Primer mago argentino

Carlos Rodrigo* – El teatro pampeano, que desde los albores del siglo pasado ha tenido una intensa actividad, no se ha destacado por presentar espectáculos de magia, pese a que es considerada una rama afín a aquel arte escénico.
Nuestra provincia posee el mérito de haber tenido entre sus pobladores al primer mago argentino. Efectivamente, así lo rescata el recordado mago e historiador de la magia argentina, Eduardo Sánchez “Nadur” (uno de los fundadores del Centro Argentino de Historiadores y Coleccionistas de Magia) en su valiosísimo trabajo publicado en la revista “Magicol ( N° 186 de febrero de 2014) editada en Estados Unidos.
Sánchez se basó, para aseverar este dato, en sus profundos estudios sobre la magia argentina y, fundamentalmente, en la nota publicada en el año 1913 por la revista especializada en magia “The Sphinx” (editada en Cansas City en noviembre de 1913).
La afamada y hasta hace pocos años vigente revista, mostraba en tapa la fotografía del mago argentino Eugenio R. Roca, y en páginas interiores detalles de su biografía y actividad.
Este excéntrico personaje, que entre otras cosas se promocionaba como “El rey del bigote” por su prominente “mostacho” y una barba que le llegaba hasta la cintura, manifestaba tener propiedades en Banderaló (Buenos Aires) y B. Larroudé (La Pampa). El estrafalario bigote le sirvió también para promocionarse, a comienzos del siglo XX, en la popular revista “Caras y Caretas” donde lo mostraban como una rareza singular, digna de Ripley.

Biografía.
Del texto en inglés publicado por el historiador rosarino Eduardo Sánchez en la prestigiosa revista “Magicol”, transcribo este fragmento:
“El primer mago argentino del que yo tenga noticias fue Eugenio Roca, de la provincia de La Pampa, en el centro del país. Roca trabajó en el Teatro Olimpo de la ciudad de Rosario, a mediados de 1892, acompañando al mago Francisco Bonfigli, y también al año siguiente.
En 1913, cuando Ramsés (Thegreat Ramsés, prestigioso mago internacional) pasó por nuestro país, Roca le entregó una carta ofreciendo sus servicios para un tour mundial, la cual fue publicada por el magazine”.
De mi intercambio de información con el historiador rosarino, él agregaba: “Roca trabajó en Rosario en 1892 junto a Bonfigli y volvió en 1893. Entre la presentación en Rosario y la carta a Ramsés pasaron 20 años en los cuales debe haber trabajado mucho en la zona de Rosario y tal vez también por Banderaló y alrededores, fuera como mago, agricultor, fotógrafo y, te recuerdo, como administrador del hipódromo de Rosario, como te comenté en una anterior”.
El periodista e historiador de B. Larroudé, Roberto Homero González, colaboró conmigo en la búsqueda del paso de Roca por esa localidad; lamentablemente los rastros del pintoresco mago deben estar marcados, con mayor intensidad, en los archivos de Banderaló o General Villegas. Homero González, entrando en la página web de MagicPedia, pudo sí obtener la foto de nuestro personaje que fuera tapa de la revista “TheSphinx”.
Sea como sea, en los anales de la magia argentina don Eugenio R. Roca ha quedado, además de su auto promocionado mote de “El rey del bigote”, como el pampeano que fue el primer mago argentino.

Pedro Médici.
Cuando en el Territorio de La Pampa Central comenzaban a florecer las primeras poblaciones de la mano de las colonias y el avance de las vías del ferrocarril, el crisol de razas empezaba a entrar en ebullición. En ese conglomerado, conformado mayoritariamente por extranjeros, coexistían: El militar, el comerciante, el agricultor, el industrial, el “tahúr” y hasta el hombre de “mil oficios”. Entre ellos llegó a la por entonces Santa Rosa de Toay, un cirujano dentista llamado Pedro Médici, que también oficiaba de “Farmacéutico”; con él traía un botiquín del ejército nacional, que había heredado de la mal llamada “Conquista del Desierto” y era obsequio de su amigo, el general Levalle.
Pedro Médici había nacido en Castello D’Anone, Alexandria, Italia, el 15 de noviembre de 1854. A los 23 años -en 1877- llegó por primera vez a nuestro país, haciéndolo como “Prestidigitador del circo Rafetto” en una fugaz gira por el sur de la provincia de Buenos Aires, y donde uno de sus más espectaculares trucos era, según la promoción, “El hombre que vuela y no se ve”.
La escritora pampeana Ana María Lassalle -familiar lejana de Pedro Médici- en uno de sus libros se ocupa de él, porque a través del tiempo en tierra pampeana tuvo una activa y controvertida participación política en la territoriana Santa Rosa y, posteriormente, en la localidad de Parera, donde, además de atender su farmacia, llegó a ser el presidente del Honorable Concejo Municipal.

