Un sobreviviente

Ernesto Del Viso* – Un día como hoy, pero hace 40 años, Delfor Sombra llegaba a Buenos Aires con un “salvoconducto” que le permitiría subirse al avión rumbo al exilio. Unos meses antes, Raúl D’Atri le había avisado que debía irse para salvarse de la dictadura.
Hace un tiempo ya, que le propuse al músico y cantor pampeano Délfor Ariel Sombra, que nos comentara los motivos y las contingencias que lo pusieron en la puerta del exilio hace 40 años. No dudó un instante en aceptar el convite y un 1º de mayo del 2013, apenas llegado a Santa Rosa desde México, grabamos una extensa charla.
Ernesto del Viso: -Es enero de 1976, dónde estabas trabajando y cuál era tu posición ideológica?
Délfor Sombra: Trabajaba en la Dirección de Prensa de la Casa de Gobierno. Seguramente que por haber coincidido desde el 71´, 72´ cuando se da la formación de las bases de la Juventud Peronista para que volviera Perón del exilio y además vinieron las elecciones en la época de Lanusse. Tuve una gran cercanía con ese movimiento, sobre todo con la Juventud Peronista y por decantación y una vez que se ganaron las elecciones, que aquí en La Pampa la ganó José Aquiles Regazzoli como gobernador y de alguna manera él no era cercano, entonces me tocó ese trabajo.
-¿Vos hasta ese momento eras mozo en el Club All Boys?
-Sí, fui mozo toda la vida, bueno lavacopas y todo eso. Este oficio lo aprendí con El Bardino. Pero antes de trabajar en la Dirección de Prensa, lo hice en el Poder Judicial donde era trabajador de maestranza, así que me tocaba limpiar los pisos del edificio de Pellegrini y Quintana donde hoy está Bienestar Social y lo hacía con otro compañero. Pero pedí irme, quería un trabajo mejor pago, buscar en definitiva un poco de carrera. Aparecí, entonces, en la Dirección de Prensa de provincia, pero para el caso era lo mismo, ahí me sentí mejor y estuve hasta el día del golpe de Estado del 24 de marzo y soy uno de los primeros prescindidos por esa Ley.
-¿Como cantor, ya te habías desvinculado del Dúo Sombrarena?
-Estaba componiendo. Sombrarena fue anterior, ya habíamos sacado el disco y después de la presentación del disco no actué con Cacho, teníamos un arreglo con él en el que me desvinculaba del dúo y Cacho podía seguir, es más le dije que con mucho gusto podía seguir como Sombrarena, a mi me daba lo mismo.
-Hablame de aquella actuación en el Luna Park y esa foto de ustedes con el fondo de la insignia de la JUP y que salió en el periódico El Descamisado.
-Eso fue a través mío por tener la militancia con la JUP y fui invitado como hombre de una provincia a la presentación de un disco dedicado a los Montoneros, no me acuerdo cómo se llama el disco, sí, que algunas canciones eran preciosas. Ese disco tenía su contenido ideológico, pero lo hermoso es que no era un panfleto, sino un disco cargado de belleza artística, con una gran musicalidad.
La crónica rescatada por Tamara Smerling y Ariel Zak para su libro “Un fusil y una canción” (Planeta, 2014), señala que esa noche también actuó la murga “Los descamisados de Liniers”, Antonio Tormo, Los Huanca Huá, el Ballet del Chúcaro y Norma Viola y que cerró la primera parte el conjunto Sombra y Arena de La Pampa y el cantante Amilcar.
-¿Esta presentación, te acarreó problemas con el tiempo?
-Claro, pues yo simpatizaba con el movimiento sin olvidar que paralelo a Sombrarena, ya habíamos hecho en Santa Rosa El Temple del Diablo, en calles Don Bosco y Centeno, donde todas las noches tocábamos y ahí el cantor, respondiendo a tu pregunta, ahí cantaba y ya andaba componiendo bastante. De esos tiempos ya son La Confinera con texto de Morisoli que grabamos con el Dúo Sombrarena, ya había compuesto en 1972 El sur es rojo y negro, por los hechos de Trelew, también con poesía de Edgar Morisoli; Ofelia del Oeste. En fin, no tengo la cronología, pero habían sido compuestas estas cosas y con Bustriazo alguna que otra poesía musicalizada por mí como el Estilo de la Calandria, que es lo primero que musicalizo de Juan Carlos y lo hago con Guillermo Mareque. Sobre este tema la verdad es que Guillermo había hecho una música y yo otra y un día uní las dos y quedó lo que se conoce hasta el momento. También con Bustriazo hicimos el Estilo de la tejedora Puelche. A lo último y estando en la peña del Temple, trabajé otro estilo del libro de Bustriazo, Aura del Estilo, Estilo del temple del diablo.
-¿El 24 de marzo de 1976, el Temple del Diablo, sigue andando?
