Una poesía transparente

Daniel Pellegrino y Jorge Warley* – El último libro de la escritora piquense Águeda Franco fue presentado hace unos días. Raspando los días, de Ediciones en Danza, es el título que eligió la poeta para nombrar a la serie de sus laberintos internos.
De padres pampeanos, Águeda Franco (1957) nació y pasó su adolescencia en el gran Buenos Aires) y en 1974 se radicó en General Pico. Por esos años comenzó a escribir y publicar poemas sueltos, hasta llegar a la edición propia con “Laberintos antiguos” (Fondo Editorial Pampeano, 2000) y “No le digas” (FEP, 2010).
Raspando los días es el tercer poemario, editado por la porteña Ediciones en Danza. Lo ha presentado en G. Pico, en agosto, y en la Primera feria provincial del Libro. Son veintitrés poemas agrupados en secciones tituladas “Los pasajeros transparentes”, “Gajes del oficio”, “Maneras de ser otras” (cuyo motivo inspirador es la biografía poética de Olga Orozco) y “Geografías”.

Versos simples.
La escritura de Águeda Franco no se inclina por la búsqueda del esteticismo o de la novedad formal y lo que esto implica, tampoco aborda usos de la retórica literaria; más bien opta por versos que sigan la línea de la oración simple del castellano (sujeto-predicado), es decir, versos sencillos, de estilo prosaico que desean entablar una analogía con el mundo que rodea a la poeta. Por esto mismo es una poesía transparente, aunque en el poemario esta palabra se adhiere a una concepción que describe a las personas de la vida común. Así el primer poema del libro, “Los pasajeros transparentes”, el sujeto poético se involucra, como ha dicho Eduardo Galeano, con los “nadies”: “pasamos/ como cuerpos de vidrio/ sin hacer sombra/ nadie nota/ el leve movimiento de energía/ que provocamos al andar/ aguados seres/ no escribimos la historia/ no vistos/ así somos/ pasajeros sin nombre/ soliloquios/ tragados por la arena/ al ir no hacemos sombra/ volvemos puro olvido”.
La misma motivación, si bien desde un punto de vista diferente, se reitera en “Anduve clandestina”: “caminé clandestina/ por pueblos clausurados en los mapas/ sin la gracia del nombre/ vidas amontonadas en casuchas oscuras/ junto a los animales de costillas expuestas/ de ese andar marginado/ vigilando los gestos/ fiel al anonimato/ habla la marca de mi frente/ eso era caminar/ pero la arena suelta no registraba mis pasos/ no quedaron indicios”.
Estas descripciones se hallan en pleno acuerdo con lo que la poeta ya señalaba en un libro anterior, “Laberintos antiguos”, cuando lo clandestino, el anonimato (la transparencia, una vez más) era una manera de ocultarse, un modo de vivir durante la última dictadura cívico-militar, y de escribir en secreto poemas “que me ayudaron a transitar esa época tenebrosa, exilio interior con todas sus mutilaciones, el dolor de pasar sin transición de la adolescencia a un territorio sin edad ni colores”, como se lee en el prólogo al libro mencionado. Oficio de vivir que se reafirma en el poema “Condición callada (octubre, 1977)”: “Bruscamente mi boca se ha quedado callada,/ como se calla siempre,/ como se muere siempre sin nombrar palabras/ que pudieran llevarme a tus llanuras (…) y mi boca bruscamente callada,/ tantos años callada,/ con su color de cementerio de palabras,/ con su dolor de no poder decir,/ perdiendo tus llanuras de las manos,/ callada, tan callada de todo lo indecible,/ tan absurda y callada/ como un candado viejo/ sobre mi cara de oxidado silencio” (de Laberintos antiguos).

Descubrimientos.
Águeda recuerda con gusto la anécdota curiosa de descubrir, en la adolescencia, que su propia madre, Lucía Castelli, escribió poemas en alguna época de su vida. Cuando la hija dio a conocer sus propios versos, la madre no solo recordó su juventud sino que también recuperó, o más bien retomó, el oficio de poetizar.
Otro de los momentos que suele destacar en su formación poética es la participación en un taller literario coordinado por Alicia Genovese (con los auspicios del Fondo Nacional de las Artes) quien la orientó en la corrección de ‘defectos de escritura’, especialmente en achicar la amplitud o “exceso de metáforas” que suele atentar contra la concentración del tema tratado en el poema.
Con estos ajustes quizás los poemas de Águeda hayan ganado mayor consistencia en los remates, es decir en el cierre, momento en que el pareado final aclara la situación concreta de la que se quiere hablar. Por ejemplo, en “Listado”, el primer verso menciona “el baúl que la bisabuela trajo de Italia con los sellos del puerto”, luego sigue una enumeración de recuerdos que acompañan la existencia de la voz poética, y la lista culmina: “y unos poemas/ que me siguieron como perros a través de los años”.

Vocación.
Finalmente, y para redondear una semblanza de Águeda Franco que va más allá del campo de la creación poética, se puede reconocer en ella una vocación por participar de emprendimientos que pongan en contacto y relacionen a los escritores. De ese modo, ha sido parte de la fundación de la Asociación Pampeana de Escritores (APE), del Grupo de Escritores de Pico (GEP) y ha formado desde los inicios, en el año 2010, el grupo de poetas denominado “Desguace y pertenencia”. Tal interés de asociarse parece tener como guía la lectura y crítica de los textos propios (“esa es una forma de potenciarse”, dice Águeda), además del comentario e intercambio de otros autores que ayuden a desplegar mejor el camino creativo.
Los encuentros justifican también las realizaciones colectivas transformadas en revistas (por ejemplo “Pal’ Abrazo”, revista del GEP), en libros, como los dos que editó el grupo “Desguace y pertenencia”, o la participación de los variados encuentros literarios organizados por APE, institución con más de treinta años de trayectoria en la cultura provincial.
De todas estas actividades se desprende, además, el ánimo de Águeda Franco por vincular los encuentros, sin que ella misma lo diga, con la idea de la agremiación para defender intereses comunes al momento de poder publicar, de hacer visible la tarea grupal, de acometer el hecho artístico y de sostenerlo en el tiempo. El poema que transcribimos de Raspando los días, si bien no es su tema principal, tal vez pueda leerse con esta clave.
*Docentes de Letras, UNLPam