en la novela:
“Y el gris se hizo negro cuando a la escuela cerrada llegó un camión que cargó con los bancos pobres de los chicos. Sacaron las puertas y ventanas porque “eran de madera de cedro”, y en su reemplazo cruzaron cuatro chapas del corredor deformado. El viento terminó de barrer con las risas que allí habían sembrado los niños en el recreo. Deshizo las huellas que habían dejado los caballos y los carros de cargas alegres. La campana quedó como un símbolo, o como una carcajada sangrienta. El badajo asomaba por la boca como una lengua apretada por la sed. El palo sinuoso que sirvió de mástil se quebró y cayó. Meses más tarde la escuela era una tapera más en el desierto”. (La novela se reeditó en el año 2000 a través del Fondo Editorial Pampeano).

Tierra y cultura.
La preocupación por la ocupación de la tierra cultivable también la expresó Prado en “El agro en la cultura pampeana”, conferencia ofrecida en 1954 en el Colegio Libre de Estudios Superiores de Bahía Blanca y que luego se difundió en un folleto (hay una reedición en 1998 de ediciones Amerindia). Prado, aparte de hacer una descripción evolutiva del asentamiento inmigratorio en la provincia, concluye que la acción de la cultura (vehiculizado especialmente por el contacto social con el pueblo o la ciudad) y la civilización lograron el arraigo, y la identidad, de los chacareros con el solar pampeano y de este modo las chacras ya no se abandonaron o vendieron.
Sin embargo, en su conferencia, Prado no dejaba de observar el despoblamiento rural. Luego de hacer una síntesis de la “evolución económica pampeana” entre fines del siglo XIX y la década del ’50, cuando ya se ha definido la explotación mixta (agricultura y ganadería), discurría: “al cabo de cincuenta años iniciales de la vida económica pampeana, la evolución de su agro ha descripto la parábola de lo ilusorio hacia un sentido más práctico, más racional. Esto, así como puede y debe conducir al mantenimiento de las propiedades y firmeza del suelo, ha llevado a una estabilidad de la masa agropecuaria.
Comienza en consecuencia un nuevo período en materia económica rural. El agro aparentemente está despoblado. Pero no nos aterremos por los hogares campesinos que hemos visto desintegrarse, que son aquellos que se quedaron sin jóvenes, sin hijos, porque los arrastró la marea ciudadana o porque no alcanzaron a dar el paso con la evolución. Si bien son importantes los índices de lo que puede calificarse ligeramente de despoblación, hay que tener en cuenta que frente al problema de la experiencia que ha debido cruzar la pampa, son muy altos los índices del sector que ha quedado definitivamente arraigado. ¿Puede considerarse esto como el efecto de una selección natural? Hay motivos para creer que sí”.

Del monte y de la chacra.
También son de destacar sus relatos cortos, que con el correr de los años fueron encontrando lectores a través de diversos medios y antologías (como por ejemplo los incluidos en la selección Narradores de La Pampa, de 1972).
Aquí se debe valorar especialmente el volumen titulado Cuentos del monte y de la chacra, cuyo prólogo original Juan Ricardo Nervi fechó en la localidad de Eduardo Castex, en marzo de 1988, y cuya segunda edición de mil ejemplares el Fondo Editorial Pampeano (FEP) distribuyó en el 2005.
Se trata de siete cuentos breves, que suman escasas sesenta páginas, pero que posibilitan ver con claridad las obsesiones temáticas del autor y su búsqueda estética.
Los escenarios típicamente pampeanos por donde desfilan una serie de personajes característicos echados a rodar a su suerte pero que siempre terminan empujados por situaciones características.
Como el linyera que recoge al perro -a quien bautiza el “Feo”- para aliviar su soledad, a quien los trabajadores del galpón del ferrocarril conocen como el “Pique”, puesto que jamás se le ha conocido mucha constancia para el empleo. Podría ganar buen dinero en la estiba, juzgan sus compañeros cuando lo ven cargando bolsas, pero él prefiere arreglar con el capataz por un día o dos, lo justo para tener qué mandar al buche por un tiempo y seguir un camino que vaya uno a saber por dónde lo lleva. Aunque esta vez, casi sin que se dé cuenta, le brotarán raíces.
Al ir y venir de las criaturas se suma la descripción de las pequeñas tareas convertidas en verdaderos ritos populares: “sobre la parrilla de alambre, elemento de papel descollante en la diaria señal de la vida del rancho, la entraña empieza a dejar caer su sangre oscura mientras se forman pliegues en la corteza apergaminada”.
“En estos Cuentos del monte y de la chacra -resume Nervi en la introducción-, Prado asume nuevamente su pampeanidad en esa militancia social que recoge la mejor tradición de una novelística forjada en la cotidianidad de la experiencia chacarera, al pie del surco, o junto al ‘torito’ de los hachadores en las duras jornadas del caldenal nativo. Son cuentos sin alardes ni estridencias, cuya originalidad subyace y aflora en el tono de su sencillez expresiva. Tal vez por eso sean tan pampeanos, es decir, tan nuestros”.
Relatos que evocan también el azar y el misterio, como el de aquel chico a quien, en lugar de Petiso o Lagarto, le tocó como sobrenombre Míster, y el mote y el color de su piel determinaron un destino diferente, una mayor demanda e interés por parte de las enseñanzas del maestro Tobares, el deseo de partir hacia la “Uropa”. Una fábula social.
* Docentes de la UNLPam
El comunicador social
“Poco puede agregarse a tanto como se ha dicho acerca de la obra literaria de José Prado. Las nuevas promociones literarias de La Pampa acaso no hayan frecuentado sus textos fundamentales para la historia y la sociología de La Pampa, en la mayoría de los casos abiertos a la indagación esclarecedora de temas y problemas centrados en el desarrollo y la evolución de la cultura provincial. La extensa e intensa labor periodística de su terruño reconoce en él, al comunicador social capaz de reflejar con erudición, sabiduría y pasión los aspectos salientes de la economía agraria regional, no siempre examinados en la prensa de tierra adentro con la exhaustiva visión y revisión crítica con que él lo hace.
Lo antedicho conlleva la intención de valorar en José Prado su actitud vital frente a los hechos y las teorías que convergen en una praxis asistida por la laboriosidad y la autocrítica de quien -picapedrero de su propia cantera- ha sido fiel a sus principios y convicciones a partir de su credo irrenunciable: el de su pampeanidad”. (Fragmento del “Prólogo” de Juan R. Nervi a Cuentos del monte y de la chacra)

Daniel Pellegrino
Jorge Warley

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