-No ya lo habíamos cerrado, allá por el mes de octubre de 1975, levantamos las paredes como me habían entregado el local y nos quedamos a vivir con mi esposa y como se dice allá en Centroamérica va junto con pegado, es decir la presión nos la iba dando el medio donde vivíamos, éramos muy cuestionados, cuando no era por un vecino que se quejaba, otro decía que se nos había quedado una canilla perdiendo y se les inundaba el patio. Siempre alguna denuncia había, pero parece que no eran de los vecinos, sino del medio y ya estaban “enquistados” los milicos. Después supe que el gran problema desatado con mi persona, había sido con El temple del diablo, junto a mis antecedentes de militante y tal vez lo del Luna Park de 1973 y nuestras canciones que eran contestatarias, todo hacían un hermoso revuelto para que me ficharan. Cuando cerramos el Temple teníamos a nuestro hijo Sebastián con nosotros y esperábamos a Martín, que con el transcurrir de nuestra historia han de ser los dos únicos pampeanos, el resto ya han de ser mexicanos. De allí, de Don Bosco y Centeno, nos trasladamos a la casita que nos habíamos hecho en la calle Garay Vivas, en Colonia Escalante, pues que la verdad no la disfruté nada, habré estado un mes.
-¿Qué pasa contigo el 24 de marzo de 1976?
-Va lo que recuerdo a una distancia de más de 37 años. Lo del golpe, lo esperábamos y no sé si en algunos casos: “- Ah!, bueno, ya por fin.” . Pero nunca sabíamos bien de donde nos vendría el sablazo, en todo caso el golpe de Estado viene a clarificarnos a qué atenernos y los militares ya actuando desembozadamente. A mí el 26 ó el 27 de marzo, me avisaron que estaba prescindido pero iba a trabajar igual para no darle “material” a ellos hasta que me mostraron el papel de prescindido. Ahí me agarró una gran preocupación porque así y todo, como lo veas, era el primer trabajo formal que yo tenía, el sueldo era de mierda, era categoría 16, pero tenía la obra social, el apoyo médico que a uno le interesa como familia y nos quedamos sin nada. Mi señora tenía una ayudantía en la Universidad de La Pampa, pero eso y nada eran lo mismo. Entonces Negrita empezó a viajar a Winifreda, a dar clases y mientras yo salía a buscar trabajo, pero nadie me daba trabajo, ni de albañil, hermano. Estaba muy mal mirado.
-¿Qué eras entonces, de pronto, para la gente?
-Para estos que juzgan sin haber leído nada, yo era un comunista, pero nosotros no lo éramos, al menos ideológicamente no. En eso de andar buscando trabajo, dando vueltas por toda la ciudad, un buen día, sería por junio o julio del `76, porque hacía frío, me manda a llamar don Raúl D’Atri y yo pensé para mis adentros: Sombrita, la ligaste, este hombre sabe que necesitás trabajo y te lo va a ofrecer. Y fui a La Arena, don Raúl me hizo pasar y me dijo: “Cómo le va, Délfor?”. Ahí ya entré como a desconfiar, no de él porque era un hombre magnífico, le tenía una gran admiración y un cariño porque yo también alguna vez había trabajado en La Arena. Don Raúl no me tuteaba y me volvió a preguntar: “Cómo le va Délfor?”. Le contesté: “Y ahí andamos, más o menos”. Entonces me dice que necesita hacerme unas preguntas y yo tenía el vago sueño de que me iba a dar algo de trabajo, entonces le dije que estaba encantado de que me preguntara y le dije: “Qué se le ofrece”? La primera pregunta fue: “En principio, qué significo yo para usted?”. Y yo le contesté que claro, que él significaba cosas para mi, una persona muy respetada y querida, a lo que vuelve a preguntarme cuánto lo quería y respetaba y le expresé que era tanto como si fuera un padre y eso lo emocionó, lo que dio pié para decirme lo que tenía preparado para decirme: “Usted Délfor, se tiene que ir de acá, de esta ciudad, de esta provincia”. Me recompongo rápidamente de esas palabras y acierto a decir que ya lo estábamos hablando con mi esposa y que bueno, que lo íbamos a ver, no terminé estas palabras que me cerró las mismas con: “No, usted no está entendiendo lo que le dije, se tiene que ir ahora mismo y de acá ya no vuelve a su casa y se va de La Pampa”. Cuando termina estas palabras, don Raúl me dice “No me pregunte más, no me pida que le explique nada. Ahora entiende porque le pregunté al comienzo qué significaba para usted”. Fue un momento durísimo para mi, me cagué hasta las patas. Atiné a decirle que me dejara ir a avisarle a mi esposa y otra vez tajante me expresa: “No se preocupe, yo de eso me ocupo”. Me preguntó si tenía dinero, le dije que no, don Raúl metió la mano en su bolsillo y me dio un fajo de dinero y como yo solo tenía puesto una camisa y un suéter, agarró un gamulán que tenía colgado en su perchero y me lo dio: “Tome, lléveselo y de acá se va. Ni se dé vuelta, algún día cuando pasen los años, a lo mejor lo podremos hablar, a lo mejor”. Váyase a cualquier lado, pero váyase de acá. Lo tenemos que ver que se va”.
