Pedro Almodóvar nunca traiciona

Andrea M. D’Atri *
Claro que esto no es una crítica de cine. Es sólo una excusa para hacerle propaganda a la última y vigésima película del director español contemporáneo más reconocido de España: Pedro Almodóvar, 66 años, nacido en Calzada de Calatrava, España; director, guionista y productor de casi todos “clásicos”: Mujeres al borde de un ataque de nervios; Todo sobre mi madre; La piel que habito; Los amantes pasajeros; Tacones Lejanos; Los abrazos rotos; Qué he hecho yo para merecer esto; La mala educación; La ley del deseo; ¡Atame!, entre otras.
La excusa esta vez se llama Julieta, el nombre de la protagonista del film. Se trata de la historia de una mujer que “vive en Madrid y acaba de perder a su marido Xoan. Su hija, Antía, acaba de cumplir 18 años y decide huir sin ninguna explicación. Julieta intenta encontrarla por todos los medios, pero lo único que descubre es lo poco que sabe de su hija”. Al menos, la fría descripción de Wikipedia aclara que la peli está inspirada en tres relatos de Alice Munro: “Destino”, “Pronto” y “Silencio”; incluidos en su libro Escapada (2004). Y que las protagonistas son Emma Suárez y Adriana Ugarte, que interpretan el antes y el después de Julieta, cuya vida está documentada entre los años 1985 y 2015.

Estética.
Un tratado de estética de las películas del español podría decir, por ejemplo, que los contrastes dados por el color intenso en las fotografías acentúan el carácter contradictorio o dual y la rebelión interna de sus personajes principales, generalmente mujeres (de todos modos, aunque los hombres tengan un rol primario, actuarán a modo de espejo de otro femenino, es decir, para sostenerlo).
Otra probable hipótesis, es que la música característica de la determinación del suspenso, recuerda al espectador -sin cesar-, que aunque todos rían, algo malo puede ocurrir u ocurrirá. No tengo otros directores para referenciar, pero sí o sí debe mencionarse entre los primeros lugares a Alfred Hichcock. Y si no lo conocemos, baste con googlear “escena de la chica cruzando la calle en Psicosis”; tanto para conocer al director inglés en persona, como para ver el ejemplo del rol que cumple la banda sonora en la creación de un clímax de suspenso.
Hay otras afirmaciones posibles para describir la particular manera que tiene Almodóvar de hacernos entrar en su universo mental, donde caben los temas fundamentales: la vida, la muerte, la madre, el padre, los hijos e hijas; el amor y el sexo.

Dejarse llevar.
No tiene sentido racionalizar mucho algunas películas. Claro que como toda manifestación de arte, uno puede profundizar en el contexto para saber cómo se filmó, cuándo, con quién, y leer las declaraciones de directores, técnicos y actores para saber sobre los aspectos técnicos, la construcción del sentido de la historia y mucho más. A veces, basta con dejarse llevar por las sensaciones que provoca la cadencia del relato. Traducido: mirar, escuchar y sentir, en el mismo momento que ocurre el acontecimiento de sentarse a ver -en lo posible en una butaca de un cine de verdad-, la película.
Todo esto, para decir que no voy a intentar poner palabras a las sensaciones ni a lo que creo que quiso decir la última película de Almodóvar, contando la experiencia de Julieta en varios momentos de su vida. Fue sólo una excusa, aclaré.
* Redacción de La Arena.

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