Edith Rossetti cautivó al público pampeano

CANTORA PRESENTÓ DISCO TRIBUTO A EDGAR MORISOLI

La fría noche del viernes el Teatro Español no necesitó de calefacción, bastó con el calor de Edith Rossetti y sus músicos y, nada menos, la poesía de Edgar Morisoli.
Empezar a buscar adjetivos a fin de calificar el concierto que brindó Edith Rossetti para presentar su disco tributo a Edgar Morisoli puede ser tarea ardua y expone al cronista ante el peligro de que le imputen que tiene el elogio fácil. Pero cuando los que asistieron al recital comparten el deslumbramiento, quien asume la tarea de dar testimonio de lo ocurrido esa noche puede sentirse más tranquilo.
La música pampeana no tiene atajos de acceso sencillo para alcanzar niveles de ejecución aceptables en los intérpretes “foráneos” que no han sido amamantados por ella. Hay quienes han superado esa exigente prueba, pero también los que han naufragado. Adentrarse en el repertorio pampa es asumir riesgos frente a un arte en donde es tan importante el silencio, la cadencia, la sugerencia, la sutileza… La música de raíz folklórica argentina está muy “contaminada” por la influencia de los creadores del norte, lo cual, en cierta medida, no deja de ser entendible por sus enormes aportes. Pero ese rasgo se ha exacerbado hasta el absurdo y ha terminado por deglutir al resto de las expresiones regionales a caballo de las exigencias del mercado festivalero y la televisión porteña. Luchar contra esos dictados no es empresa sencilla, y las dificultades se acentúan en los músicos de las planicies del sur, cuya cuerda expresiva es tan distinta de la que domina en el volcánico norte.
Por eso se valora tanto y se agradece, que una artista “foránea” haya respetado tanto y homenajeado con semejante altura interpretativa a uno de los poetas mayores de nuestra provincia y a los músicos que lo llevaron a la canción. Edith Rossetti alcanzó ese logro con una solvencia que deslumbró a los que asistieron a su recital y se pusieron de pie para aplaudirla cuando finalizó su presentación. No lo hizo sola, por supuesto. Se apoyó en un quinteto impecable, encabezado por el pianista Popi Spatocco de pergaminos bien conocidos por el público pampeano y el notable guitarrista Leonel Iglesias. El contrabajista Fernando Botti y los percusionistas Luis Mercado y Pablo Rodríguez estuvieron a la altura de lo que sucedió esa noche en el escenario.
La cantora y su grupo lograron penetrar hasta la médula en la poesía y la música pampeanas y salieron airosos. El recital y el disco que lograron testimonian esa generosa entrega y el respeto con que abordaron a nuestro poeta para sumergirse en su “agua del corazón”. (SS).