Y ahí entendí que me tenía que ir, sin despedirme de nadie. Eran como las 11 de la mañana, me fui a la ruta y me fui al Valle del Río Negro donde tenía algunos amigos, pero allí no había nadie, ni en Neuquén, porque les había pasado lo mismo a todos. Pero encontré a algún amigo por allá que me tuvo en una casa, en una chacra como tres meses y mientras, llamé a la musicóloga María Teresa Melfi a Buenos Aires y ella me recibió allá.
-¿Dónde quedaron tus hijos y tu señora?
-En Santa Rosa, y no se podía comunicar conmigo pero si le llegaban recados de mi andar. La Negrita acá en la calle Garay Vivas con los chiquitos y con dos patrulleros en la vereda de su casa
No sé, pero a la vuelta de los años y cuando después de 7 años volví a hablar con don Raúl D’Atri y algunos políticos, me dijeron que el gran problema yo lo tenía con el General Camps que estaba en Toay en esos años y también con monseñor Arana. Como que veían en mí a un negro de mierda, bocón, de izquierda, habrán creído que yo andaba en otras cosas. Con el único que pude hablar fue con monseñor Arana, porque con María Melfi estábamos viendo cómo yo salía del país, pero las fronteras y los aeropuertos manejaban las listas negras donde vos podías estar o no o estar “boletinado” por zonas. Pero un día tuve que acompañar a Melfi, que es mi comadre, al Instituto de Musicología en Buenos Aires y llegamos y me encuentro con Bruno Jacovella, el gran estudioso. No te olvides que nosotros cuando ellos venía a recopilar material, a La Pampa, nosotros los guiábamos a qué cantor popular podían entrevistar o grabar. Así que se había concretado una hermosa corriente de afecto y de amistad con la gente de entonces de Musicología. En un momento, Jacovella me mira y me dice: “No tendrás problemas, no?”. Y ahí nomás le contesté: “Y.. alguno tengo”. Y empezó con algunos improperios para la gente del sistema que gobernaba entonces y a decir que yo no andaba en nada malo, a lo que yo asentía. En un momento don Bruno me pregunta quién es el obispo de La Pampa a lo que le contesto que es Adolfo Arana y para quien tuvo algunas expresiones un tanto subidas de tono. Yo me asombro y le pregunto si lo conoce y con la respuesta que me da, quedo mudo, porque me dice que Arana es su hermano, a lo que yo le pregunto por qué es diferente el apellido y él me contesta: “Somos hermanos por parte de madre y hace 18 años que nada se de él”. Al rato se estaba comunicando con Arana al que encontró, parece, un tanto emocionado después de aquel desencuentro de Santa Fe donde se distanciaron. Jacovella aprovechó para solicitarle un “favorcito” para un muchacho que era para él como el hijo que no tenía. Al pedido de Jacovella, Arana le dice: “Ya me imagino que es Sombra”. Y sin mediar palabra Bruno asiente y le dice que sí. Arana le cierra el paso con: “No, cualquiera, menos Sombra”. Jacovella se vuelve como loco, lo trata de reaccionario, lo maltrata y le corta el teléfono, pero claro se da cuenta que en vez de ayudarme me está haciendo todo lo contrario, entonces le dice a la secretaria que lo vuelva a comunicar con Arana. Vuelve a la carga con un perdón primero y le dice: “Lo único que quiero con este muchacho es sacarlo del país, salvemos a un hombre que yo quiero, si vos me decís que está involucrado en algo yo te digo que no”. Con estas expresiones de Jacovella, entiendo que al cura no le quedó otra que: “Bueno, mandámelo”. Pero había que entender que entre Buenos Aires y Santa Rosa existían un montón de retenes por los que no me iban a dejar pasar a lo que Arana confió que él daría la orden que lo dejaran pasar sin ningún tipo de averiguaciones. Esto habla a las claras de la impunidad que ciertas personas tenían durante el Proceso. Entonces me tomé un ómnibus hacia Santa Rosa, que por supuesto me lo pagó Jacobella. El colectivo pasó por 9 retenes, es lo que conté, donde le pedían a todos documentos, menos a mí. Llegué a la terminal de acá, me fui a la curia y esperé que llegara el Obispo y me diera el papel que no era otra cosa que un salvoconducto. Una vez que me dieron ese documento y sin ver a nadie, ni a mi señora, ni a mis chicos, ni a mis hermanos, me fui a la ruta 5, no había colectivo hasta la noche, y haciendo dedo llegué otra vez a Buenos Aires. Creo que me quedé en Pellegrini hasta la noche donde ahí tomé el colectivo y llegué a Capital Federal. Y ya con ese papel no había problemas, corría el mes de noviembre del `76, sería el día 26 ó 27.
*Músico e investigador.

Compartir