Circo Rafetto.
Pero, como mi interés es rescatar la parte Mágica de Pedro Médici, que mejor que acudir a la prosa fluida y poética de Ana María Lasalle, quien, refiriéndose a aquel joven mago que había adoptado la vida trashumante del Circo Rafetto tras una disputa familiar en su país natal, expresaba:
“(…) Entonces se trataba más que de un proyecto de vida de una estruendosa reyerta familiar -típica de la juventud- y de un irrefrenable impulso de probarse así mismo, pero enseguida supo que número ofrecer, sería: “El hombre que vuela y no se ve”, como lo anunciaba el afiche, “llegado de Italia con la complacencia de su Majestad el Rey de Italia” y, digan lo que digan, él sentía que volaba, más bien, nadaba en el aire sostenido por un manto de luz, mientras la banda hacía sonar los platillos y tamborileaba , a la espera de la catástrofe. Luego el público soltaba un suspiro largamente contenido y aplaudía.
Pero para Pedro, los segundos verdaderamente importantes eran aquellos en que la fuerza de una mano fantástica -como aquella roja de Chagall- lo mantenían allá arriba, aunque sin poder ver el cielo (…)”.
No hay constancias ni recuerdos de que Médici hubiera seguido con el arte de la prestidigitación y el ilusionismo en tierra pampeana, al menos profesionalmente; tal vez la responsabilidad de sostener un hogar y atender su farmacia le hicieron dejar entre bambalinas su frac, su galera y su varita mágica, para dedicarse a un arte aún más difícil; el de la siempre “caliente” y dinámica política pueblerina.

Salesianos.
En el año 2015 se cumplieron dos siglos del nacimiento de San Juan Bosco, creador de la orden de los salesianos; curiosamente, en nuestra provincia donde los discípulos de don Bosco hicieron tanto por la espiritualidad y educación de sus habitantes; especialmente en la etapa territoriana, la fecha pasó casi desapercibida.
San Juan Bosco, fue, paralelamente a su vocación religiosa, un gran prestidigitador e ilusionista, y es, desde el año 1953, Patrono Celestial de los magos, a partir de una ponencia que el recordado ilusionista y escritor de magia español Reverendo Padre don Wenceslao Ciuró (Ling Kai Fu) presentó, y fue aceptada, en el Congreso Nacional de Ilusionismo de Segovia (España) ése año. Por ello desde 1954 todos los 31 de enero, fecha de fallecimiento de don Bosco, los magos del mundo celebran su día.
Se pueden contar por centenares los religiosos que en muchos países han seguido los pasos de San Juan Bosco en la prestidigitación y el ilusionismo e incluso que han escrito numerosos y valiosos libros sobre este arte milenario, entre ellos el R. P. Wenceslao Ciuró en España, o el R. P. Salvatore Cimo en Italia, y también fueron fundadores de instituciones mágicas como, en nuestro país, los sacerdotes Pedro José Fernández y Héctor Oglietti; ambos integrantes de la PADPEI (Peña Argentina de Prestidigitación e Ilusionismo) y, el primero de ellos, creador y director por varios años de la revista Selecciones Mágicas.
En La Pampa, según las recopilaciones históricas del padre Celso J. Valla, también han pasado por las instituciones salesianas émulos de Bosco, en la fe y en la magia blanca. Uno de los que dejó profunda huella en el Colegio Domingo Savio de Santa Rosa fue el R. P. Emilio Colombo, según lo que evoca el padre Valla en su libro “Las misiones y los salesianos en La Pampa” (p. 211). En esa publicación el autor destaca: “el padre Colombo fue un educador de notable influencia en las esferas docentes de La Pampa. Además de sus sobresalientes dotes para el dibujo, la pintura, la escenografía y la taxidermia, practicaba también la prestidigitación y la ventriloquía, habiendo realizado numerosos y entretenidos espectáculos de ambas artes teatrales”.
Luego de tres años (1936-1939) el padre Colombo habría regresado a Buenos Aires, y algunos magos veteranos recuerdan que solía frecuentar las reuniones semanales de las entidades mágicas; posteriormente se habría radicado en Italia.

Herederos.
Como una herencia de esos pioneros, en las últimas décadas otros magos pampeanos semi profesionales o aficionados han dejado su impronta en escenarios de nuestra provincia y también, algunos, en la TV santarroseña. De mi archivo extraigo los nombres de Rafael de Ronda (Manuel González), Mago Sinko (Luis Elías Rodríguez), el recordado Alan Jhons (Patricio Loternstein) que fuera egresado de la Escuela Mágica de Fu Manchú, Fernando Dagué (y su hijo), Leopoldo “Leo” Aboy y, entre las jóvenes promesas de la magia pampeana Martín Monacci y Santiago Cuevas.
Como ventrílocuos, una rama afín a la magia, muchos recordamos en los escenarios pampeanos, medio siglo atrás, al humorista “Tito” Mendicoa, de General Pico y, más recientemente en Santa Rosa, al comisario de la Policía Federal Miguel Angel Lembo, actualmente presidente de la Asociación Argentina de Ventriloquía.
…Pero, como diría Kipling, esa es otra historia…
* Investigador de la historia regional